Una noche estaba en mi casa con un amigo que se quedó a dormir. Ya era tarde y nos acostamos. Después sentí que me hablaban, desperté a Armando y fuimos a la parte de arriba de la casa.
Se escuchaban pasos y gritos horribles. Luego la lámpara se apagó y nos escondimos bajo las cobijas. Más tarde sonó el despertador y ninguno quería apagarlo del miedo. De repente se escuchó un grito espantoso y nos arrojaron un plato de vidrio. Entonces bajamos corriendo y vimos una especie de duende que nos ofrecía la mano.
Del susto me desmayé y, mientras estaba así, vi a Dios abrazándome y al duende riéndose de mí. Después desperté.
Respuesta
Por la forma en que lo relatas, es posible que haya habido una mezcla de miedo, oscuridad, sugestión y quizá incluso un sueño o un estado alterado por el pánico. Cuando dos personas están asustadas, cualquier ruido, sombra o falla de luz se vuelve mucho más amenazante.
El desmayo y la visión posterior sugieren que estabas en un estado de ansiedad muy fuerte. Sin pruebas concretas, no hay motivos sólidos para pensar que se tratara de un duende real. Si algo semejante volviera a pasar, lo mejor sería encender todas las luces, revisar la casa con calma y tratar de verificar objetivamente lo ocurrido.