TODO PASA, LO SÉ YO

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Sheila López Flores
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Registrado: Dom Jun 15, 2008 9:42 pm
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TODO PASA, LO SÉ YO

Mensaje por Sheila López Flores » Dom Jun 15, 2008 9:53 pm

La noche pasada había visto su rostro en una discoteca de Miraflores, pero ahora era mucho mejor verla, ya que era de día y la luz del sol plasmaba su elegancia. Un hombre en terno con unos zapatos de charol y una camisa impecable, era él, estaba segura. Al verlo detenidamente me miró, se acercó a mí y dijo:
- Hola Xiomara!... a los tiempos que nos vemos... cómo has estado? te casaste?

Yo quedé estupefacta por unos segundos, se notaba que él me conocía... pero… de dónde, no lo recordaba. Tuve que preguntarle quién es, si me conocía y de dónde.

Él riéndose me dijo:
- Tú no eres Xiomara Gálvez? Fuimos novios en la academia hace muchos años, no te acuerdas de mí? Soy Carlos…

Y hasta ese momento no supe que decir, estuve callada, no dejaba de mirarlo, lo contemplaba. Cuando me siguió hablando me di cuenta que era Carlos, era ese chico que tanto quise y que tanto me hizo sufrir.

Tuve que salir corriendo, no sabía por que corría, ni por que no le había contestado, cuando me alejé de él volteaba a verlo y gritaba:
- ¡No puede ser, está vivo, noooooooo, está aquí conmigo!

Todas las personas me quedaban mirando, ellas no lo entendían, pero yo sabía por lo que estaba pasando.
Cuando llegué a mi departamento no quise recordar pero me puse a llorar...

Cuando tenía 17 años terminé el colegio y no sabía que iba a estudiar, estaba muy confundida y además albergaba en mí todos los problemas que habían en casa con mis padres, a pesar de que yo tenía las ganas de estudiar no pude concentrarme, las tareas que me dejaban no las podía hacer porque cada vez que llegaba a casa me recibían con gritos, y si no era a mí a quien gritaban, ellos eran los que discutían, por eso traté una vez de fugarme para siempre, no los quería ver más en mi vida, aunque sea sola quería terminar con este infierno.

Sólo tengo que resaltar que no era por completo infeliz, había un muchacho que estudiaba en la academia, Carlos era muy lindo conmigo, éramos muy amigos, siempre le contaba todo lo que pasaba en mi casa, era mi único amigo y cada vez que me veía triste hacía hasta lo imposible para que soltara aunque sea una pequeña sonrisa, eso era más que suficiente para él. Un mes luego de ser amigos me dio una carta en la que me pedía que fuéramos novios, yo desde que lo conocí quise estar con él así que acepté al instante.

Estuve muy feliz, bueno, sólo el tiempo en que estaba en la academia, este romance duró 7 meses y algunas semanas, estuve tan feliz que ojala nunca se hubiera acabado, parecía un sueño hecho realidad, pero...

Eran varios días que Carlos faltaba a la academia, yo estaba muy triste porque preguntaba por él al coordinador y me decía que había sufrido de un accidente y otras veces me decía que Carlos se había ido del país. Esa semana lloré y lloré, sentía que el mundo desaparecía para mí, sentía que vivir era morir en vida, esos años estuve muy mal de salud: con anemia, gastritis. Tuve mucha depresión, ya no salía a ningún lado, mis padres ni cuenta se habían dado, sólo una compañera de la academia vino a visitarme. Diana era una chica extrovertida, en la academia sentía que me paraba viendo pero cuando yo volteaba ella también volteaba y se ponía a conversar con sus amigas, no sabía porque había venido hasta mi casa pero me preguntó qué era lo que me pasaba, todos los días venía a verme, me copiaba todas las clases y me las repasaba, al término de un mes había ido a su psicóloga que me estaba ayudando a salir adelante, de mi depresión principalmente, ahora me daba cuenta de lo importante que yo era, que siempre suceden cosas malas pero también buenas, como era su compañía, su amistad.
Ese año fue muy duro para mí, pero, lo más importante fue que aprendí muchas cosas, a valorar a las personas que se preocupaban por mí, cosa que antes no lo hacía, a aceptarme como soy, a reconocer mis virtudes y defectos.

Después de recuperarme por completo, quise postular a la universidad de San Marcos, a la carrera de psicología, me interesaba mucho saber, en el interior de las personas cómo eran en realidad, ya que muchas veces se muestran de una manera y al final son de otra, además dominaba los cursos de psicología y filosofía. Diana me ayudó a prepararme, bueno, en realidad las dos nos apoyábamos ya que ella también quería postular para psicología, nos preparamos cerca de 8 meses, la verdad es que sí me esforcé mucho, estudiábamos desde las 7 de la mañana hasta las 10 de la noche, todo el día nos las pasábamos en mi casa. El día del examen contesté casi todas las preguntas, estaba casi segura de ingresar y efectivamente, al revisar la lista, en los ingresantes figuraba mi nombre y el de Diana, estuve muy feliz por que me di cuenta que si uno pone mucho de su parte puede conseguir todo lo que se proponga, ahora mi meta era terminar mi carrera, me olvidé por completo de todos los problemas hasta de Carlos, mi gran amor…

Ahora me daba cuenta de quién era él, pero estaba muy cambiado, su rostro no era el de siempre, tenía que saber qué había sido de él, qué era lo que había pasado, por qué me había dejado. Fui corriendo al lugar donde lo vi y lo empecé a buscar por todas partes, no lo encontré.

En todos lados me acordaba de él, de cómo era antes y de cómo había cambiado, claro, físicamente.

El sábado fui a la botica que queda a la vuelta de mi departamento y al regresar lo vi, noté que se me acercaba, en ese momento quise irme pero… tenía que saber la verdad, tenía que saber qué había pasado hace años, entonces, caminé hacia el parque y me senté, él se sentó junto a mí, conversamos.
Mientras conversábamos escuchaba a los lejos que decían mi nombre, pero yo seguía conversando con él. Era mi hermana, la que intentaba despertarme, al verla me dijo:
- ¡Xiomara, levántate, hoy tienes una cita con ese paciente pues, con el que platicamos ayer!

Ahora me daba cuenta de que nunca se olvida, de que siempre de alguna manera recuerdas todo, aunque no quieras.
Atte. Sheila López

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