Esto nos sucedió a mis hermanos y a mí hace cuatro años. Mis padres habían salido a una fiesta y era una noche calurosa. Estábamos acostados escuchando un programa de radio de terror cuando, de pronto, comenzamos a sentir mucho frío y mi hermano menor quedó como hipnotizado. Yo le pegaba cachetadas preguntándole qué le pasaba, y él solo señalaba una ventana que estaba frente a nosotros.
Entonces vi a una mujer vestida de negro y nos asustamos muchísimo. Pensamos que era mi mamá que ya había regresado de la fiesta, pero después ocurrió algo peor: cuando ella llegó, dijo que sentía muchísimo frío en la parte central de la casa. En ese momento se oyó el chirrido de una puerta y detrás apareció un gato negro con ojos rojos. El gato se lanzó sobre mi hermano, lo rasguñó y luego desapareció.
Después vimos una sombra que trepaba por la pared de afuera. Mi hermana me dijo que pusiera unas tijeras en la ventana, y cuando la sombra estuvo cerca alcanzamos a cortar algo. A la mañana siguiente encontramos en la azotea un pájaro grande muerto, y dijeron que era una bruja.
Respuesta
Este tipo de relatos suele estar muy influido por el miedo, la sugestión y el contexto. Escuchar un programa de terror siendo niños ya predisponía a todos a interpretar cualquier ruido, sombra o animal de una manera amenazante.
Los gatos pueden aparecer en casi cualquier lugar, y en la oscuridad sus ojos reflejan la luz de forma llamativa. Un pájaro muerto al día siguiente no demuestra la presencia de una bruja; probablemente fue una coincidencia. Desde una mirada racional, todo apunta a una combinación de susto, interpretaciones exageradas y hechos comunes vistos bajo tensión.