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No existe tal libre albedrìo

Publicado: Dom Sep 18, 2011 9:12 am
por Tit08
Sólo recomendaros la atenta lectura de este singular texto, que, en la opinión de cualquier ateo, supone la quiebra de más de mil quinientos años de apologética católica. Los dos puntos de los que trata este capítulo son el libre albedrío, que es negado a todas las criaturas, y la existencia de más de un principio creador (o de un principio creador y otro descreador).

Según los cátaros el hombre no es obra de Dios en su forma mundana. Según los católicos es el libre albedrío el que corrompe a la criatura. La solución es similar (Dios permite el mal o el libre albedrío, respectivamente), pero las consecuencias morales son muy distintas. En el catolicismo el mal es intrínseco al alma, de modo que el hombre ha de obrar, es decir, ofrecer su cuerpo y mortificar su alma para así redimirla y salvarse. En el catarismo/maniqueismo el mal es extrínseco al alma. El hombre ha de librarse de toda obra para, purificando su cuerpo, lograr la ascensión del alma fuera de este mundo.

A continuación, una justificación hermenéutica del principio del mal.


"Daniel.

* * *

1. El libre albedrío.

Porque muchos se hallan en la imposibilidad de conocer exactamente la verdad, para iluminarlos y para exhortar a aquellos que comprenden, así como para el deleite de mi alma, me he propuesto exponer nuestra verdadera fe a través de los testimonios de las divinas Escrituras con argumentos de lo más fundados, una vez invocada la ayuda del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Los dos principios.

He querido empezar, en honor del Padre santísimo, por los dos principios y confutar la doctrina, tan contraria a casi todas las personas religiosas, de un principio único. Pero en primer lugar: o existe un solo principio primordial o más de uno. Si hay uno y no muchos, como sustentan los ignorantes, entonces el mismo ha de ser necesariamente bueno o malo. Pero malo no puede ser, porque dimanarían solamente las cosas malas y no las buenas, como dice Cristo en el Evangelio del bienaventurado Mateo: “Un árbol malo produce frutos malos; no puede un árbol bueno producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos” [Mt 7, 17-18]. Y el bienaventurado Santiago afirma en su Epístola: “¿Acaso la fuente hace brotar agua dulce y amarga de la misma apertura? ¿Acaso puede, hermanos míos, una higuera producir una uva o una vid higos? Así pues, tampoco una fuente salada puede producir agua dulce” [Sant 3, 11-12].

[...]

Primera proposición contra los adversarios.

Pero yo me opongo a la tesis de aquellos que afirman la existencia de un solo principio primordial. Así digo: si Dios, que es bueno, justo y santo, sabio y recto, que es “fiel en todas sus palabras y santo en todas sus obras” [Sal 144, 13], que además es omnipotente y sabe todas las cosas antes de que acaezcan, como se ha demostrado con anterioridad, ha creado y dispuesto a sus ángeles desde el principio como él mismo ha querido, sin que encontrase el menor impedimento de algo existente, conociendo además el destino de todos sus ángeles antes existiesen, porque existían en su providencia todas las causas por las cuales permaneciesen por siempre ante su mirada malvados y demonios, como afirman casi todos nuestros adversarios, sin duda se derivaría necesariamente que estos ángeles no han podido nunca permanecer buenos, santos y humildes al lado de su Señor, sino en la medida en que desde el principio lo sabía el propio Dios, en cuyo seno todas las cosas acaecen necesariamente desde la eternidad, ya que nadie, ante él, que conoce perfectamente todas las cosas futuras, puede hacer absolutamente nada que no sea lo que Dios sabe desde la eternidad que hará. [...]

El principio del mal.

Por ello hemos de admitir necesariamente que hay otro principio, el del mal, el cual obra pérfidamente contra el Dios verdadero y su criatura; tal principio parece incitar a Dios contra su criatura y a la criatura contra su Dios: el mismo hace que Dios quiera y desee cuanto por sí mismo jamás habría querido. Así, a causa de la turbación provocada por el enemigo malvado, el propio Dios verdadero quiere y sufre, se arrepiente, sirve a sus propias criaturas y es por ellas ayudado. De ahí que el Señor diga a su pueblo por boca de Isaías: “Me has convertido en siervo con tus pecados y me has cansado con tus iniquidades” [Is 43, 24]. Y además: “Me cuesta soportarlas”. Y Malaquías dice: “Habéis hecho sufrir al Señor con vuestras palabras” [Mal 2, 17]. Y David: “Y Él se arrepintió conforme a la grandeza de su misericordia” [Sal 105, 45]. También el Apóstol afirma en la primera Epístola a los Corintios: “Puesto que somos los coadjutores de Dios” [Cor 3, 9]. De esta turbación de Dios, el propio Señor dice a Satanás en el libro de Job: “Tú me has incitado contra él, para que en vano lo afligiese” [Job 2, 3]. Y por boca de Ezequiel dice: “Cuando las falsas profetisas> se adueñaban de las almas de mi pueblo, las vivificaban y me ultrajaban con mi pueblo por un puñado de cebada o un trozo de pan, a fin de matar a las almas que no mueren y de vivificar a las almas que no viven” [Ez 13, 18-19]. Y por boca de Isaías el Señor, quejándose de su pueblo, exclama: “Porque he llamado y no habéis respondido, he hablado y no habéis escuchado, hacíais el mal ante mis ojos y habéis elegido lo que yo no quería” [Is 65, 12]. Se ve así claramente que la posibilidad de servir a Dios es un excelente argumento a mi favor. En cambio, si hubiese un único principio primordial, santo, justo y bueno, como se ha demostrado con anterioridad respecto al Señor Dios verdadero, dicho principio no lo entristecería, afligiría ni apesadumbraría, no padecería pena por parte de sí mismo, no sufriría, no se arrepentiría ni sería ayudado por nadie, no estaría sujeto a los pecados de nadie y no desearía o querría que ocurriese algo que demora en cumplirse, porque nada podría ocurrir contra su voluntad, ni nadie podría turbarlo o ultrajarlo; y nada podría someter a este Dios, sino que todas las cosas le obedecerían por absoluta necesidad. Por la razón esencial de que “todas las cosas serían por medio de él, en él y para él” [cfr. Rom 11, 36] en todas sus disposiciones, si hubiese un único principio primordial, santo y justo, como se ha demostrado respecto del Dios verdadero.

Eliminación del libre albedrío.

[...]

Y así se ve claramente que todo lo que se halla de bueno en las criaturas de Dios proviene de él y por su medio, y es él quien lo hace ser y es su causa, como se ha demostrado con anterioridad. El mal, en cambio, cuando se halle en el pueblo de Dios, no proviene del propio Dios verdadero ni por su medio; no es él quien lo hace ser ni ha sido ni es la causa, como afirma Jesús, hijo de Sirac: “A ninguno él ha mandado que actúe impíamente, y a ninguno le ha dado permiso para pecar” [Eclo 15, 21]. Entiéndase: sencilla y directamente, sin más: de una criatura de Dios en sí misma buena, sin una causa del mal, jamás podría haber provenido el mal. Así, el Señor dice por boca de Ezequiel: “Ha florecido la vara, ha germinado la soberbia: la iniquidad se ha levantado sobre la vara de la impiedad; no de ellos, no del pueblo ni de su estrépito” [Ez 7, 10-11]. ¡Así que proviene de otro sitio! Cristo dice en el Evangelio de Mateo: “Es semejante el reino de los cielos a un hombre que sembró en su campo semilla buena. Pero mientras los hombres dormían, vino el enemigo y sembró cizaña en medio del grano y se fue” [Mt 13, 24-25]. Y David dice: “Oh Dios, han venido las naciones a tu heredad, han profanado tu santo templo, han hecho de Jerusalén un almacén de frutos” [Sal 78, 1]. Y por la boca del profeta Joel, el Señor dice: “Porque una nación ha invadido mi tierra, fuerte e innumerable; sus dientes son como los dientes de un león y sus muelas como las de un cachorro de león. Ha convertido mi viña en un desierto y ha descortezado mi higuera; la ha pelado del todo y la ha tirado, y sus ramas han quedado secas” [Jl 1, 6-7]. Y así se ha de comprender claramente que la soberbia y la iniquidad o impiedad, la cizaña, la profanación del templo santo de Dios y la devastación de su viña no podrían en ningún caso derivarse propia y primordialmente del Señor bueno ni de su criatura buena, la cual depende enteramente de él en todas sus disposiciones. Se deduce, una vez más, que hay otro principio, el del mal, que es origen y causa de toda soberbia e iniquidad y de la contaminación del pueblo y de todos los restantes males.

Objeción de los adversarios: que Dios no quiso crear a sus ángeles perfectos.

Me propongo ahora debatir lo que sigue: nuestros adversarios afirman que Dios no quiso crear a sus ángeles perfectos, esto es, de tal perfección que pudiesen hacer siempre y solamente el bien y mal el mal, o bien siempre y solamente el mal y mal el bien, pero los creó, dicen, de tal naturaleza que pudiesen hacer el bien y el mal a su elección, como nos parece que hemos demostrado con anterioridad. Respondo que, si Dios no quiso crear a sus ángeles de tal naturaleza que pudiesen hacer siempre y solamente el bien y nunca el mal, ni solamente el mal y nunca el bien, sino que los creó de forma que pudiesen hacer tanto el bien como el mal, hay que entender: de forma que pudiesen hacerlo en momentos distintos; por cuanto es imposible que los ángeles hayan podido recibir de Dios una naturaleza que les permitiese hacer simultáneamente, de una sola vez y al mismo tiempo, el bien y el mal. Se deduciría necesariamente, en base a la tesis arriba expuesta, que los ángeles de los que estamos hablando habrían hecho el bien y el mal, y no solamente el bien o solamente el mal, sino en todo y por todo tanto el bien como el mal. Se ve así claramente que estos ángeles no podrían haber evitado en modo alguno el mal, a causa de la disposición recibida de su Señor. Y si así fuese, Dios sería la causa y principio de ese mal, lo que es imposible aceptar y vano pensar.

Pero a lo mejor nuestros adversarios, primero hablando tranquilamente y luego levantando la voz, podrían exclamar: los ángeles en cuestión, si lo hubiesen querido, habrían podido perfectamente hacer siempre el bien y el mal, porque han recibido de Dios el libre albedrío, o sea, una libre fuerza o facultad de hacer igualmente, a su elección, el bien y el mal. Y así dirían que Dios no es la causa primordial de este mal, porque los ángeles han pecado como consecuencia del libre albedrío que se les concedió, y por ende por su voluntad.

Prueba de que no hay libre albedrío.

Ahora bien, de examinarse diligentemente las razones esgrimidas con anterioridad, resultaría claro que la teoría del libre albedrío –esto es, aquella fuerza libre o facultad que, dicen nuestros adversarios, Dios habría concedido a los ángeles y gracias a la cual éstos podrían hacer el bien y el mal a su elección- carece de peso contra mi tesis. Así, les parece imposible a los sabios que alguien pueda tener la potestad de hacer dos actos opuestos simultáneamente, de una sola vez y al mismo tiempo, esto es, que alguien pueda tener la potestad de hacer durante todo el tiempo el bien y durante todo el tiempo el mal; con mayor razón en el seno de Dios, el cual conoce perfectamente todas las cosas futuras y según cuya sabiduría todo acaece necesariamente desde la eternidad. Pero sobre todo habría que sorprenderse si los ángeles buenos hubiesen podido odiar la bondad semejante a ellos –que, al igual que su causa, existía desde la eternidad- y amar la maldad, que todavía no existía y que es del todo opuesta a la bondad; y ello sin causa si, como afirman los ignorantes, la causa del mal no existía en modo alguno. Tanto más cuanto que está escrito en el libro de Jesús, hijo de Sirac: “Todo animal ama a su semejante, y así cada hombre a su prójimo. Toda carne se une a la que le es semejante, y todo hombre se asocia con su semejante” [Eclo 13, 1920]. Y además: “Las aves se reúnen con sus semejantes; y la verdad vuelve a quienes la practican” [Eclo 27, 10]. De modo que parece evidente que los ángeles habrían tenido que elegir el bien, semejante a ellos, que existía desde la eternidad, en vez de rechazarlo y elegir el mal que, al igual que su causa, no existía, según la tesis de nuestros adversarios, aunque parezca imposible que algo pueda comenzar sin causa. Pues está escrito: “Todo aquello que comienza es imposible que no tenga una causa”. Y además: “Todo aquello que pasa de la potencia al efecto tiene necesidad de una causa que lo lleve al efecto”. Por otra parte, según ellos, lo que existía y su causa, es decir, el bien, habría obrado menos que aquello que no existía y su causa, es decir, el mal, aunque esté escrito: “Es necesario que una cosa exista para que pueda obrar”. Y también ha de quedar claro que, si una causa permaneciese en todo y por todo en la disposición en la que se hallaba antes, de ella no derivaría sino aquello que ya provenía; pues cada nueva acción empieza por efecto de una nueva causa, como está escrito: “Cuando alguien que no era agente se vuelve agente, ello ocurre necesariamente por efecto de una nueva causa”. Por lo tanto, hay que reconocer que, si las disposiciones del agente permaneciesen exactamente como eran y si al agente no le ocurriese hasta un momento dado nada nuevo, ni en él ni fuera de él, sin duda su acción no tendría más razón de ser que de no ser, sino que continuaría incesantemente sin ser. Pues así como de la diversidad deriva lo otro, así la identidad hace durar a lo mismo. Ahora bien, si fuese verdad que ninguno de los ángeles ha podido pecar sin el libre albedrío, Dios no se lo habría permitido en modo alguno, sabedor de que sólo por este motivo su reino se habría corrompido. De lo contrario, la corrupción de los ángeles derivaría necesariamente de Dios, que “es más grande que cualquier alabanza” [Eclo 43, 33]; lo cual es impío pensar. Así pues, se deduce que hay otro principio, el del mal, que es origen y causa de la corrupción de los ángeles y además de todo mal.

Los ángeles no recibieron el libre albedrío.

Por ello resulta suficientemente claro a los sabios que los ángeles antedichos no recibieron nunca de Dios tal albedrío, o sea, una facultad que les permitiese querer, saber y hacer siempre solamente el bien y no el mal; porque, si lo hubiesen recibido, habrían hecho y querido, por absoluta necesidad, siempre el bien y nunca el mal.

¿Con qué razones, entonces, y con qué descaro los ignorantes pueden sustentar que los ángeles en cuestión, si hubiesen querido, habrían podido perfectamente hacer siempre y solamente el bien, cuando en Dios, que conocía perfectamente el futuro, estos ángeles no habían de ningún modo recibido de él ni potestad, ni voluntad, ni ciencia ni libre albedrío ni ningún otro atributo que les permitiese evitar completamente el mal, como se ha demostrado suficientemente con anterioridad? Claro está que desde el punto de vista de los hombres, que ignoran por completo el futuro y también todas las causas que son necesarias para hacer el bien o el mal, durante todo el tiempo o en momentos distintos, tal vez quepa de alguna manera afirmar que los ángeles recibieron de Dios una virtud o facultad que les permite hacer todo el tiempo el bien y el mal. Pero desde el punto de vista de Dios, que sabe perfectamente todas las cosas futuras, que conoce desde la eternidad todas las causas por las cuales es imposible que no acaezca lo que debe acaecer y según cuya sabiduría todo acaece por necesidad, ello resulta palmariamente falso.

De modo que a menudo es fácil verificar en los hombres que ignoran completamente el futuro o la verdad de las cosas aserciones contradictorias: es decir, que dicen que puede ocurrir lo que no ocurrirá nunca y que ocurrirá seguramente lo que no puede ocurrir. Por ejemplo, decimos a veces: es posible que Pedro viva hasta mañana, y es posible que muera hoy. Aunque sea imposible que Pedro pueda vivir hasta mañana y morir hoy, con todo, dado que ignoramos el futuro y también todas las causas necesarias a la vida o a la muerte de Pedro, consideramos posible lo que es imposible e imposible lo que es posible. En cambio, si conociésemos perfectamente el futuro, además de todas las causas necesarias a la vida y a la muerte de Pedro, no diríamos: Pedro puede vivir hasta mañana y puede morir hoy. Pues si supiésemos que Pedro debe morir hoy, diríamos claramente: es necesario que Pedro muera hoy o es imposible que viva hasta mañana. Y si supiésemos que debe vivir hasta mañana, diríamos claramente: es necesario que viva hasta mañana o es imposible que muera hoy. Pero por el hecho de que ignoramos el futuro, juzgamos posible lo imposible e imposible lo posible; lo cual es imposible en aquel que conoce perfectamente todo el futuro.

Otro ejemplo. Imaginemos que hay un hombre en una casa en la que se halla Pedro y que ve a Pedro sin posibilidad de duda; imaginemos luego que fuera de la casa hay otro hombre y que interroga al que se halla dentro, diciendo: ¿puede estar Pedro dentro de la casa? Si aquel que sabe con certeza que Pedro está en la casa, porque lo ve con sus ojos, le respondiese: a lo mejor Pedro se halla en la casa y a lo mejor no se halla, sin duda diría un desatino y hablaría contra su propio conocimiento (al decir: a lo mejor Pedro no se halla en la casa), dado que sabe con absoluta certeza que Pedro está en la casa porque lo ve con sus ojos.

[...]

La teoría de maestro Guillermo

No tengo la menor intención de pasar en silencio la teoría de maestro Guillermo, que sin embargo parece sabio en muchos puntos. Pues bien, le he oído decir más o menos estas palabras: que a los ángeles no los hizo Dios perfectos desde el principio, porque su Dios no pudo darles la perfección. La causa de ello radica en que Dios no ha podido ni puede en modo alguno hacer un ser semejante o igual a sí. Y si bien el propio Dios es llamado por muchos omnipotente, sin embargo no puede él en modo alguno hacerlo. Por ello, en la medida en que carecían de belleza y de grandeza respecto a Dios, ya que no eran semejantes o iguales a él, en la misma medida los antedichos ángeles pudieron faltar, anhelando esta belleza o esta grandeza. Como se lee de Lucifer en Isaías: “Instalaré mi trono en la parte del aquilón y seré semejante al Altísimo” [cfr. Is 14, 13-14]. Por ello quizás diría él que no podemos razonablemente inculpar a Dios porque no hiciese a sus ángeles perfectos (esto es, de tal perfección que no pudiesen en modo alguno anhelar la belleza y la grandeza de Dios), en cuanto su Dios no pudo hacer tal cosa, como se ha demostrado con anterioridad.

Me propongo confutar la tesis arriba expuesta con un argumento de lo más fundado. Pues bien, si no podemos razonablemente inculpar a Dios porque no haya podido hacer a sus ángeles tan perfectos como para que no anhelasen su belleza y grandeza, porque él no podía hacerlos semejantes o iguales a sí, aún menos podemos inculpar a los propios ángeles, dado que en modo alguno han podido prescindir de anhelar la belleza y la grandeza de Dios, a causa de la disposición recibida de su Creador, el cual no pudo hacerlos tan perfectos como para que no anhelasen su belleza y grandeza.

Repito: si Dios no pudo hacer a sus ángeles de tal perfección para que no anhelasen su belleza y grandeza, hasta el punto de no volverse demonios a causa de este anhelo, tampoco los ángeles pudieron evitar de ninguna manera este mal. Se derivaría necesariamente, según algunos, que todos los ángeles, además de los hombres que ahora se salvan, deberían anhelar siempre esta belleza y grandeza y pecar siempre contra su Dios a causa de este anhelo, y además volverse necesariamente demonios por su causa, en lo que, según se dice, se han convertido los otros ángeles. Y ello esencialmente por el hecho de que Dios no pudo, ni puede ni podrá hacer que alguien sea de alguna manera semejante o igual a sí.

Si luego se dijese: aquellos que se salvan no pueden ya anhelar o pecar, porque han sido instruidos y profundamente aleccionados por el castigo de los otros ángeles, que se convirtieron en demonios a causa de este anhelo, se podría responder que Dios, del que se ha dicho con anterioridad que es bueno, santo y justo, sería enteramente la causa y el principio del castigo y del mal de todos sus ángeles desde el momento en que les habría infligido una pena eterna sin razón ni justicia. Ello porque no pudo hacerlos de tal perfección para que no anhelasen su belleza y grandeza; ni los ángeles pudieron en modo alguno evitar este mal, ya que fueron creados antes que los otros ángeles que habrían sido instruidos por su castigo y por su rebelión. En cambio, los ángeles que se volvieron demonios, como muchos sustentan, no tuvieron la posibilidad de ser instruidos y aleccionados por el castigo de otros ángeles, porque antes que ellos no fueron creados otros. Y así los antedichos ángeles habrían podido quejarse con todo derecho de un Señor que les infligió innumerables penas, por no haber podido hacerlos perfectos hasta el punto de que no anhelasen su belleza y grandeza, razón por la cual aquéllos no pudieron evitar en modo alguno dicho anhelo. Por ello es en verdad sorprendente que se le haya podido ocurrir a un sabio que Dios –el cual es bueno, santo y justo- deba poner a prueba una y otra vez a sus ángeles, infligiéndoles un suplicio eterno, sólo porque no pudo hacerlos de tal perfección para que no anhelasen su belleza y grandeza, ni ellos pudieron en modo alguno recibir de él semejante perfección.

Los ángeles.

Pero cabría que alguien dijese: aun cuando Dios no podía hacer a sus ángeles semejantes o iguales a sí, sin embargo habría podido, si lo hubiese querido, darles tal perfección para que no anhelasen nunca su belleza. Pero no quiso hacerlo, porque ellos recibieron de Dios el libre albedrío, o sea, la libre facultad o la libre potestad de anhelar y de no anhelar su belleza y grandeza a discreción. Ahora bien, ello contradice todo lo que se ha dicho con anterioridad, esto es, que Dios no pudo hacer a sus ángeles perfectos hasta el punto de que no anhelasen su belleza y grandeza, por el hecho de que no pudo en modo alguno hacerlos semejantes o iguales a sí.

[...]

Por lo tanto, se ha de concluir que los ángeles antedichos no recibieron de Dios el libre albedrío, gracias al cual habrían podido evitar totalmente el anhelo. Y sobre todo no de un Dios que conocía perfectamente el futuro, en cuya mente es imposible que no acaezca lo que debe acaecer, con todas las causas que lo determinan. Tanto más cuanto que, si hay un único principio primordial, éste es la causa suprema de todas las causas. Se deduce necesariamente que, en base a la antedicha teoría, Dios sería la causa primordial de todo anhelo y también de todo mal, según lo que ha sido escrito: “Aquel que proporciona la ocasión de un daño es considerado como causa del propio daño”.

* * *

El creador malvado

Así, resulta bastante claro para los sabios que este creador, que hizo exterminar sin piedad en el tiempo a un montón de hombres y mujeres con todos sus niños [el Dios del Antiguo Testamento], no es el verdadero. Sobre todo por lo que respecta a los niños, el asunto parece increíble: habida cuenta que éstos -según la creencia de nuestros adversarios [los católicos]- no tenían ni la ciencia para distinguir rectamente el bien del mal ni el libre albedrío, ¿cómo habría podido el verdadero Creador exterminar sin piedad en el tiempo a sus niños, dándoles la muerte más atroz? Tanto más cuanto el Señor ha dicho por boca de Ezequiel: "El hijo no llevará sobre sí la iniquidad del padre, mas el alma que pecare, esa morirá" [Ez 18, 20]. Ni Jesucristo, el Hijo fiel de nuestro Creador, enseñó a sus discípulos a que aniquilasen completamente en este mundo temporal a sus enemigos, sino que más bien les mandó hacerles el bien. Lo dice él mismo en el Evangelio del bienaventurado Mateo: "Habéis oído que se dijo a los antiguos: 'Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo'. Pero yo os digo: 'Amad a vuestros enemigos'" [Mt 5, 13-44]. No ha dicho: en este mundo temporal perseguid a vuestros enemigos, como hizo durante un tiempo vuestro padre, sino: "Amad a vuestros enemigos y haced el bien a aquellos que os odian: orad por los que os persiguen y os calumnian, para que seáis hijos de vuestro Padre, que está en los cielos" [Mt 5, 44-45], casi como si dijese: para que estéis en el amor de vuestro Padre, que está en los cielos, y al que pertenece esta obra de misericordia. Por lo tanto, el propio Hijo de Dios, Jesucristo, aprendió de su Padre a hacer en el mundo presente esta obra de misericordia, como dice, hablando de sí mismo, en el Evangelio de Juan: "No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino sólo lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que éste hace, lo hace igualmente el Hijo" [Jn 5, 19]. Así pues, es evidente que el Padre de Jesucristo no hizo exterminar en este mundo temporal a un montón de hombres y mujeres con todos sus niños; precisamente porque este Dios es "el Padre de las misericordias y el Dios de todo consuelo" [2 Cor 1, 3], como señala el Apóstol [Pablo] a los Corintios.

Giovanni di Lugio. El libro de los dos principios."

Dedicado especialmente al forista Espartaqus con el que sostuve una conversaciòn acerca de estos puntos referentes al albedrìo en las criaturas de Dios. Nada en este mundo tiene el poder para hacer lo que quiere, sino obrar en consecuencia a los accidentes que le van ocurriendo. Y esto no es algo que comparto por la mera teorìa, es algo que se comprueba examinando nuestra vida y fijàndose en las pautas que sigue a cada suceso. Y es que no hace falta estar en el sendero espiritual para confirmar algunas cosas: una persona que se convierte en asesina, que en su vida ha tenido jamàs la posibilidad de hacer otra cosa, que sòlo ha vivido para delinquir ¿donde puede estar el albedrìo de tal criatura, y como puede sostenerse tal infamia que es el espìritu quien decide que estilo de vida quiere para sì si no goza de tal albedrìo?. Vale decir que todos somos un accidente, y que ùnicamente Dios en su providencia puede otorgarnos la salvaciòn mediante la Luz, y hacer que esta creaciòn corrupta sea iluminada y asì ser un mensajero de Dios en el mundo, tal como Jesùs y muchos otros iluminados. Por eso no temàis al juicio del mundo, pues nuestros dìas aquì son contados.

Saludos.

Publicado: Lun Sep 19, 2011 3:54 pm
por Tit08
DEL LIBRE ALBEDRÍO



De la ignorancia de muchos

"Como mucha gente, envueltos en las tinieblas de la ignorancia, afirman que todos los hombres, tanto los que son salvados, como los que no lo serán nunca, han tenido "el poder" de ser salvados y "hubieran podido" lograr su salvación, deseo refutar con argumentos totalmente verídicos, su opinión tan vana. Pregunto en primer lugar a los ignorantes que respondan a esta cuestión: ¿Podemos hacer, en un momento determinado, lo que no hemos hecho, lo que no se hace, lo que no se hará nunca? Si contestan: no, admiten que es imposible que lo que no puede tener lugar en ningún tiempo tenga lugar un día.

Entonces les propongo esto: He aquí un hombre que no hizo nunca el bien para poder ser salvado, que tampoco lo ha hecho en la actualidad y que no lo hará nunca. Según lo que acabamos de decir, es imposible que jamás, haya podido hacer el bien para ser salvado; luego el poder de salvación no estuvo nunca en él, y no tuvo nunca el libre albedrío gracias al cual hubiera sido salvado, ya que el poder de salvación no estuvo nunca en él. Según la opinión de los ignorantes, debe ser juzgado por Dios, pero, ¿sobre qué lo juzgará Dios, si no tuvo jamás la posibilidad de salvación, ni el poder de hacer el bien para ser salvado como acabamos de admitir? Vemos así cuán frágil es la teoría de aquellos que pretenden que todos los hombres, los que son salvados y los que no lo serán nunca, han recibido la salvación en potencia, y hubieran podido ser salvados, como se ha dicho más arriba.

Pero los ignorantes pueden responderme: este hombre hubiera podido hacer el bien, si hubiera querido, aunque no lo haya hecho, no lo haga hoy y no deba hacerlo nunca; únicamente no ha querido. Y es precisamente esto, en efecto, lo que dicen los ignorantes. Al igual que hice en cuanto al "poder", ahora les interrogo acerca de la voluntad. Por ejemplo, un hombre que no tuvo nunca la buena voluntad -la de hacer el bien con vistas a obtener su salvación-, que no la tiene tampoco hoy y que no la tendrá jamás. Que me digan si alguna vez este hombre ha estado "en potencia" de tener la buena voluntad en consecuencia de la cual hubiera sido salvado. Si me contestan: no, porque no ha demostrado nunca esta voluntad y no la mostrará jamás, como se ha dicho anteriormente acerca del poder, y como es la verdad, deben admitir, a la vez que, si no ha tenido nunca en potencia la buena voluntad que le hubiera permitido salvarse, sin duda alguna no ha tenido nunca tampoco el poder de hacer su salvación, ya que, sin buena voluntad, nadie puede ser salvado. Luego, no ha habido nunca en él ni la posibilidad de querer el bien ni la posibilidad de hacer el bien para ser salvado.

Siempre de la misma manera, les interroga acerca del conocimiento. He aquí un hombre que no ha tenido nunca la facultad de discernir el bien del mal, lo verdadero de la falso, facultad que hubiera podido salvarlo; no la tiene actualmente y no la tendrá jamás. Y sin ninguna duda, son numerosos, en el mundo, los que están en ese caso. Si los ignorantes me conceden, como lo han hecho con el poder y con la voluntad, que nunca ha tenido y que no tendrá jamás esta ciencia del bien y del mal gracias a la que hubiera podido salvarse, deben reconocer también que jamás ha estado en poder de tenerla. Por consiguiente, nunca ha tenido el poder de ser salvado porque sin discernimiento, nadie puede serlo. Así pues, según lo que está establecido anteriormente, no ha habido nunca en este hombre, ni la posibilidad de ser salvado, ni la posibilidad de querer y de conocer el bien de forma que fuera salvado, y por este razonamiento se encuentra eliminada la teoría de aquellos que piensan que Dios juzgará a los hombres sobre el libre poder (que tendrían) de discernir el bien del mal; y que aquellos que no serán salvados tienen, sin embargo, en ellos mismos, la salvación en potencia.

Y si, todos a la vez, los ignorantes exclaman:

"El hombre ha recibido ciertamente el poder de hacer lo que, sin embargo, no hace, no ha hecho y no hará nunca. Ha recibido ciertamente esta voluntad que no ha tenido, que no tiene y que no tendrá nunca; y también esta ciencia del bien y del mal, que no ha tenido, no tiene y no tendrá nunca", no puedo hacer otra cosa que decirles: Y bien, si es así, nada nos impide afirmar que se puede hacer de un macho cabrío un papa de la iglesia de Roma; ni cambiar todo lo imposible en posible. Con una manera de razonar semejante podemos atribuir perfectamen al hombre el deseo de arder en el fuego eterno, de sufrir todos los males o los peores tormentos; nada se opone a que se le dé la sabiduría perfecta del verdadero Dios, completa y absolutamente, tal como la posee él mismo... Pero, estas son palabras locas y vanas imaginaciones. Ya que, en verdad, si lo qu nunca ha sido, no es y no será nunca, "podía" llegar a serlo, y existía en potencia, absoluta y esencialmente, se deduciría, sin ninguna duda, que los ángeles y todos los santos "podrían" transformarse en demonios, y los demonios en ángeles de la gloria; que Cristo podría convertirse en el Diablo, y el Diablo en Cristo glorioso. Todos los "imposibles" podrían ser, todos existirían en potencia. Tendríamos que ser muy mentirosos para afirmar tal cosa y bien tontos para creerla.

Y he aquí la razón: es exacto que un hombre tiene en efecto el "poder" de hacer lo que ha hecho, todo lo que hace, todo lo que hará en el futuro. Esto ha estado o está ahora en potencia en él. Pero lo que no ha hecho, no hace, y no hará nunca, no es "posible" que lo haga: de ninguna manera esto está -o ha estado- potencialmente en él. Ya que lo que no pasa nunca a acto, no podemos decir en buena lógica, que está de alguna manera en potencia.

Segunda apostilla

Para traer a la existencia de todos los seres que fueron, son o serán, pongo únicamente dos condiciones como necesarias, a saber: la necesidad de ser y la imposibilidad de no ser; y esto es cierto, al grado máximo en el caso del pensamiento divino que conoce absolutamente desde la eternidad, todo el pasado, todo el presente y todo el porvenir. Si Dios sabe, en efecto, que alguna cosa va a ocurrir, antes de que sea, es imposible que no ocurra. Igualmente, no podría saber que debe ocurrir, si fuera posible que no ocurriese nunca. Si -por ejemplo- se sabe, cuando Pedro está aún vivo, que debe morir hoy, es preciso necesariamente que muera hoy, ya que es imposible que esté en situación de morir hoy y que no muera. Porque antes de que el no muera, actuaba ya en él la necesidad de morir y la imposibilidad de no morir. Ha sido siempre por lo tanto necesario que Pedro muera hoy e imposible que no muera hoy para aquel que conoce absolutamente todas las razones que le hacen morir hoy.

Otro argumento (contra el libre albedrío)

Mucha gente cree que Dios ha creado a sus ángeles buenos y santos. ¿Sabía o no sabía antes de que existiesen que llegarían a ser demonios? Si no lo sabía, Dios no es perfecto, ya que no conoce todo el futuro. Pero ningún sabio creerá posible esto. Dios sabía, pues, sin ninguna duda, antes ya de que lo fuesen, que sus ángeles llegarían a ser demonios, porque el primer Hacedor es inteligencia perfecta y conoce perfectamente lo que va a ocurrir en tanto es posible que ello ocurra, como lo demuestra Aristóteles en el tercer libro de la Física, donde dice que todas las cosas están presentes para el Primer Hacedor. Luego, una necesidad de ser y una imposibilidad de no ser han determinado a los ángeles antes de su creación. A partir de entonces, ha sido siempre imposible, absolutamente, que no llegaran a ser demonios, sobre todo para la sabiduría de Dios en quien todo lo que fue, es y será, queda eternamente presente, como acabamos de decir. ¿Con qué argumentos y con qué atrevimiento, los ignorantes pueden sostener que los mencionados ángeles habrían podido permanecer buenos y santos eternamente, con su Señor, cuando esto había sido imposible en Dios que conoce todas las cosas antes de que sean hechas, como dijo Susana en el libro de Daniel: "Dios eterno, que penetráis lo más recóndito y que conocéis todas las cosas, antes mismo de que sean hechas" (Da., XIII, 14). Debemos concluir de ello, sin ninguna duda, que todo está creado necesariamente en el Primer Hacedor. Las cosas que existen son las que han recibido de él el ser y la potencia de ser, y al contrario, las cosas que no existen son las que no han recibido el ser y no pueden de ninguna manera acceder al ser. Y esto destruye la teoría de aquellos que sostuvieron que los ángeles habían tenido a la vez el poder de pecar y el de no pecar.

El libre albedrío es irreconciliable con la creación de nuevas almas y con el Juicio Final

A decir verdad, la teoría mencionada no podría, a mi parecer, concordar con las ideas de los que creen que únicamente hay un principio principial, y esto porque piensan que almas nuevas o espíritus on creados cada día, y que el Señor debe juzgar sobre aquello que harán según el libre albedrío, los buenos y los malos, los grandes y los pequeños. (Lo demuestro:) Que contesten a mi pregunta: ¿Serán las naciones, como creen ellos, reunidas ante Dios? Si esto es cierto, habrá allí una multitud innumerable de niños de todas las razas, de cuatro años o de menos de cuatro años, y también una enorme cantidad de mudos, de sordos, de simples de espíritu que no han tenido nunca la ocasión de hacer penitencia y que no han recibido nunca del Señor el mínimo poder para practicar la virtud, ni el menor conocimiento de lo que es el Bien. ¿Cómo -y por qué razón- el Señor Jesús podrá decirles: "Venid, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Pues tuve hambre y me habéis dado de comer, tuve sed y me habéis dado de beber, etc." (Mt., XXV, 34-35), cuando no habrán tenido absolutamente nunca el poder de obrar de esta forma, cuando no habrán hecho nada parecido, y de esta manera las palabras de Cristo serían totalmente falsas al serles aplicadas? Nuestros adversarios dirán quizás: Serán condenados para toda la eternidad. Pero les responderé: Esto no puede ser según vuestra concepción del libre albedrío. ¿Cómo, efectivamente podría el Señor decirles: "Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno, que ha sido preparado para el Diablo y sus ángeles? Pues tuve hambre y no me habéis dado de comer, etc... (Mat., XXV, 41-42)". Podrían defenderse con razón invocando precisamente el libre albedrío: no pudimos hacer nada -dirían- de lo que esperábais de nosotros, porque no nos habíais dado, de ninguna manera, ni el poder de hacer el bien, ni el conocimiento del Bien. Y es así como la teoría del libre albedrío está contradicha por lo que piensan nuestros adversarios por otra parte.

He oído sostener otra teoría espantosa. Algunos de entre ellos creen que los niños que mueran el mismo día de su nacimiento, y cuyas almas han sido -según ellos- nuevamente creadas, serán condenadas a sufrir unos suplicios que durarán eternamente, hasta el fin de los siglos y de los que no podrán librarse nunca. Es verdaderamente una cosa chocante que se atrevan a enseñar que Cristo debe venir a juzgar a los hombres sobre lo que hayan hecho por libre albedrío, cuando es claro -como acabamos de mostrar- que no existe absolutamente en ellos el libre albedrío.

El Libro de los dos principios. Capìtulo referente al Libre Albedrìo"

Vàlido es cuestionarse todas las cosas y no darlas por hechas. El no-libre albedrìo en las criaturas es un hecho que se manifiesta en nuestro diario vivir, y es que es absurdo pensar que una persona puede tener dentro de sì la posibilidad de obrar conforme al dictamen que ha recibido de lo alto y esto no se lleve a cabo. Si una persona fue mala siempre (entendiendo esto de forma vana como hacemos en este mundo) y no tuvo en sì la posibilidad de cambiar, ya sea por un medio externo o algo potencialmente existente en sì, entonces tal persona no tenìa ninguna posibilidad de hacer mas.

Y es que preguntense, de conocer Dios todos los tiempos y todo lo que seràn sus criaturas ¿no es tonto pensar que uno pueda obrar conforme a su pensamiento?. Si Dios tiene predispuesto algo, entonces eso tiene que suceder si o si, recordad como Pilatos mismo no tenìa mas poder del que se le habìa dado de arriba. Igual Judas. Conclusiòn, al hombre solo le suceden las cosas y no puede evitarlas. Y en esto estan incluìdas todas las cosas que tiene el mundo.

Ningùn maestro espiritual SERIO puede admitir que Dios no conozca el porvenir de sus criaturas. Y si esto es asì, se elimina todo rastro de albedrìo que, segùn algunos, forma parte de todos los seres.

Primero se conoce lo humano, luego plasmad en papel todas sus revelaciones y dadlos a personas con capacidad de discernimiento, no vaya a ser que caiga en manos de ociosos que malinterpreten lo que con buena fe hizo otro.

Saludos.

Publicado: Dom Oct 23, 2011 10:14 am
por Tit08
Aquì un cientìfico alemàn se muestra a favor de la teorìa del no-albedrìo en los seres. Aquì el resultado de sus investigaciones:

El director del instituto alemán Max Planck para la investigación cerebral, Dr. Wolf Singer, afirmó que desde el punto de vista neurobiológico, el ser humano carece de libre albedrío, ya que el cerebro es el encargado de tomar las decisiones.

El ser humano se diferencia de los animales por su capacidad de decidir, sin embargo, para los científicos que se encargan del estudio de los procesos cerebrales, la idea del "hombre libre" es cada vez más difusa.

Singer destacó que aquello que el ser humano experimenta como una decisión, no es otra cosa que la justificación posterior de cambios de estado que de cualquier forma sucederían, porque la información para tomar decisiones se basa en la experiencia propia.

El neurólogo alemán dijo que los últimos resultados del estudio del cerebro no son tan deprimentes porque "lo que voy a hacer de ahora en adelante es la consecuencia de eso que soy yo".

Para el científico alemán, el cerebro no toma decisiones de manera arbitraria, sino que éstas se basan en experiencias acumuladas.

El especialista en neurología subrayó que el cerebro cuenta por completo con la iniciativa, y que no sólo reacciona como una máquina a los estìmulos del exterior.

Recordó que anteriormente los científicos creían que en algún lugar del cerebro se hallaba la conciencia, y que en ella se concentraba toda la información y se comparaba para tomar decisiones.

"Actualmente está comprobado que no existe tal centro porque el cerebro trabaja de manera descentralizada", sostuvo.

"Desde el punto de vista de las ciencias naturales todavía no es comprensible de ninguna manera cómo puede crearse la conciencia a partir de la unión de átomos. A pesar de eso, todos sabemos que existe", enfatizó.

El neurólogo señaló que el ser humano tiene que aprender a vivir con esta contradicción y a acostumbrarnos a que existen dos modelos descriptivos que se contraponen: por un lado las situaciones subjetivas y por otro los hallazgos de las ciencias naturales.

El científico alemán resaltó que "nosotros somos los últimos que se enteran de lo que nuestro cerebro tiene la intención de hacer", y agregó que existen ya varios experimentos que lo confirman.

Uno de esos experimentos es el que el investigador estadounidense Dr. Benjamin Libet llevó a cabo para medir la distancia temporal entre la acción y la decisión voluntaria.

Según el investigador, el sentimiento de que se realizó un movimiento con intención se produce exactamente 350 milésimas de segundo después del movimiento.

El filósofo francés René Descartes (1596-1650) escribió que el libre albedrío le permite al ser humano aceptar esta idea y rechazar aquella, y con ello describió la idea aún válida de que el hombre se conforma de dos sustancias muy diferentes: el cuerpo y el espíritu.

Descartes creía que las dos sustancias tendrían que estar unidas de una manera, pero según el filósofo, el espíritu puede concebir una determinación que el cuerpo tiene que llevar a cabo, o también algo que el cuerpo ve, provoca que el espíritu reflexione.

Sin embargo, Descartes nunca se pudo explicar cómo funcionaba esta unión, y lo que creyó más probable fue que el "puente" se localizaba en algun lugar del cerebro.

El Dr. Wolf Singer señaló que si la sociedad descarta el concepto del libre albedrío se tendrá que reflexionar sobre el trato que se les dará a los comportamientos erróneos, a la culpa y al castigo.

"Por supuesto no todos los actos criminales se pueden disculpar bajo el argumento de que el culpable 'no pudo hacer nada para evitarlo', no obstante, es necesario tomar en cuenta un nuevo punto de vista", agregó el cientìfico alemán.


Es algo que pueden confirmar analizando vuestras propias vidas. Hacedlo, no disponemos de mil años para andar perdiendo la vida de forma ociosa, para poder tener ALBEDRÌO, es necesario rechazar a la sociedad y empezar a domar el cuerpo. Recordad que nosotros vamos por etapas, y lo que aprendamos de chicos, con probabilidad serà lo que seamos cuando crezcamos. Si esto es asì, ¿donde està el albedrìo? ¿se basa en lo que otros te ofrecen, mas no en tu opiniòn como ser?.

Esforzarse por ser independiente (no en el sentido social, sino en el psicològico) es lo ùnico que nos puede deparar un sentido a la vida.

Saludos.

Publicado: Dom Nov 06, 2011 2:47 am
por Tit08
En 1970, el Dr. Benjamin Libet reconocido fisiólogo de la Universidad de California, realizó un experimento que originó un intenso debate acerca del problema del libre albedrío. Hasta el día de hoy estas investigaciones son la piedra de tranca para los que defienden la idea de que el hombre es dueño de sus acciones. El Dr. Libet conectó un electrocardiograma (EEG) a un grupo de voluntarios solicitándoles que movieran sus manos cuando ellos así lo desearan. Los EEG reportaron la activación en el cerebro de conexiones asociadas con esos movimientos. La sorpresa que arrojó este experimento fue que esas conexiones se registraron medio segundo “antes” del momento en que el sujeto decidía conscientemente iniciar el movimiento.



Estudios como estos se han repetido innumerables veces con los mismos resultados poniendo en evidencia cómo la “decisión” de iniciar el movimiento es tomada por el cerebro antes que nosotros la tomemos. Esto quiere decir que hay una inversión en la percepción del movimiento y la decisión misma: primero aparece la percepción del movimiento por parte del cerebro y luego la decisión, a diferencia de lo que se suponía de que primero surge la decisión conciente por parte del sujeto y luego la percepción del movimiento por el cerebro. Esto implicaría que los procesos neurológicos inconscientes son anteriores y preceden decisiones conscientes y totalmente espontáneas. Son éstos los que en realidad “causarían” los actos a voluntad. La decisión vendría a ser por tanto totalmente inconsciente a pesar de que nosotros creyéramos lo contrario.



Las implicaciones filosóficas de estos experimentos son importantes. Si esto es así como Libet demostró, si el cerebro ya ha tomado los pasos necesarios en iniciar una acción “antes” de que nosotros siquiera estemos conscientes del deseo de realizarla, los procesos inconscientes y no la conciencia, serían los verdaderos iniciadores de los actos volitivos por lo que no podríamos hablar de libre albedrío como tal.



Ante la controversia que estas conclusiones trajeron a raíz de estos experimentos Libet indicó que el único libre albedrío del que se pudiera hablar es el de la capacidad que tenemos de “vetar” la decisión del cerebro. Hasta cierto punto afirmó podemos evitar realizar la acción sugerida por el cerebro, por ejemplo cuando vetamos nuestro deseo de comernos un dulce apetitoso.



El problema con estas discusiones es que deben comenzar por clarificar cómo es o quién es este sujeto que toma las decisiones o si se puede en primer lugar hablar de un sujeto, de un “self” como tal. La idea del libre albedrío está directamente vinculada a la noción de sujeto, si no puede hablarse de un “self” no tiene sentido hablar de libre albedrío, no hay nadie que decida ni nada que decidir.



De cualquier manera estos resultados son un ataque contundente a la noción de libre albedrío. Los que defienden esta postura sostienen que el libre albedrío no es más que una ilusión. Creemos que decidimos cuando en realidad esta decisión ya fue tomada de antemano sin nuestro consentimiento. Como sostiene el Dr. Wegner de la Universidad de Harvard: “El libre albedrío es una ilusión, una ilusión muy persistente”, sostiene, comparándola con el truco del mago que ha sido visto una y otra vez. “A pesar de que sabemos que es un truco, caemos siempre en la trampa y nos dejamos engañar”.



Una vez Isaac Bashevis Singer comentando sobre el tema del libre albedrío dijo lo siguiente:

“Claro que creo en el libre albedrío. ¡No tengo otra opción!”


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No hace falta ser un experto ni haberse graduado en materias cientìficas, revisad en vuestras vidas, no solo por lo que sois, sino TODO, desde las decisiones que tomàis y como tratàis a las personas, y luego se comenta. El ego dirà que es libre, !claro!, quien puede dominar a ese lado indomable, que se cree que vive por siempre, pero la realidad, LA REALIDAD, demuestra otra cosa. Es mas, nosotros mismos (no nuestros egos vulnerables), al percatarnos de estas incongruencias seguro nos reiremos como hienas en celo. Con esto nos daremos cuenta de que hemos heredado pura basura, inservible en el camino del conocimiento, que solo ocupan una pequeña porcion de nuestro ser, pero que debe ser convenientemente eliminador para que no se convierta en un càncer.

Repasad vuestras vidas, y analizadlas a fondo. Ya nos daremos cuenta, estudiando algo tan bàsico, si hemos sido libres desde que iniciamos hasta esta etapa. Pero, EH, no conviene tomar solo lo lindo, tambièn lo feo juega un papel aquì. Tomemoslo todo para poder llegar a la comprensiòn y no solo lo que las mentes dormidas os piden.

Saludos.

Publicado: Dom Nov 06, 2011 11:17 am
por casiopea
El libre albedrío se refiere a la bella posibilidad de tener un cien por cien de posibilidades de elegir, según nuestra voluntad y nuestro raciocinio, una de las diferentes situaciones que se nos plantean en nuestra vida. A todos nos parece entrañable la libertad de expresión y elección, sin embargo, el hecho de vivir condensadamente, provoca que tengamos que llevar a cabo unos axiomas de comportamiento para la posibilidad de una buena convivencia lejana a la anarquía. Eso induce que la palabra "libre" deje de poseer sentido.
En lo único que creo es en la mente, no en el espíritu. La mente suele tener diferentes características según nuestra educación y las circunstancias de nuestra vida. Así, cada persona, según su religión, suele creer que sus decisiones sobre las distintas posibles acciones, son perfectamente libres. Sin embargo, esa libertad está enredada en pensamientos, que por miedo, respeto, o simpatía, dirigen su sentido. ¿Pueden definirse como personas que poseen libre albedrío?, ¿No parecen, más bien, personas que disfrutan de un albedrío ya creado y definido? Las decisiones que tenemos que llevar a cabo en nuestra vida, están irresistiblemente definidas por diferentes necesidades creadas fuera de nuestra mente, son necesidades comunes entre la mayoría de las personas para poder convivir, por tanto, nuestra libertad queda limitada. Esa libertad queda también definida por la importancia, dentro de nuestra convivencia, en la que podamos existir (Un presidente del gobierno tendrá seguramente menor capacidad de libres decisiones por tener que ser representante de una mayoría. No es libre, y su libre albedrío es descartado).
Aun así, tengo la certeza de que es beneficioso ser más libre que el resto de las personas con las que convivimos. Deseo que tu lo seas, porque ello dará a entender que le gusta pensar, que eres filósofo, y que destacarás ante sus conciudadanos. Realmente te lo puedo asegurar, porque si filósofos, o científicos de la antigüedad, hubieran permanecido bajo una gran red, sin destacar por su libertad, aún continuaríamos siendo defectuosos seres sin evolución. (Lee lo que le ocurrió a Galileo contra la iglesia que definía dicha red, la destrucción de los mitos Griegos gracias a Sócrates, Platón y Aristóteles, La destrucción de la Iglesia católica en el cerebro de los seguidores de Nietzsche...)
Entramos entonces en una gran controversia: si todos fuéramos poseedores de libre albedrío, la convivencia, a causa de nuestras diferencias, sería imposible. Si todos fuéramos enredados con fuerza (como los terroristas) por ideas, de lugares ajenos a su mente, la evolución sería imposible. Por ahora, vence la realidad de una mayoría enredada en múltiples arraigadas ideas, religiones, políticas, sectas... individualismo.
Yo he ido deshaciéndome de muchísimos enredos que poseía sobre mi mente, la religión, el misticismo, los misterios espirituales, la mala o buena suerte, Dios. Todo gracias a la lectura de múltiples y diferentes ideologías de distintos filósofos. La mayoría de mis ideas suelen permanecer en lugares diferentes de la mayoría, y las decisiones son distintas, por lo que podría definir que mi libre albedrío se acerca, a medida que destrozo mi red. Sin embargo, estoy segura de que yo misma estaré formando una red, a la que yo llamo libertad, y provocará mi libre albedrío.

Saludos

Publicado: Dom Nov 06, 2011 4:07 pm
por Tit08
Es que ahì està el sentido de esta enseñanza, que uno mismo provoque este llamado "albedrìo", desprendiendose de las tantas cadenas que nos aprisonan en el mundo, para asì volverse conciente de las cosas tal como deberìa ser. O quizàs no deba ser asì, y sea necesario que una gran muchedumbre permanezca en tinieblas respecto a esta "iluminaciòn", ya que en buena medida y viendolo desde mi propia perspectiva, la raza humana (o como se llame) estarìa destinada a desaparecer, cosa que no va acorde con el sentido instructivo que tiene esta dimensiòn fìsica.

Como sea, si hay una idea que se ajusta perfectamente a la condiciòn humana es la de que no dispone de un criterio interno capaz de discernir por cuenta propia, y por tanto, incapaz de pensar en el sentido real de la palabra. Es asì como este mundo ha llegado a ser lo que es, y es por eso que no creo que el conflicto se resuelva jamàs, ya que se requiere de un despertar general, en que todas las mentes se sobrepongan a las limitaciones con las que fueron moldeadas.

Aunque desde luego no puedo emitir un juicio sobre eso, tiene en parte algo de sentido lo que enseñaba Gurdjieff (que a su vez lo aprendiò de otros), el que una persona no construya sus propios cuerpos interiores, no puede soportar el golpe de la muerte, igual que un borracho no puede evitar caer inconsciente. Esto es relativo ya que lo que nuestros ojos ven es un cuerpo, pero no sabemos que otras causas de fondo, la mente es muy compleja como para ponerle un fin justo al momento de abandonar este plano.

Saludos.

Publicado: Lun Nov 21, 2011 8:11 pm
por Tit08
Una conversaciòn que sostuvieron Ouspensky y Gurdjieff, en el cual se tocan ciertos asuntos referentes al HACER dentro de la vida cotidiana. Es muy difìcil hacerse una idea acerca de sus comentarios si anteriormente no se ha empezado uno mismo a desautomatizar, lo que es decir, observar nuestras reacciones en determinadas situaciones, donde entran los deseos, creencias, gustos personales, anhelos, fobias, etc.

Quienes ya hayan puesto en pràctica ciertos consejos que he dado (siempre sin la intenciòn de obligar, que quede claro eso) podràn haber visto los resultados y darse cuenta de su situaciòn anterior, tal como me ocurriò hace unos meses atràs. La cuestiòn no es creerse las palabras de Gurdjieff ni frustrarse por sus conclusiones, sino observar que tipo de reacciones desencadenan en nosotros mismos, porque con eso ya tendremos algunas claves de nuestras contradicciones.

Como todo, pudo haber sido un charlatàn renegado de la vida, que se inventò estas cosas para poder tener una entrada econòmica, pero sus ideas, aprendidas en su mayorìa -y segùn los biògrafos- por escuelas secretas del sufismo tienen una enorme relevancia para quienes luchan por dominarse a si mismos. Y es porque nos pide luchar concientemente para que lo que somos se percate de su real situaciòn en el mundo y pueda luchar por descontaminarse.

Sin mas, aquì la conversaciòn entre maestro (Gurdjieff) y alumno (Ouspensky):

Ha quedado grabada en mi memoria otra conversación. Le preguntaba a G. lo que debería hacer un hombre para asimilar su enseñanza.

—¿Lo que debe hacer? exclamó como si esta pregunta lo sorprendiera. Es incapaz de hacer nada. Ante todo, él debe comprender ciertas cosas. Tiene miles de ideas falsas y de concepciones falsas, sobre todo acerca de si mismo, y si algún día quiere adquirir algo nuevo, debe comenzar por liberarse por lo menos de algunas de ellas. De otra manera lo nuevo sería construido sobre una base falsa y el resultado sería aun peor.

—¿Cómo puede un hombre liberarse de las ideas faltas? pregunté.
Dependemos de las formas de nuestra percepción. Las ideas falsas se producen debido a las formas de nuestra percepción.”
G. negó con la cabeza, y dijo:

—Nuevamente habla usted de otra cosa. Usted habla de errores que provienen de las percepciones, pero no se trata de esto. Dentro de los límites de las percepciones dadas, se puede errar en mayor o menor grado. Como ya lo he dicho, la suprema ilusión del hombre es su convicción de que puede hacer. Toda la gente piensa que puede hacer, toda la gente quiere hacer, y su primera pregunta se refiere siempre a qué es lo que tiene que hacer. Pero a decir verdad, nadie hace nada y nadie puede hacer nada. Es lo primero que hay que comprender.
Todo sucede. Todo lo que sobreviene en la vida de un hombre, todo lo que se haré a naves de él, todo lo que viene de él —todo esto sucede. Y sucede exactamente como la lluvia cae porque la temperatura se ha modificado en las regiones superiores de la atmósfera, sucede como la nieve se derrite bajo los rayos del sol, como el polvo se levanta con el viento. “El hombre es una máquina. Todo lo que hace, todas sus acciones, todas sus palabras, sus pensamientos, sentimientos, convicciones, opiniones y hábitos son el resultado de influencias exteriores, de impresiones exteriores. Por sí mismo un hombre no puede producir un solo pensamiento, una sola acción. Todo lo que dice, hace, piensa, siente, todo esto sucede. El hombre no puede descubrir nada, no puede inventar nada. Todo sucede.


“Para establecer este hecho, para comprenderlo, para convencerse de su verdad, es necesario liberarse de miles de ilusiones sobre el hombre, sobre su ser creador, sobre su capacidad de organizar conscientemente su propia vida, etc., etc. Nada de esto existe. Todo sucede: los movimientos populares, las guerras, las revoluciones, los cambios de gobierno, todo esto sucede. Y sucede exactamente de la misma manera que todo sucede en la vida del hombre como individuo. El hombre nace, vive, muere, construye casas, escribe libros, no como él lo quiere, sino como esto sucede. Todo sucede, el hombre no ama, no odia, no desea — todo esto sucede.
“Pero ningún hombre le creerá jamás si usted le dice que él no puede hacer nada. Nada se le puede decir a la gente que le sea más desagradable ni más ofensivo. Es particularmente desagradable y ofensivo porque es la verdad y porque nadie quiere conocer la verdad. “Si usted lo comprende, nos será más fácil hablar. Pero una cosa es captar con el intelecto que el hombre no puede hacer nada, y otra es sentirlo «con toda su masa», estar realmente convencido que es así, y no olvidarlo jamás.
“Esta cuestión de hacer (G. recalcó cada vez esta palabra) hace surgir además otra cuestión. A la gente le parece siempre que los otros nunca hacen nada como debiera ser, que los demás hacen todo al revés. Invariablemente cada uno piensa que podría hacerlo mejor. Ninguno comprende, ni siente la necesidad de comprender que lo que actualmente se hace de cierta manera —y sobre todo lo que ya ha sido hecho— no puede ni podía haber sido hecho de otra manera. ¿Ha notado usted cómo hablan todos de la guerra? Cada uno tiene su propio plan y su propia teoría. Cada uno opina que no se hace nada como debería hacerse. Sin embargo, en realidad, todo se hace de la única manera posible.
Si tan sólo una cosa pudiera hacerse diferentemente, todo podría llegar a ser diferente. Y entonces quizá no hubiera habido guerra.
“Trate de comprender lo que digo: todo depende de todo, todo está relacionado, no hay nada separado. Por lo tanto, todos los acontecimientos siguen el único camino que pueden tomar.
Si la gente pudiera cambiar, todo podría cambiar. Pero son lo que son y por lo tanto las cosas también son lo que son.”
Esto era muy difícil de tragar.
—¿No hay nada, absolutamente nada, que pueda hacerse? pregunté.
—Absolutamente nada.
—¿Y nadie puede hacer nada?
—Eso ya es otro asunto. Para hacer hay que ser. Y ante todo hay que comprender lo que esto significa: ser. Si continuamos estas conversaciones, usted verá que nos servimos de un lenguaje especial y que para ser capaz de hablar entre nosotros, hay que aprender este lenguaje. No vale la pena hablar en la lengua ordinaria porque en esta lengua es imposible comprenderse. Esto le sorprende. Pero así es. Para llegar a comprender es necesario aprender otro lenguaje. En el lenguaje que habla la gente, no puede comprenderse. Usted verá más tarde por qué esto es así.
“Luego uno debe aprender a decir la verdad. Esto también le parece extraño; usted no se da cuenta que hay que aprender a decir la verdad. Le parece que bastaría desearlo o decidir hacerlo. Y yo le digo a usted que es relativamente raro que la gente diga una mentira en forma deliberada. En la mayoría de los casos creen que dicen la verdad. Y sin embargo mienten todo el tiempo, tanto cuando quieren mentir como cuando quieren decir la verdad. Mienten continuamente, se mienten a sí mismos y mienten a los demás. Como consecuencia, nadie comprende a los otros ni se comprende a sí mismo. Piénselo, ¿podría haber tantas discordias, tantos malentendidos profundos, y tanto odio hacia el punto de vista o hacia la opinión de otro, si la gente fuera capaz de comprenderse? Pero no pueden comprenderse porque no pueden dejar de mentir. Decir la verdad es la cosa más difícil del mundo; habrá que estudiar mucho y durante largo tiempo, para un día poder decir la verdad. El deseo por sí solo, no basta. Para decir la verdad, hay que llegar a ser capaz de conocer lo que es verdad y lo que es mentira, ante todo en si mismo. Pero esto es lo que nadie quiere saber.”


Saludos y mediten lo que sea necesario sobre estas cuestiones. Sin afirmarlo, sin negarlo, solo lean lo escrito si asì lo desean y repasad lo que ha llegado a ser la vida de cada uno a ver si esto arroja alguna respuesta a sus interrogantes. Puede que sì, puede que no.

Publicado: Mar Nov 22, 2011 1:55 pm
por Tit08
http://diariodelmagus.blogspot.com/2011 ... rdido.html

Pero eh, amigos, que todo se basa en experiencias. Permìtanse dudar de todo, es lo mas sano que puede uno hacer. Con una lectura atenta lograràn darse cuenta de las cosas como son.

Saludos.

Publicado: Mar Nov 22, 2011 6:10 pm
por Odin
Estoy totalmente de acuerdo, en la conversacion entre Ouspensky y Gurdjieff, y tambien en todo lo dicho en el enlace que has puesto despues, y te pregunto, o casi lo afirmo, ¿todo esto tiene libre interpretacion? lo digo porque para mi explican perfectamente lo que pienso desde hace tiempo, pero me parece que contradice opiniones que tu tienes con respecto a otros temas.
Por lo que no se si lo pones aqui, por poner algo, o porque realmente lo crees asi.

Un saludo

Publicado: Mar Nov 22, 2011 7:04 pm
por Tit08
Odin escribió:Estoy totalmente de acuerdo, en la conversacion entre Ouspensky y Gurdjieff, y tambien en todo lo dicho en el enlace que has puesto despues, y te pregunto, o casi lo afirmo, ¿todo esto tiene libre interpretacion? lo digo porque para mi explican perfectamente lo que pienso desde hace tiempo, pero me parece que contradice opiniones que tu tienes con respecto a otros temas.
Por lo que no se si lo pones aqui, por poner algo, o porque realmente lo crees asi.

Un saludo
Desde luego que sì, tiene libre interpretaciòn. Igual, ya he reiterado que por muy atractiva que me resulte una ideologìa no permito que se posesione de mì hasta hacerme defenderla como un fanàtico religioso. Lo que es mas pràctico y efectivo es aplicar los mètodos que proponen (que en el fondo, por mucho que las palabras tiendan a llevarnos a pensar que son diferentes, en realidad son lo mismo) para uno darse cuenta dentro de su propia vida si es cierto o no lo que sostenìan tales escritores. Y ciertamente, no es el solo hecho de observar todas estas cosas, sino tambièn sentir que hay un cambio de mentalidad operando en nosotros mismos, que al final de cuentas es lo que importa.

Siempre fuì susceptible a lo que dictaminan los dogmas religiosos u a cualquier cosa que suene a imposiciòn (igual que la pràctica totalidad de la humanidad), por eso por mucho que postee acerca de temas variados, la realidad, mìa, es muy distinta. Lo que no quiere decir que lo expuesto en los temas que he abierto sea una inutilidad; podràn serlo a la larga, cuando ya en nuestro interior estemos convencidos que ha supuesto un cambio total respecto a nuestro anterior ser, pero para iniciarse, es recomendable. Porque, y hablando desde mi perspectiva ya pasada, entiendo que para muchos sea harto difìcil toparse con ideas que le provean de un cambio que les permita apreciar su existencia en su totalidad y no solo las partes que mas nos complacen, justamente lo que me ocurrìa a mi y tuve que aprender a ver que hasta lo malo tiene un porquè, por mucho dolor que nos cause y por mucho que uno quiera negarlo.


Saludos.

Publicado: Mié Nov 23, 2011 4:01 pm
por Invitado
Odin escribió:Estoy totalmente de acuerdo, en la conversacion entre Ouspensky y Gurdjieff, y tambien en todo lo dicho en el enlace que has puesto despues, y te pregunto, o casi lo afirmo, ¿todo esto tiene libre interpretacion? lo digo porque para mi explican perfectamente lo que pienso desde hace tiempo, pero me parece que contradice opiniones que tu tienes con respecto a otros temas.
Por lo que no se si lo pones aqui, por poner algo, o porque realmente lo crees asi.

Un saludo
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