INTIHUASI -por Orencio Julio Correas

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Alejandra Correas Vázquez
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INTIHUASI -por Orencio Julio Correas

Mensaje por Alejandra Correas Vázquez » Sab May 03, 2014 12:18 am

INTIHUASI
oooooo
La CASA del SOL y los RITOS LUNARES
CÓRDOBA - República Argentina

(Toponimias del Turismo
Indígena Pre-Hispano)
(5)

Por el Mayor Orencio Julio Correas

Ninguna región de nuestro país (Argentina) ofrece para el profesional estudioso o simple investigador, una toponimia más complicada que la de nuestra provincia de Córdoba, en razón de las diversas corrientes turísticas, no me refiero a la época actual, sino también a la pre-hispana, como muy bien lo cita mi distinguido amigo Dr. Rodolfo Ferrari Rueda en su valioso libro “Córdoba Histórica”, que hace honor a las letras cordobesas.

Ferrari Rueda, hombre estudioso y apasionado investigador del pasado cordobés, señala con felicísimo acierto la importancia turística que tenía Córdoba en la época indígena, y para mayor fuerza de sus narraciones transcribe conceptos bellísimos del eminente historiador Rvdo. Padre Dr. Pablo Cabrera, que dice: “hordas y caravanas indígenas de nacionalidades diversas, unas procedentes de comarcas diaguitas, de Cuyo, de la Pampa, del estuario y otras del Chaco, de las fronteras de Jujuy y aún del propio Atacama, llegaban a estas tierras atraídas por las bellezas de sus sierras, su clima y la abundancia de frutas y mieles que en ellas encontraban haciéndoles grata y feliz su estadía”.

Pero no sólo el pasar un veraneo agradable y frugal era lo que atraía y obligaba a trasladarse a las tribus indígenas a las sierras de Achalay, había dos factores más importantes que hay que tener en cuenta. El primero lo constituía el aprovisionarse de la sal necesaria para la consumición de todo el año, que la adquirían en las Salinas Grandes, al norte de la provincia cordobesa.

Sobre este elemento recogí datos muy interesantes, ya que se trataba de una industria de grandes beneficios para las tribus que ocupaban la región de las salinas, y que no eran otras que los indios de Quilino, industria que hasta hoy perdura.

Estos indios tenían, por así decirlo, el monopolio de la sal, y nadie que no fueran ellos mismos tenían derecho a recogerla.

El cacique principal repartía entre los caciques subalternos su predio salinero y durante todo el año cada uno de éstos se ocupaba en recolectarla dentro de su predio para comerciarla, en trueque de tejidos y otros elementos que traían las diferentes tribus, para adquirirla. Quien trataba estos trueques y los recibía, era únicamente el cacique principal, que los repartía de acuerdo a las necesidades de todas las familias que componían la tribu, y el rendimiento aportado por el trabajo realizado en el año.

El otro factor lo constituían los actos religiosos, políticos, de gobierno y mando, sociales, de justicia, relaciones o litigios y unidad de comunicaciones entre las tribus, etc., que se llevaban a cabo en los alrededores de Puca-Torco (hoy Cerro Colorado) (1), donde está INTIHUASI (Casa del Sol) (2), actual Departamento Río Seco, y a la altura de la unión de límites con los Departamentos cordobeses de Sobremonte y Tulumba.

Hago así esta aclaración detallada de la ubicación del lugar que corresponde a este toponímico, para que el lector no se confunda con una estancia denominada “Inti Huasi” que queda a unos 50 kilómetros al sudoeste, aproximadamente, y que nada tiene que ver con la verdadera INTIHUASI (Casa del Sol)

Es lamentable que se deba llegar a estos detalles aclaratorios de lugares históricamente conocidos, porque hasta en el mapa oficial de esta provincia de Córdoba, confeccionado por la Dirección de Catastro, figura Inti Huasi, contigua al Cerro Colorado, con su traducción “Casa del Sol”, y en cambio al toponímico “Inti Huasi” lo aplica a la estancia citada, que no tiene ningún valor ni antecedente histórico, a no ser el de haber acreditado con este nombre, una marca comercial.

La Dirección de Turismo debería tomar nota de esto, porque el turista o persona interesada en conocer o visitar este monumento histórico del arte nativo, denominado Inti Huasi, no puede adivinar el lugar en que se encuentra, y conozco muchos casos en que engañados por los planos o croquis confeccionados en base al mapa citado, se dirigen a la estancia mencionada, para volver después sobre lo andado, buscando camino propicio para llegar a la verdadera INTIHUASI, debido a la desidia e incomprensión de los funcionarios que tomaron parte en la confección de esa zona del mapa, por no decir ignorancia de los lugares históricos más sobresalientes que tiene esta provincia, que deben ser objeto de signos convencionales especiales, fijados por la cartografía.

Como son muy pocos los datos que se tienen sobre estos datos de los nativos de la era pre-hispana que se llevaban a cabo en esta provincia, doy traslado de estas simples narraciones a los señores historiadores por si les interesa profundizarlas, o comprobarlas.

Mucho tiempo antes, (quizás más de un siglo), de la caída del Imperio Inca, se llevó a cabo en el “Cuzco”, (capital de dicho imperio), una gran reunión o congreso al que asistieron, citados por el Inca, todos los caciques principales, adonde asistieron entre otros los caciques de las provincias norteñas argentinas actuales: Córdoba, San Luis, la Rioja y Catamarca.

El objeto de este congreso fue unificar las ideas de gobierno, religión, comercio, comunicaciones, relación entre tribus, fijación de límites entre las mismas, a la vez que prestar acto de fidelidad y sumisión ante el Emperador Inca, que presidía estas reuniones.

Pero lo más interesante para nuestra provincia cordobesa, que se trató allí, fue la resolución de que en la jurisdicción de gobierno o dominio de los indios Camineguas debería levantarse o construirse un templo religioso para la adoración al Sol y a la Luna donde todos los años, y por un período lunar, debían acudir las tribus que tenían representación en ese congreso.

La fecha de esta concentración anual coincidía, más o menos, con el primer período lunar de la entrada del verano, que posiblemente sería a mediados de diciembre.

Se eligió la jurisdicción de los indios Camineguas porque ella se encontraba en un lugar intermedio o muy cercano del paso de las caravanas indígenas del norte, los diaguitas del oeste, Sanavirones y Comechingones del sud, que pasaban anualmente para cargar la sal que les proveían las tribus de Quilino.

Pareciera ser que esta resolución se tomó por el voto y beneplácito unánime de todos los caciques, por las razones antedichas y porque esa zona de los Camineguas contenía todas las comodidades que se necesitaban para estas grandes concentraciones aborígenes; valles hermosísimos con abundancia de agua de ríos, arroyos, vertientes, apropiados para la instalación de los campamentos, y la gran cantidad de animales (guanacos, venados y corzuelas, etc.) necesarios para la alimentación de las mismas, así como también abundancia de aves de caza y vegetales de toda naturaleza, que ellas consumían.

Para la construcción del templo, el Inca designó varios sacerdotes, practicándose en él ornamentaciones y pictografías diversas de arte incaico, que perduran hasta hoy.

Terminados estos trabajos volvieron algunos sacerdotes y los obreros al Cuzco, quedando en él dos o tres sacerdotes que eran los designados, para la atención del culto y gobierno de las tribus, regresando así al Inca.

Los Camineguas fueron designados para la custodia y servicios del templo, formando con tal objeto un plantel de hombres fuertes y muy diestros en el manejo de las armas pues recibían una constante instrucción de combate, a la vez que se los entrenaba en diferentes ejercicios de resistencia física.

De igual manera y como todas las tribus contaban con una admirable organización de “Chasques”, (mensajeros), que recibían una instrucción especialísima para cumplir tan delicada misión. Eran expertos conocedores del quetchua, a la vez que de todos los dialectos de las tribus que dependían del gobierno central de INTIHUASI; conocían al detalle todos los accidentes del terreno que circundaba la misma, de tal manera que cualquiera de ellos podía cumplir su misión por diferentes sendas o caminos hasta el lugar al que se dirigían, y donde estaban las “Pascanas” (postas de descanso y relevo de chasques), allí se encontraban los chasques de relevo que llevaban el mensaje al destinatario después de distintas etapas cumplidas de esta manera en muy breve tiempo.

Al reunirse anualmente todas las tribus en esa zona, y al iniciarse el segundo período lunar de la entrada del verano, empezaban las grandes ceremonias religiosas que tenían una lucidez extraordinaria. Las tribus todas ejecutaban sus mejores músicas y cantos de las regiones a que pertenecían, turnándose de acuerdo al programa que preparaban los sacerdotes del Inca, a la vez que bailaban en el centro de la gran pista preparada a tal efecto, y que presidían los Sacerdotes nombrados por los Caciques principales.

Pasadas estas ceremonias, quedaba tratar en el Congreso Regional todos los asuntos que debían resolverse de común acuerdo; y si no se llegaba a un arreglo satisfactorio de las partes en litigio, lo resolvían en Concilio Religioso de los Sacerdotes del Inca, cuyos fallos eran inapelables y debían cumplirse en nombre del Inca y por respeto y acatamiento divino al Soberano Mundial el Dios INTI (El Sol).

Se tenía fijado otro día para recibir los presentes o regalos que hacían los Caciques al Inca, por intermedio de los Sacerdotes que los recibían ceremonialmente, quedando en exhibición todo el día.

Estos presentes consistían en minerales preciosos, tejidos y obras de mano especialmente confeccionadas para el Inca.

Terminadas todas estas ceremonias al finalizar el período lunar, las tribus quedaban en libertad de retirarse para dirigirse a los lugares que deseaban, o acostumbraban a pasar el verano.

Pocos días después el sacerdote encargado de entregar al Inca los presentes de los caciques, salía con las “llamas” cargueras, (camélido sudamericano), que se las consideraba sagradas porque pertenecían al Emperador, fuertemente custodiadas por los soldados Camineguas, hasta la jurisdicción de la tribu más cercana que relevaba la custodia, y así sucesivamente hasta llegar al Cuzco.

GLOSARIO

(1) Puca, colorado, rojo punzó – Torco; cerro.
(2) Inti: El Sol – Huasi: Casa

Mayor Orencio Julio Correas

Diario LOS PRINCIPIOS – Miércoles 26 de enero de 1949

PD. Como un comentario sobre este valioso trabajo puede decirse que esta zona centro-norte del territorio argentino fue incorporada al Imperio Incaico, poco antes de la conquista española, y tuvo como dato importante la introducción de los dos Templos Sagrados incaicos, el de Inti y el de Quilla, tan importantes en Cuzco, o sea los templos del sol y de la luna, que vemos reflejados en los rituales religiosos aquí descriptos.

Alejandra Correas Vázquez

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Ars Longa Vita Brevis

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