Sandra y Jéssica

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zumm
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Sandra y Jéssica

Mensaje por zumm » Jue Mar 27, 2008 10:55 am

Jéssica y Sandra son amigas.

Me quedé con las ganas de conquistar a Jéssica. Todo me había salido mal, incluso con la ayuda de doña Sofía, quien se portó bastante bien al dejarme solo con Jessi. Pero no era mi día, ni el de Carlitos. El pobre había resultado escaldado y por suerte es de pronta recuperación y ya estaba bién. Igual yo estaba decidido a no emplearlo todavía, a no ser que sea un caso extraordinario y por ahora no creo que me suceda nada de eso.

Como tenía que ir al Banco a pagar una boletas vencidas, me fui a la estación a tomar el tren hacia Buenos Aires. Venía llegando el tren desde la Capital y entre los pasajeros que bajaron, me llamó la atención una hermosa chica, a quien no había visto nunca. En Derqui, todos nos conocemos y a esta joven, de haberla visto antes, no la habría olvidado nunca. Era rubia, muy blanca y con los ojos azules o celestes. Su físico espectacular, hacía que resaltara entre la multitud como una estrella en el cielo azul. ¿A quien vendría a visitar? Con esos agradables interrogantes, subí a mi tren, llevando en mi mente el recuerdo de su hermosa figura.
Cuando regresé en la tarde a Derqui, me dí un par de vueltas por la calle de Jéssica, esperando tener la suerte de verla. Después me fui al Club y ella no estaba, pero sí estaba el padre de Jessi porque había reunión de los dirigentes . Todavía no había comenzado, así que el viejo estaría ocupado unas dos horas por lo menos.
Me fui casi corriendo a la casa de Jessi y me pegué en el timbre. Era ahora o nunca.
Me abrió mi adorada quien estaba más linda que nunca. Me hizo pasar, sin besarme siquiera y me llevó al living donde me presentó a una amiga. Era la chica rubia de la estación. Se llamaba Sandra.
Si yo considero a Jéssica una belleza juvenil, tendré que considerar a Sandra una belleza más madura. Tendrá unos 25 años, una mirada quizás más inocente que la de Jessi, pero no podía yo apartar la vista de su cuerpo. Era sencillamente maravillosa. Quizás lo que más me impactó fue el escuchar su voz.
—Sandra Berná García —se presentó con su voz acariciante, levemente baja, levemente oscura, con un ligero acento español. ¿De Málaga quizás?
No sé si Jessi se percató de la impresión que me causó su amiga. Pero yo me hubiese casado con ella, en ese mismo momento, y por la iglesia y para siempre. Y además le sería fiel y la amaría y le trataría se dar todos los gustos y cumplir todos sus caprichos. Me asusté de mis pensamientos. Yo jamás dejaré mi libertad, por una mujer, por mucho que me guste.
Todos sabemos que el amor conlleva un renunciamiento y yo no estoy dispuesto a renunciar a nada. No estoy dispuesto a enamorarme y mucho menos a formalizar.
Volví en mí, al sentir un terrible pellizco en el brazo de parte de Jessi.
—¡Te está hablando Sandra! Y tú en la luna ¿Qué te pasa? —me dijo enojada
—¡No me quiero casar! ¡Soy feliz así! —les dije
Me miraron estupefactas. No entendían nada y creo que yo tampoco. ¿Me estaré volviendo chapita otra vez? Tendré que pedir hora al sicólogo.
Sandra me contó que venía de España a estudiar arte dramático con una conocida actriz argentina que tiene una escuela de teatro y se había ganado una beca. Decidió venir a visitar a Jéssica, invitada por esta para que viva en su casa el tiempo que considere necesario. Iba a tratar de conseguir un trabajo de medio tiempo, para sus gastos chicos.
De reojo ví que Jessi me observaba. Se daba cuenta que su amiga me había impactado, y trataba de ver como reaccionaba yo. Me hice el estúpido, que no me cuesta nada,y comencé a hacerme el indiferente con Sandra y le dedicaba todas mis atenciones a Jessi. Pero después de charlar con ambas y reírnos mucho con las historias que nos contó Sandrita, ví con preocupación la hora y decidí irme. No fuera a llegar el padre de Jessi y me encontrara en su casa. Seguro que me iba a hacer pasar un mal rato.
—Ya que te vas —me dijo Jessi—¿Porqué no acompañas a Sandra a la estación? Ella tiene que regresar a la capital y espero que mañana ya la tengamos aquí, por un tiempo largo
Naturalmente no me hice de rogar, aunque tampoco demostré mucho entusiasmo, porque no quiero perder a Jessi y quizás con un poquito de suerte, pueda ...no sé...tal vez..veremos, todo puede ser.
Si todo me sale mal, no me queda más remedio que hacerle caso a Susurros, de la Pág. de los Cuentos quien me recomendó que dedicara mi vida a Dios y tomara los hábitos, porque las mujeres no estaban en mi futuro. Pero no me veo vestido de monja.
Acompañé a Sandrita a la estación. Me tomó con total naturalidad del brazo y no sé bien porqué, pero me pareció haberla conocido de toda la vida. Creo que a ella le sucedió lo mismo.
Eso me asustó. Sandra pertenece al tipo de mujer con la cual uno viviría toda la vida. Digo esto sin saber mucho de ella, ya que recién la conocí hoy, pero aunque no sé nada de su pasado, estaría dispuesto a que no me cuente nada, ni bueno ni malo y empezáramos de cero.
¡Qué estúpido que me pongo, cuando una chica me gusta! Me olvido que yo también tendría que gustarle a ella y además si yo quisiera formalizar no sé si ella lo quisiera. De lo que estoy seguro es que a ella no la quisiera para una aventura. Sé que hay dos clases de mujeres. Las que son para casarse y las demás. Las demás son las independientes, las que les gusta la joda, las que quieren ser novias eternas, las que jamás se casarán porque no creen en las promesas de los hombres, las monjas, las comehombres, etc.
Sé que ella es de las primeras, de las que son para casarse. También este tipo de mujeres se subdivide en otros grupos, por ejemplo: Las abandoneiras, como las llamo yo, que son esas en que el hombre se ve obligado a abandonarlas, si no quiere terminar en un manicomio. También estás las pobres mujeres que tienen unos maridos demasiado cornudos, para seguir viviendo con ellos y en cualquier momento levantan vuelo llevándose la mitad de las cosas que son comunes y la totalidad de las cosas propias de sus maridos. Hay muchos grupos más que no tengo para qué enumerar en este momento, pero que todos conocemos.
Juraría que Sandrita pertenece al mejor grupo. A las que se casan para siempre, hasta que la muerte los separe, a las que son fieles hasta la muerte y exigen fidelidad, pero ¿quién quiere ser infiel con ellas?
No se me pasa por la cabeza serle infiel a Sandra, pero ya me estoy adelantando otra vez.
Pensando todas estas estupideces, no le he conversado nada a mi nueva amiga y ya estamos llegando a la estación. Para peor ya está el tren en el andén. Trato de pensar rapidamente en alguna escusa para acompañarla o para que se quede en mi casa, pero no logro discurrir nada y ella me da un ligero beso en la mejilla y sube al tren. Ni siquiera pude girar la cara 25 grados como dice el manual, para que el beso me cayera en la trompa. ¡Maldición! ¡Todo mal!
Estoy saliendo de la estación, para irme a casa , cuando la veo a Jessi que me alcanza y me toma de la mano. La muy pícara nos vino siguiendo, para ver mi comportamiento con Sandra. ¡Que suerte! ¡Me salvé!
La tomo de la barbilla y mirándola a los ojos la beso suavemente. La siento temblar y no de frío.
Nos vamos caminando lentamente a mi casa. Entramos y le digo a doña Sofía que vamos a ir a mi habitación a escuchar a José Luis Perales, tranquilos, que no nos moleste
—Preferiría escuchar a Fito —me dice Jessica, toda mimosa.
La puta que la parió. Si hay alguien a quien odio, es al Fito Páez ese. Espero que Carlitos no lo aborrezca, porque entonces sería terrible.
¡A por ella, Carlitos!

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