Orígenes

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annasamauri
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Registrado: Mié Nov 11, 2015 3:14 pm

Orígenes

Mensaje por annasamauri » Mié Nov 11, 2015 3:46 pm

Eran las 7:30 de la mañana de un viernes 13 de junio cuando sonó el despertador en la habitación de Jesús Artiga. Segundos después, a pesar de que había trabajado hasta bien entrada la noche los días anteriores, Jesús estaba tan despierto como una gallina cuando entra un zorro en el gallinero. Al levantarse, con mucho cuidado, apoyó su pie derecho en el suelo y se santiguó convenciéndose a sí mismo de que aquél tenía que ser un buen día.

Bajó las escaleras y encontró a su madre, como cada mañana, preparando el desayuno en la lúgubre cocina. Vicenta Ramos, vestida con un atuendo negro y pelo gris recogido en un moño casi perfecto, recalentaba café y preparaba tostadas con el pan duro del día anterior. Al volverse, comprobó que su hijo ya estaba listo, con la chaqueta puesta y libros en mano, preparado para ir a la escuela. Jesús, tembloroso, presintió la ya esperada reacción de su madre.

– ¿A dónde crees que vas con esos libros bajo el brazo? – Amenazó Vicenta mientras clavaba su mirada en los ojos de su hijo. – ¡Ya acordamos que hoy no saldríamos de casa! Es muy peligroso andar por ahí fuera. – Añadió mientras se santiguaba con su mano derecha en la que sostenía un rosario antiguo que había heredado de su bisabuela y del que nunca se desprendía.
Jesús, dubitativo, se atrevió a contestar. – Madre, hoy es el último día de curso y nos dan los resultados del proyecto de química. Si no asisto a clase, perderé la oportunidad de saber si he sido seleccionado para la beca.

– ¡Tú y ese estúpido proyecto! – Dijo ella posesa. – ¡No lo necesitas para nada! ¿Acaso quieres abandonar a tu madre como hizo tu padre con nosotros?

La rabia y la tristeza se apoderaron de Jesús en aquel instante. Apretó la pata de conejo que guardaba en su bolsillo con fuerza, mientras se concentraba en hacer retroceder el llanto que, con un dolor extenuante, subía desde sus entrañas para acabar en un grito ahogado en su garganta. Pasaron unos minutos en silencio, y de repente, ocurrió lo inesperado: ese chico que había permanecido obediente y sumiso a las locuras de su madre, salió de su escondrijo y por primera vez se reveló ante su progenitora:

– Lo siento madre, ¡esta vez no te vas a salir con la tuya! ¡Necesito ir a la escuela! – Contestó con voz palpitante. Vicenta, perpleja ante la reacción de su hijo, se dirigió corriendo al salón y se arrodilló a rezar frente al altar repleto de estampitas de santos y vírgenes.

El joven, totalmente desorientado y aturdido por los fuertes latidos de su corazón, se dirigió hacia la puerta, miró por unos segundos la gran herradura de siete agujeros y se marchó.
Jesús abrió la puerta del aula sigilosamente como si esa acción fuese a evitar que todos sus compañeros se percataran de que el muchacho, como ocurría habitualmente, llegaba tarde a clase. Pidió disculpas a su profesor mientras percibía risitas y cuchicheos provenientes de todos los rincones de aquella luminosa estancia.

– Adelante Jesús. Ha llegado justo a tiempo. Estábamos a punto de nombrar al merecido ganador del concurso de ciencias de este año – Dijo amablemente su profesor Francisco Yagüe, a la vez que le regalaba una sonrisa con cierto aire de orgullo, que Jesús no supo muy bien cómo interpretar.

Francisco, un hombre de mediana edad que había llegado a convertirse en una destacable mente científica, había encontrado en Jesús lo que nadie nunca antes había visto. Había sido su profesor de química durante los dos últimos años y le fascinaba ver la entrega que el joven ponía en cada trabajo. Durante las clases, Jesús escuchaba intrigado cada enseñanza que su profesor formulaba y, aunque a Francisco le costaba reconocerlo, en el fondo le llenaba de orgullo ver cómo su alumno permanecía embelesado cada segundo de aquellas intensas horas lectivas.

– Gracias don Francisco. – Contestó Jesús mientras se dirigía a su pupitre con la mirada baja, intentando evitar cualquier contacto visual hacia sus compañeros.

Unos minutos más tarde, llegó el esperado momento. Todos los muchachos permanecían expectantes. Cuando don Francisco por fin anunció que el ganador del concurso de ciencias de ese año había sido Jesús Artiga Ramos, un silencio estremecedor inundó la sala. Todos los niños se miraron asombrados, boquiabiertos, ninguno esperaba lo que había sucedido.

– ¿Artiga, qué ocurre? ¿Es que no se alegra de su merecido galardón? – dijo el profesor con voz dulce y comprensiva. – ¿Y a los demás, qué les pasa? ¿Es que no van a aplaudir a su compañero? – Señaló esta vez en un tono insensible y severo.

Aunque había soñado innumerables veces con ese momento, Jesús Artiga no podía creer lo que estaba sucediendo. Por fin, la puerta hacia un mundo mejor se había abierto, había encontrado el acceso a seguir aprendiendo sobre lo que más le apasionaba en este mundo. ¡Había conseguido la beca! ¡Iría a la universidad el próximo año! ¡Todo el esfuerzo se veía recompensado! Y sin embargo, la dicha no duró mucho, el desasosiego más grande que jamás había sentido, se apoderó de su cuerpo dejándolo prácticamente paralizado. Pensó en su madre, en la seguridad que le daba su casa repleta de amuletos, a salvo de los peligros que acechaban ahí fuera. Pensó en su madre, un sentimiento de culpabilidad se asfixiaba en su garganta, la ansiedad y el miedo se habían apoderado de ese muchacho como las serpientes cuando atrapan a sus presas. No podía hablar, no podía tampoco ver las miradas estupefactas de todos los presentes en la sala, incluida la de Francisco, que le llamaba una y otra vez sin obtener respuesta. Ya era demasiado tarde, nada se podía hacer. Se levantó, salió sin mirar atrás y pensó en su madre.

Rendido pero aliviado, abrió la puerta de casa, se detuvo unos segundos a mirar la herradura, entró en la lúgubre cocina y entonces, abrazó a su madre.

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tentadorRRR
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Re: Orígenes

Mensaje por tentadorRRR » Mié Mar 21, 2018 5:46 am

Im-pre-sio-nan-teeeee!
A veces volar es la mejor forma de ver tus pensamientos.

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El Brujo de Letziaga
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Re: Orígenes

Mensaje por El Brujo de Letziaga » Mié Jun 06, 2018 6:11 pm

- Pensó más en su madre que en si mismo, lo cual no quiere decir que tomase la decisión correcta...¿O tal vez si?

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