<p align="center">Éramos uno, una vez. En la tarde, en la noche<br>
y en el eterno amanecer.<br>
Fuimos rosas color piel<br>
y nuestras espinas las mismas palabras.<br>
Fue en el cielo donde nos conocimos<br>
pero en la tierra nos fusionamos<br>
y el error por ser humanos<br>
cometimos el pecado<br>
Nos gustó aquel sabor<br>
el olor estar manchados<br>
y aquellos, nuestros pares<br>
a nosotros desterraron.</p>
<p> Un día en el tiempo, se conocen dos ángeles. Creyendo escapar del ojo de Dios roban dos cuerpos para visitar la tierra, "el juguete olvidado de Dios". Al llegar a tierra dejan de ser neutros y comienzan a sentir. Uno de ellos como mujer y el otro como hombre. Están en cuerpos desgastados pero con el alma pura como la de un niño. Comienzan a recorrer y a recordar como era ser humano, y ven ese producto e impotentes nace la angustia. ¡Oh dichoso sentimiento! ¿Mejor o peor que el fruto mismo del limonero? no lo saben solo lo gozan. Perdidos en los senderos del limonero se inclinan a recordar otros sabores y llegan a una encrucijada, donde pueden decidir volver al paraíso o inyectarse adrenalina, curiosos por recordar la adrenalina entran al laberinto de la desconfianza donde la inquietud, la envidia y el miedo se proyectan con la angustia. Ya había comenzado la metamorfosis, estaban naciendo humanos. Aturdidos por la misma metamorfosis, llegan a un bar. Se sientan y piden un tinto natural. Se miran a los ojos, casi temblando beben ambos su segundo primer vaso. Suspiran. Se vuelven a mirar y sonríen. Caín susurra el oído de Magdalena y en la siguiente mañana despiertan asqueados.</p>
<p align="center">Vomitan sangre, son humanos<br>
Dios no los busca, los ha olvidado<br>
Perdidos en el abismo, sangran sus muñecas<br>
Renacen las llamas, se han dejado</p>
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