Por qué dormir bien no siempre te deja con energía
Dormir cumple funciones maravillosas: repara tejidos, consolida la memoria, regula hormonas del apetito y del estrés. Sin embargo:
- Si tu mente no descansa, te levantas con ruido mental.
- Si te saturas de pantallas, tu sistema sensorial sigue en alerta.
- Si vives conflictos afectivos sin procesar, tu energía emocional se agota.
- Si descuidas tu vida social o espiritual, aparece el vacío y la apatía.
Te cuento una anécdota muy típica de consulta.
Una paciente, abogada, defendía con orgullo su “rutina perfecta” de sueño:
“Patricia, duermo ocho horas religiosamente, pero cada mañana siento que me pasó un camión por encima”.
Lo que descubrimos:
- Se iba a la cama contestando correos del trabajo.
- Tenía notificaciones encendidas toda la noche.
- No se permitía decir que no a reuniones sociales que no disfrutaba.
- No tenía actividades de ocio creativo, solo obligaciones.
Conclusión: el sueño estaba medio cuidado, pero el
descanso mental, sensorial, creativo y social estaba por el suelo.
En cuanto empezamos a trabajar esos otros tipos de descanso, su sensación de “cansancio eterno” disminuyó, aun sin añadir más horas de sueño.
---
Los siete tipos de descanso que propone la ciencia y cómo aplicarlos
Vamos con el mapa completo. Te propongo que mientras lees vayas pensando:
“¿En cuál de estos estoy más en deuda conmigo?”
Uno. Descanso físico
No se trata solo de dormir, sino de
alternar actividad y pausa de forma inteligente.
Incluye:
- Sueño nocturno de calidad.
- Siestas cortas, cuando tu rutina lo permite.
- Pausas breves para levantarte y estirarte si pasas muchas horas sentado.
- Actividad física ligera como yoga suave o caminatas tranquilas.
Algo que suele sorprender en talleres:
el movimiento suave también forma parte del descanso físico.
Esa caminata corta después de comer puede renovarte más que quedarte desplomado en una silla mirando el teléfono.
Dos. Descanso mental
Se refiere a darle una tregua a tu mente cuando:
- Tu pensamiento va a mil por hora.
- Te cuesta concentrarte.
- Lees la misma frase tres veces y no recuerdas nada.
Herramientas muy simples que funcionan:
- Hacer listas de tareas antes de dormir para “sacar” de la cabeza lo pendiente.
- Practicar respiración consciente durante dos o tres minutos varias veces al día.
- Bloques cortos sin multitarea, centrado en una sola cosa.
En grupos de empresas muchas personas me reconocen que no se sienten cansadas del cuerpo, sino del
ruido interno constante. Cuando enseñamos mini rutinas de descanso mental, su productividad mejora más que alargándoles el horario de sueño.
Tres. Descanso espiritual
No se limita a la religión. Se relaciona con sentir que tu vida tiene
sentido y conexión con algo más grande que tú.
Puede surgir de:
- La oración, si eres creyente.
- Paseos en la naturaleza que te recuerdan que formas parte de algo más amplio.
- Acciones de voluntariado o ayuda comunitaria.
- Reflexionar sobre tus valores y alinear con ellos tus decisiones.
Cuando las personas me dicen:
“Tengo todo en orden, pero me siento vacío”,
casi siempre hablamos de un
déficit de descanso espiritual, no de un problema de colchón.
Cuatro. Descanso sensorial
Vivimos en modo estímulo constante: pantallas, notificaciones, ruido, luces fuertes. El sistema nervioso se satura.
Señales de que te falta descanso sensorial:
- Te irritas por ruidos que antes tolerabas.
- Terminas el día con dolor de cabeza sin causa médica clara.
- Sientes necesidad urgente de “poner todo en silencio”.
Recursos muy sencillos:
- Bajar el brillo y el volumen de tus dispositivos.
- Establecer horarios sin pantallas, por ejemplo durante las comidas.
- Crear en casa un rincón tranquilo, con luz suave y poco ruido.
- Practicar meditación guiada con ojos cerrados.
La propia Dalton Smith insiste en esto:
reducir estímulos es una forma muy potente de descanso, no solo una moda.
Cinco. Descanso emocional
Sucede cuando te permites
sentir y expresar, en vez de acumular.
Aparece la fatiga emocional cuando:
- Te tragas constantemente lo que te molesta.
- Haces de “persona fuerte” para todos, pero no compartes tus propias cargas.
- Sientes culpa por decir que no, incluso cuando te desbordas.
Estrategias útiles:
- Escribir un diario personal y volcar lo que sientes sin filtro.
- Hablar con personas de confianza, sin minimizar tus emociones.
- Aprender a poner límites y decir que no a demandas que no puedes o no quieres asumir.
Aquí la ciencia es muy clara:
no expresar emociones aumenta el riesgo de ansiedad, depresión e incluso problemas físicos. Y por experiencia te diré algo directo:
ningún paciente se rompió por llorar, pero sí por aguantar demasiado.
Seis. Descanso creativo
Ideal para:
- Profesionales que resuelven problemas todo el día.
- Estudiantes que necesitan ideas frescas.
- Personas que sienten que “ya no se les ocurre nada nuevo”.
Maneras sencillas de reactivar este descanso:
- Exponerte a arte: música, pintura, cine, teatro.
- Visitar lugares nuevos, aunque sea un parque distinto o un barrio diferente.
- Escuchar charlas inspiradoras y debatir ideas con otras personas.
- Jugar con materiales creativos, aunque no “produzcas” nada útil.
Te cuento una anécdota breve.
Un emprendedor llegó convencido de que tenía “agotamiento físico”. Al revisar, dormía aceptablemente y comía razonablemente bien, pero llevaba meses sin disfrutar nada, sin leer, sin música, sin hobbies.
Introdujimos pequeñas dosis de descanso creativo, como ir a conciertos y recuperar una vieja afición a la fotografía.
Su frase meses después fue:
“Siento que volvió la chispa, y el cansancio ya no me aplasta”.
Siete. Descanso social
No se trata de “tener muchos amigos”, sino de
equilibrar las relaciones que te nutren y las que te drenan.
Observa:
- Personas con las que te sientes auténtico y ligero.
- Personas después de las cuales necesitas recuperarte.
Claves prácticas:
- Prioriza encuentros con quienes te aportan calma, apoyo y alegría.
- Reduce el tiempo con quienes constantemente te exigen o critican.
- Permítete rechazar invitaciones que solo aceptas por compromiso.
Cuando hablo de esto en charlas, siempre alguien reconoce:
“Creo que no necesito descansar del trabajo, sino de algunas personas”.
Y casi siempre tiene razón.
Sugiero que leas también: Cómo descansar nuestra mente de las redes sociales
Cómo identificar tus áreas de fatiga física, mental y emocional
Te propongo una autoevaluación rápida que utilizo mucho con pacientes y en talleres.
Piensa del uno al cinco en cada ítem, donde uno es “muy mal” y cinco es “muy bien”.
- Físico
Te levantas con algo de energía, tu cuerpo no duele constantemente y puedes moverte con cierta agilidad.
- Mental
Te concentras sin gran esfuerzo, no sientes la mente hiperacelerada todo el día.
- Emocional
Puedes identificar lo que sientes, lo compartes al menos con alguien o por escrito y no te pasas el día reprimiendo.
- Sensorial
Toleras el ruido y la luz de tu entorno sin sentirte al borde del colapso.
- Creativo
Tienes ideas, curiosidad y ganas de aprender cosas nuevas.
- Social
Tienes mínimo una o dos relaciones donde puedes ser tú, sin máscaras.
- Espiritual
Sientes que tu vida tiene algún tipo de sentido o propósito, aunque todavía lo estés descubriendo.
Donde saques puntuaciones bajas, ahí tienes
tu área de fatiga prioritaria.
Y atención a un detalle que vemos en investigación y en consulta:
cuando mejoras uno o dos tipos de descanso, los demás también se benefician en cadena.
---
Plan diario de microdescansos para restaurar tu energía
No necesitas cambiar toda tu vida en un día. El enfoque universitario insiste en
ajustes pequeños y sostenibles.
Puedes probar algo así durante una semana:
- Por la mañana
Al despertar, antes de mirar el teléfono, realiza tres respiraciones profundas.
Estira brazos y piernas durante un minuto.
Con esto ya das un guiño a tu descanso físico y mental.
- A mitad de jornada
Pausa de tres a cinco minutos sin pantalla.
Mira por la ventana, bebe agua, camina un poco.
Esto calma tu sistema sensorial y reduce el ruido mental.
- Después del trabajo o estudio
Realiza una actividad corta que te resulte creativa o placentera: música, dibujo, lectura de algo que te inspire.
No hace falta que dure una hora, con quince minutos constantes se nota.
- Relación consciente
Cada día busca al menos una interacción social que te nutra: una llamada breve, un mensaje sincero, un café tranquilo.
Así alimentas tu descanso social y emocional.
- Antes de dormir
Escribe tres cosas: lo que te preocupa mañana, algo que agradeces y algo que hiciste bien hoy.
Luego deja el teléfono lejos de la cama y baja las luces.
Este ritual combina descanso mental, emocional y espiritual.
Cuando las personas aplican este esquema básico, muchas veces me dicen a las pocas semanas:
“Duermo parecido, pero me siento mucho menos agotado”.
No es magia; es que ahora descansas en más dimensiones.
---
Cuándo pedir ayuda profesional si el cansancio no se va
Aunque este enfoque aporta mucho, también hay que ser responsable. Conviene pedir ayuda profesional cuando:
- Llevas varias semanas con una fatiga que no mejora, incluso al hacer cambios.
- Notas síntomas físicos preocupantes como pérdida de peso importante, falta de aire, palpitaciones o dolores intensos.
- Te sientes desmotivarte, triste o irritable casi todos los días.
- Tu rendimiento en el trabajo o estudio cae de forma marcada.
Aquí pueden ayudarte:
- Profesionales de la salud para descartar causas médicas.
- Psicólogos para trabajar el descanso mental, emocional y social.
- Nutricionistas para revisar si tu alimentación sostiene o sabotea tu energía.
Mi experiencia clínica y la evidencia van en la misma dirección:
cuando tratas el cansancio solo con más sueño o más café, aplazas el problema.
Cuando miras de frente tus áreas de fatiga y aplicas recursos prácticos, tu energía deja de ser un misterio y empieza a convertirse en algo que puedes cuidar conscientemente.
Y tú, si tuvieras que elegir solo una,
¿en qué tipo de descanso te vas a enfocar hoy?