ATLÁNTIDA- El Argumento Geológico- por J.Alvarez López

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Alejandra Correas Vázquez
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ATLÁNTIDA- El Argumento Geológico- por J.Alvarez López

Mensaje por Alejandra Correas Vázquez » Jue Abr 24, 2014 4:01 pm

ATLANTIDA
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El Argumento Geológico (Los Sedimentos Marinos)

por José Alvarez López

Hace un siglo la posibilidad de existencia de la Atlántida platónica fue descartada por un argumento científico basado en el estudio del suelo marino del océano Atlántico. Era lógico pensar que debía ser la ciencia geológica quien tuviera la palabra definitiva en un problema que mucho tenía que ver con los fondos marinos.

Si la Atlántida hubiera existido y luego desaparecido, era lógico pensar que de ello habrían debido quedar profundos rastros en la estructura del suelo atlántico. El estudio del problema a cargo de los geólogos de comienzo del siglo XX terminó en un veredicto definitivo: La Atlántida no pudo existir en el Océano Atlántico, pues una alteración de la magnitud requerida para semejante catástrofe no pudo ocurrir en fecha más reciente que cien millones de años.

La pretensión platónica de ubicar Atlántida en una fecha distante de nosotros de 11.500 años, era un absurdo inaceptable. Atlántida, en opinión de los geólogos, no podía ser otra cosa que una leyenda.

Los autores serios que se ocuparon del problema de la existencia de Atlántida adoptaron este punto de vista científico con total unanimidad, y como ejemplo de este tipo de razonamiento podemos citar a un escritor autorizado como P. Herrman quien se expresa respecto del problema en los siguientes términos:

“En su zona oriental, o sea en la región donde debió hallarse la Atlántida, el suelo marino se compone de una capa de 3500 metros de espesor de la llamada arcilla roja abismal, un estrato constituido principalmente por las conchas rojas del “plancton” animal muerto. Como es sabido que este tipo de precipitación necesita mil años para conseguir un espesor de siete milímetros, resulta que se necesitaron quinientos millones de años para conseguir dicho espesor de 3500 metros. Allí no hay, pues, lugar para la Atlántida”.

El estudio de este problema se fue perfeccionando con los años y hacia 1950, P. H. Kuenen publicó el más importante estudio de la materia en su obra “Geología Marina”. En líneas generales, los resultados de Keunen coincidían con los planteos anteriores, pero eran más precisos y minuciosos. Tenían en cuenta, por ejemplo, el efecto de compactación de los fondos marinos, lo cual reducía la altura de los sedimentos. En otro orden de ideas, calculó el total del sedimento arrojado por los ríos a los mares y en base a ello obtuvo una cifra de Dos Mil Millones de años para la obtención del recubrimiento de 3500 metros de espesor anteriormente mencionado.

Era de esperar que cuando fuera posible hacer una completa inspección de los fondos marinos los valores medidos experimentalmente coincidirían con las cifras de Kuenen tan rigurosamente obtenidas.

Para quienes no están en contacto con los métodos de la exploración geológica de los océanos, es importante aclarar que el método de estudio de los fondos marinos por medio de sondeos y “sacamuestras” es en extremo dificultoso, pero desde 1950 se han desarrollado métodos mecánicos que permiten extraer unos 3 metros de muestras de sedimentos en un tubo con pistón, hundido en el fondo del mar.

La geología marina sacó provecho para este tipo de exploraciones de los métodos y dispositivos desarrollados por las compañías petroleras que extraen petróleo del fondo del mar. Estas operaciones se han desarrollado solamente en plataformas continentales de poca profundidad. Los sondeos en mares profundos siguen siendo extremadamente lentos y dificultosos, por lo cual hasta hace medio siglo teníamos una reducida información sobre la constitución física de los sedimentos de los fondos marinos.

Pero a partir de la fecha señalada de 1950 se propagó rápidamente un nuevo método —también desarrollado por las compañías petroleras— para el estudio de los sedimentos de los fondos marítimos, que consistía en medir la velocidad del sonido a lo largo de diferentes tipos de suelo.

Como es sabido, este método es empleado exhaustivamente para la prospección petrolífera en tierra firme. Al efecto, se hace detonar una carga subterránea y se mide, con sismógrafos, en diversas direcciones, la propagación de las ondas producidas por el explosivo.

Con las consiguientes modificaciones, un método similar permite medir la velocidad de propagación de las ondas producidas por una mina submarinas colocada a cierta profundidad y cuyos ecos son medidos desde sensores colocados en barcos ubicados al efecto.

La Discontinuidad de Mohorovici
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Este método ha permitido un acelerado y completo sondeo del fondo de los mares y ha acumulado una abundante información al respecto. El conjunto de esta información ha producido una completa revolución en las ideas que se tenían acerca de los fondos marinos que, ahora sabemos, estaban completamente equivocadas.

Algunos de los aspectos revolucionarios de esta prospección por ondas sónicas son conocidos del público que ha leído en revistas y diarios informaciones sobre le “Discontinuidad de Mohorovici”, principalmente por el proyecto, a lo Julio Verne, originado en este asunto, de perforar un pozo de 10 kilómetros en el fondo del mar.

En una forma general, el fondo del mar se compone de un cierto espesor de los sedimentos. Debajo de una capa sedimentaria se encuentra otra, llamada “corteza”, de mayor consistencia, de un espesor de alrededor de 10 kilómetros o menos. Esta capa rocosa termina en la “Discontinuidad de Mohorovici” llamada generalmente “Moho”. Este “Moho” se ubica debajo de los continentes a mayores profundidades que en los mares, alrededor de 30 kilómetros. Debajo de la discontinuidad se encuentra la roca profunda o “Manto”.

El estudio de estas capas geológicas se hace midiendo la velocidad de propagación del sonido en ellas. Así, por ejemplo, el sonido se mueve en la capa sedimentaria a una velocidad de 2.000 metros por segundo. En la capa rocosa (corteza) a una velocidad de 5.000 metros por segundo. Y debajo del Moho (en el manto) a una velocidad de 6.600 metros por segundo. La medida de los sedimentos marinos hecha con estos métodos ha resultado una sorpresa.

El Impacto de las Computadoras
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A este interés presente por un mayor conocimiento de los fondos marinos debemos agregar la creación de una Agencia para la Explotación Internacional de los Minerales Marinos, dependiente de la ONU y que ha iniciado la explotación del manganeso de los nódulos submarinos.

Es ya posible prever un rápido avance en este campo y, para confirmar esta previsión, se produce actualmente una profunda revolución en los métodos de prospección petrolífera submarina en donde han hecho irrupción los sistemas de “discriminación” por computadoras, que permite una limpieza de la señal, totalmente desprovista de “ruidos”.

Pues bien, este procedimiento ha sido aplicado al estudio de las cintas magnéticas obtenidas con el “sonar” en los fondos marinos y ha permitido una eliminación de parásitos tan grande que es ahora posible observar directamente la naturaleza, profundidad y ubicación, de los depósitos petrolíferos marítimos.

Igualmente representa un aporte revolucionario la supresión de las explosiones usadas hasta aquí, como fuentes de ondas sonoras para el estudio de los sedimentos y fondos marinos. En lugar de ello, simples chispas eléctricas emiten una cantidad de ondas que permiten una más rápida y más eficiente exploración de las estructuras submarinas, que después habrán de ser sometidas a las computadoras para su “limpieza”.

En las medidas efectuadas se descubre que los sedimentos marinos no suelen pasar de los 300 metros de espesor. En vastas extensiones de los océanos no aparece ningún sedimento. Esto coincide con fotografías obtenidas del fondo del mar que muestran a los nódulos de óxido de manganeso, que permanecen en los fondos oceánicos desde hace más de 100 millones de años, sin ningún sedimento sobre ellos.

Solamente en algunas zonas costeras y en proximidad de cañones y plataformas continentales se encuentran sedimentos del espesor calculado por Kuenen. Todo esto plantea un arduo problema a la oceanografía: ¿Son falsos los cálculos de Kuenen?

Se tiende a admitir ahora, se piensa, más bien, que los océanos son sumamente jóvenes. El océano no tendría en todo caso más de 200 millones de años —una edad geológicamente más reciente. Para acentuar este curioso y revolucionario punto de vista aparece el hecho de que no se conocen en el fondo marino restos fósiles anteriores al Cretáceo. Ello significaría que los mares existen sólo desde hace unos 100 millones de años, en contra de la idea hasta ahora admitida de una existencia anterior a los 2.000 millones de años.

El debate está planteado y es motivo de discusión entre los especialistas en la materia. Sin entrar nosotros en él, nos bastará señalar que si la Atlántida existió, debió estar en la llamada “Dorsal Mesoatlántica”, en la cual, según los varios tipos de sondeo, el espesor de los sedimentos es nulo. La teoría de los sedimentos, que imposibilitaba la existencia de Atlántida, no fue más que un error geológico.


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Ars Longa Vita Brevis

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