Desde hace mucho tiempo tengo sueños que luego parecen cumplirse en la vida real. Cuando me despierto los recuerdo perfectamente y, por lo general, en menos de una semana ocurre algo muy parecido a lo que soñé. Mi marido incluso les tiene miedo.
Por ejemplo, una vez soñé que mi hermano estaba alcoholizado, herido y sangrando en una calle iluminada, rodeado de grandes ventanales. A la semana siguiente salió a beber, se peleó con otro de mis hermanos y terminó con una oreja rota en una zona comercial llena de vidrieras.
En otra ocasión soñé con una vecina y con su hijo acostado en un sillón, en mal estado. Me desperté a la una y media de la madrugada. Al día siguiente fui a ver a mi madre y me encontré con mi vecina llorando. Me contó que esa noche, justamente alrededor de la una y media, había salido a pedir ayuda porque su hijo había intentado suicidarse.
Desde chica me ocurre y no puedo controlarlo.
Respuesta
Los sueños que coinciden con hechos posteriores suelen impresionarnos muchísimo, pero para analizarlos bien hay que separar la emoción de la prueba. Muchas veces recordamos con precisión solo las coincidencias llamativas y olvidamos la enorme cantidad de sueños que no se cumplen o que encajan de forma vaga con hechos posteriores.
Si quieres saber hasta qué punto hay algo realmente excepcional, lo mejor es llevar un registro escrito de cada sueño apenas despiertes, antes de que pase nada, y luego comparar objetivamente qué se cumplió y qué no. Eso permite distinguir entre una verdadera anticipación y la tendencia natural a encontrar coincidencias después de los hechos.