Para empezar, no creo demasiado en estas cosas y muchas me parecen fraudes o sugestiones.
Sin embargo, desde niña me suceden hechos extraños. He visto sombras y hasta a mi hermana de día, cuando en realidad no estaba en la casa. También me he despertado con grandes rasguños en la espalda o en los brazos. Antes de eso suelo escuchar como si rasguñaran el colchón por debajo. Un día decidí darlo vuelta y lo encontré arañado.
También se apagan aparatos, las cosas salen despedidas de donde estaban y, aunque siempre intento buscar explicaciones, no todo me resulta fácil de entender. Lo que más me impactó fue una vez que estaba acostada con mi sobrino, tapados hasta la nuca. Me sentí incómoda, saqué las mantas y vi una sombra alargada, sin forma definida, que subía hacia la cabecera de la cama. En el momento en que me destapé, retrocedió.
Pensé que podía ser un problema óptico, pero a los pocos minutos mi sobrino, de 4 años, me preguntó por la sombra que se había escondido debajo de la cama. Eso me dejó helada. Siempre trato de encontrar una explicación lógica, pero hay veces que no puedo.
Respuesta
Que varias personas perciban algo parecido no demuestra automáticamente un origen paranormal, aunque sí vuelve la experiencia más inquietante. Rasguños al despertar pueden deberse a movimientos durante el sueño, uñas, objetos de la cama o problemas dermatológicos. Los ruidos en el colchón, las fallas eléctricas y los objetos que caen también suelen tener causas bastante comunes.
En cuanto a la sombra, la penumbra, el cansancio y la expectativa pueden influir mucho; además, los niños son especialmente sensibles a las sugerencias del entorno, incluso sin darse cuenta. Si estos sucesos continúan, la mejor forma de analizarlos no es sacar conclusiones rápidas, sino registrar fechas, horarios, condiciones de luz y posibles causas físicas antes de atribuirlos a algo sobrenatural.