ALEGSA Literatura

Cuento corto

La muerte dos veces

Fue en el café "Zio" de El Cairo donde lo conocí. Era un lugar pintoresco, ubicado sobre una calle cortada, cercana al mercado de flores. A pesar de la prohibición musulmana de pintar y esculpir figuras, las paredes del "Zio" estaban atestadas de cuadros y dibujos. Me sentaba todas las mañanas ahí a jugar dominó, a tomar té con hojas de menta y a disfrutar el sabor del humo frío y frutado de la Shisha, cuidadosamente mejorada con agua de azar. Él, como yo, era un hombre habitual del lugar. Aparecía todas los días con su característico bastón, y se sentaba en las mesas redondas a leer el diario y a fumar. No recuerdo su nombre, pero sí que era un egipcio maronita, abogado ya jubilado, que en su momento ejerció en El Cairo y en Alejandría. Con el tiempo nos hicimos amigos. Comenzamos a sentarnos juntos, y pronto estuvimos discutiendo sobre literatura y poesía, entre otras cosas. Una mañana me descolocó con una pregunta. - ¿Estuvo usted por casualidad en Marsa Matru? Está a cien kilómetros de Alejandría. - Si, estuve. ¿Por qué pregunta?- El hombre me miraba fijo, con los ojos cansados, mientras buscaba una respuesta. Al parecer no la tenía, simplemente se quería referir a alguna anécdota y no encontraba el modo de empezar. - ¿Y no estuvo usted en el cementerio militar? - Da la casualidad que sí. Recorrí los cementerios de la segunda guerra de todo el mundo. Entonces fue cuando contó lo que quería hacerme saber. Cuando este hombre ejercía en Alejandría tuvo que permanecer en Marsa Matru por dos meses para atender uno de sus casos. En esos días aparecieron el pueblo dos monjes alemanes. Uno era rubio, el otro morocho; los dos tenían la piel más pálida y los ojos más acuosos, pasivos y tristes que jamás había visto. El hombre que me narraba la historia fue solicitado para auspiciar de traductor. Fuera del alemán, el idioma que manejaban los monjes era el inglés, el mismo con el que se defendía el abogado, que era el único en el pueblo que lo dominaba mínimamente. Le contaron su historia de cuando jóvenes; le contaron acerca de una batalla sangrienta, la de "El Alamein", que transcurrió en la segunda guerra y de la cual ellos resultaron ilesos, después de haberle hecho una promesa al mismo Dios. Ahí radicaba el motivo de su visita a Marsa Matru: habían prometido que volverían, y por eso, pretendían recorrer la porción de desierto en la que ellos habían renacido años atrás, y visitar el cementerio donde descansaban los restos de sus compañeros. Ocuparon las tres primeras mañanas recorriendo las dunas, tratando de reconocer el terreno, procurando encontrar la posición que ellos ocupaban por esos días. Les resultaba una tarea difícil: el pacífico desierto que ahora atravesaban en nada se asimilaba a aquel infierno de sangre y de bombas en el que habían permanecido por largas semanas. Encontraron cartuchos de balas, un casco y una pala, pero no había rastro alguno de la fosa. A la tarde visitaban el cementerio y depositaban una flor blanca sobre las lápidas de los amigos que habían encontrado. Les resultaba irrisorio el contraste entre la belleza del mar y la arena, por un lado, y el reflejo máximo de la estupidez humana, simbolizado por esas miles de tumbas abandonadas, por el otro. La mañana del cuarto día despertaron con optimismo. Recorrerían una vez más el desierto, tramo por tramo, y ese jornada caminarían un poco más allá de donde suponían que estaba el hueco. Encontrarían la trinchera de algún modo. Esa sería la forma en se produciría la catarsis de sus almas y del mismo destino. Cerca del mediodía el sol calentaba más que nunca y le daba a la arena un resplandor ciego. Sin embargo los dos monjes caminaban desde hacía dos horas entre las dunas. Iban discutiendo acerca de algo sin importancia cuando debajo de uno sus pies se sintió un crujido metálico. En un mismo acto Dirk miró a Carl desconcertado y levantó la pierna izquierda. Sobrevino un estruendo sordo y la visión de las cosas se les tiñó de un blanco brillante. La mina había estallado haciéndolos volar en pedazos. Apenas llegaron a oír la explosión y a sentir los fragmentos del artefacto penetrando en su carne. Fue rápido. Seguramente nunca supieron lo que les pasó. Fueron sepultados en el cementerio militar. En sus lápidas, como fecha de nacimiento, figuraba el día en que salieron del vientre de sus madres, y el día en que salieron con vida del vientre de la trinchera. Fue el abogado que conocí en el "Zio"; el que los enterró, y el que esa vez me contaba la historia con los ojos brillosos y perdidos en el pasado. Leandro N. Moreno

Autor

Perfil y contexto

La Plata, Argentina

Nacido en 1982 y es periodista.

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Comentarios

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DALIANISURUMITA, América · 09/07/2010
ESTA SUPER, ME ENKANTO APENAS COMENCÉ A LEERLO DIJE QUE ESTABA ESPECTACULAR
PilarCorrientes, Argentina · 26/06/2010
A mi me gusto, se sale de lo comun. Es algo confuso pero la idea esta muy buena. Al final se entiende, pero capas podrias mejorar la narracion porque hay partes en las que medio te perdes... Un saludo
belenzarate, Argentina · 29/03/2010
la verdad esta muy bueno todo la verdad me gustoo!!! muy bueno
FatiPaysandu, Uruguay · 12/02/2009
Estubo buen n agan kaso lo ke digan bes.
cosita_rgueez☻mazatlan sinaloa, México · 07/12/2008
no0 le entendi a la segunda parte pero si a donde dice la mañana del cuarto diaa... para:marita hola‼ donde dice eso trata de que tenian varios dias ahi pero el la mañana del cuarto dia que estubieron ahi...............pasa tu msn anotalo en comentariooss
roxanamochis, México · 07/12/2008
esta bueno0 este cuento0 no0 le agass caso0 a lo0 que te escriben cosas que ni al caxo0 ps... son unos completos envidio0so0ss co0moo0 a ello0oss nno0 see leess o0currio0 algo0 tan magnifiicoo estann hablando00 tontoss ...¢
talishaaguadilla, Puerto Rico · 06/12/2008
no le agas caso a estos nerdos el cuento me parecio super genial se lo lei a mis amigas y tambien le gustaron eres un gran escritor
juanguadalajara, México · 17/09/2008
osea son historias cortas no de 7 siglos heeeeeeeeeeeeeeeeeeeee
ANA MARIABOGOTA, América · 21/07/2008
YO NECESITO ES UN CUENTO CORTO MUCHAS GRACIAS
maritaLima, Perú · 26/03/2008
bueno yo soy una niña de 8 años y no entiendo un poco la historia cuando empiesa a decir la mañana del cuarto día...
alejandroqueretaro, México · 15/11/2007
ni siquiera la ley ja ja ja
FlorenciaSanta Fe, Argentina · 02/10/2007
Esta bien narradoo.. pero no tiene un buen final.. Suerte
jiturburLima, Perú · 17/07/2007
Es historia el escritor peruano...en verdad soy argentino, vivo en La Plata y tengo 20 años, estoy enamorado de una berissense, que fue la musa para escribir este relato, mejor dicho , ella fue la que lo realizo de alguna manera, yo solo fui el mediador entre los sueños , realidad y fantasia , lapicera y papel...
lucholima, Perú · 08/07/2007
pues a mi no me parecio muy buena la segunda parte ni tampoco el final mmmmmmmmmm
diegolima, Perú · 04/06/2007
putax ke chevere!weon putamadre ke chevere pweon utamadre ke chevere weon!ke chevere pweon ke chevere pweon ke chevere pweon ke chevere pweon ke chevere pweon ke chevere pweon
Rooo! RocioPaso del Rey, Argentina · 05/05/2007
GENIAL! Fue espectacular...me encantó, te felicito! aparte sta basado en hechos reales.. Me re gustó!
daniel torrejon maldonadolima, Perú · 05/05/2007
es un cuento bacan
JoaquínSanta Fe, Argentina · 18/12/2006
Excelente, me re gustó
L;ukasMunro, Buenos Aires, Argentina · 07/11/2006
Estimado Leandro: Muy interesante la historia. Soy un apasionado de la segunda guerra, aunque leer esto me genera cierto desconcierto. En fin, seguí por la senda de la literatura. Saludos cordiales
CaroLina.!Rio Negro, Argentina · 20/10/2006
La verdad, no esperaba encontrarme con un "cuento" de esta indole, pensaba qe solo seria una jornada mas.. pero esto basado en echo reales (algunos, no todos) dan mucho a qe pensar.. comento qe soy una joven de 15, y estoi en esta pagina, gracias al maraton de lectura del dia de la fecha. sin mas qe decir, sintetizo, qe me atrapo como ningun otro..

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