Una noche, al llegar de una fiesta, me acosté y cerré los ojos. En medio del silencio escuché unos pasos. No les di importancia y seguí acostada.
Los pasos se acercaron hacia mí y sentí que alguien se sentaba en mi cama. Me di vuelta y pregunté: "¿Qué pasa, mamá?", pero no había nadie.
Después encendí la televisión y me volví a acostar, esperando ver qué ocurría. Pero no pasó nada más.
Respuesta
Lo que cuentas encaja bastante bien con un estado de transición entre la vigilia y el sueño. En esos momentos es posible escuchar pasos, sentir presencias o incluso notar que la cama se hunde, y todo puede parecer completamente real.
También hay ruidos normales de una casa que, en silencio y de noche, pueden sentirse más cercanos o amenazantes. Como el episodio no continuó ni dejó otras señales, la explicación más probable es una percepción alterada por el cansancio o el sueño.