La palabra criptozoología proviene del griego kryptós (oculto) y zoología. Se trata de una disciplina fronteriza —para muchos una pseudociencia— dedicada a buscar y estudiar evidencias de animales no clasificados por la ciencia moderna.
La idea que impulsa a la criptozoología es simple y poderosa: el planeta aún guarda regiones difíciles de explorar y entornos donde podrían existir especies desconocidas o supervivientes de linajes muy antiguos.
Selvas remotas, lagos profundos, montañas, cavernas y océanos alimentan la imaginación de expediciones y buscadores de criaturas legendarias. Nessie, el Yeti, el Bigfoot, las serpientes gigantes, las criaturas marinas y el chupacabras forman parte de ese universo.
La criptozoología oscila entre hallazgos reales mal interpretados, animales conocidos deformados por la descomposición, fraudes mediáticos, errores de observación y, tal vez, alguna sorpresa todavía no catalogada.
Ese equilibrio entre curiosidad, deseo de descubrimiento y fascinación por lo imposible es lo que mantiene viva esta rama del misterio.