El Club

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zumm
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El Club

Mensaje por zumm » Mar Mar 11, 2008 5:34 am

El Club
El Club de mi barrio (Social y Deportivo) es una venerable institución igual a muchas existentes en Buenos Aires. Antes en cada barrio habían dos o tres clubes, además de ateneos, etc.
El Club de mi barrio es uno de los pocos donde la Cultura prima sobre el Deporte. Tenemos un cenáculo donde nos reunimos permanentemente los que profesamos amor por la literatura.
Ayer fui a saludar a mis antiguos conocidos y ver si me puedo anotar en alguna clase de gimnasia o de yoga, porque en el gimnasio de la vuelta de casa no me quieren aceptar.
Ha habido muchos cambios en mi viejo club. Me puse a recorrerlo acompañado por el nuevo administrador quien estaba orgulloso de las nuevas instalaciones. En el antiguo salón de actos, solo quedaba el escenario con su cortinado de pana que era el orgullo de nuestras madres que lo habían hecho en forma manual y cooperando todas un poco.
Recuerdo que una vez hicimos Hamlet y que a mí me vino una crisis nerviosa y en vez de decir la letra me largué a reir descontroladamente y luego antes que me sacaran a la rastra, vomité por todo el escenario.
Ahora el salón estaba lleno de unas máquinas infernales (fierros, les llaman) para hacer toda clase de ejercicios. Si querés endurecer un glúteo está esta máquina, si querés tener músculos en el cogote, tenés que usar esta otra y así todo. Yo solo quería mejorar mi estado físico, no parecer Arnold Shuanosécuanto. El administrador, un hombre muy amable, me recomendó que tomara clases de tango. Casi le doy una patada en los huevos. Yo les puedo enseñar a todos estos imbéciles a bailar tango. ¡Tango de verdad! No la mariconada que bailan ahora. Les puedo enseñar a bailarlo de Salón, de Lujo, Arrabalero, Fantasía o sencillamente como cuando uno baila con la hermana.
Lo que antes llamábamos pomposamente el Cenáculo, donde nos reuníamos los que teníamos aficiones literarias, ahora está lleno de ataúdes de cristal donde se tuestan. Igual que las tostadas. Camas solares les llaman.
Me despedí apresuradamente del Administrador quien quería a toda costa continuar mostrándome el Club y me fui derechito a lo de mi sicólogo, que también es del barrio y nos conocemos desde niños.
--¿Estuvo bebiendo, Edgardo?—me preguntó
--¡Ni una sola gota! –le respondí –Vengo del Club, al cual no había visto en años.
--Lo habrás encontrado muy cambiado – me dijo, llevándose a la boca una pastilla antigases.
--La verdad es que está irreconocible.
--Y todo gracias a mi hijo, que es el Administrador del Club.
Me paré de un salto y me fui sin despedirme.
:)

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