RIQUEZAS DE ATLANTIDA por J. Alvarez López

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Alejandra Correas Vázquez
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RIQUEZAS DE ATLANTIDA por J. Alvarez López

Mensaje por Alejandra Correas Vázquez » Sab Sep 28, 2013 12:05 am

Las Riquezas de la Isla ATLANTIDA
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por José Alvarez López


¿Quién era Critias?... Un discípulo de Sócrates y a la vez tío de Platón, y fue él precisamente quien le proporcionó el relato atlántico. Cuando terminó la Guerra del Peloponeso provocada por Atenas negándose a la paz propuesta por Esparta (la Gran Guerra minuciosamente descripta por Tucídides) los espartanos de acuerdo a sus leyes se retiraron del ática vencida, y dejaron gobernantes atenienses al frente de ella. Varios de los elegidos habían sido discípulos de Sócrates, entre ellos, Critias.

El diálogo platónico del “Critias” da forma final a la historia de Atlántida, (se usa aquí la traducción del griego de Francisco P. de Samaranch). A continuación Critias se explaya en antecedente del árbol genealógico de los reyes atlantes, dice que la isla era inmensamente rica y que su Casa Real era la más rica de todos los tiempos, para proseguir con los siguientes términos en su referencia a la producción minera de la isla:

“En primer lugar todos los metales duros y maleables que se pueden extraer de las minas. Primero aquél del que tan sólo conocemos el nombre, pero del que entonces existía además del nombre, la substancia misma: el Oricalco. Era extraído de la tierra en diversos lugares; era, después del oro, el más precioso de los metales que existían en aquel tiempo”.

“Análogamente, todo lo que el bosque puede dar en materiales adecuados para el trabajo de carpinteros y ebanistas la isla los proveía con prodigalidad. Asimismo ella nutría con abundancia todos los animales domésticos y salvajes. Incluso la especie misma de los elefantes se hallaba allí ampliamente representada. En efecto, no solamente abundaba el pasto para todas las demás especies, las que viven en los lagos, los pantanos y los ríos, las que pacen en las montañas y en las llanuras, sino que rebosaba alimentos para todas, incluso para el elefante el mayor y más voraz de los animales”.

“Por lo demás, todas las esencias aromáticas que aún ahora nutre el suelo en cualquier lugar, raíces, brotes y maderas de los árboles, resinas que destilan de las flores o de los frutos, las producía entonces la tierra y las hacía prosperar. Daba también los frutos cultivados y las semillas que han sido hechas para alimentarnos y de las que nosotros sacamos las harinas, sus diversas variedades las llamamos cereales”.

“Ella producía ese fruto leñoso que nos provee a la vez de bebidas, de alimentos y de perfumes; ese fruto escamoso y de difícil conservación hecho para instruirnos y para entretenernos, el que nosotros ofrecemos luego e la comida de la tarde, para disipar la pesadez del estómago y solazar al invitado cansado. Sí, todos esos frutos, la isla que estaba entonces iluminada por el Sol, los daba vigorosos, soberbios, magníficos en cantidades inagotables”.

En el primer párrafo de Platón se habla de un metal misterioso que siempre ha seducido la imaginación de los “Atlantófilos”: el Oricalco. Como puede verse por párrafos subsiguientes, no era el cobre ni el bronce ¿Qué podía ser entonces? Etimológicamente, oricalco significa “cobre de las montañas”, pero esto no aclara mucho en cuanto a la naturaleza del misterioso metal que sigue siendo un “monopolio” de Atlántida.

La abundancia de elefantes en Atlántida nos obliga a asociar este hecho señalado por Platón con las representaciones de elefantes en bajorrelieves mayas y olmecas de México precolombino. Como es sabido, el elefante no se conoció en América en las épocas citadas y su abundante aparición en los relieves y representaciones plantea un enigma arqueológico aún no resuelto ¿Los elefantes americanos fueron de origen asiático o atlántico?

En los pasajes que hemos visto referente a la alimentación nos habla de una isla feraz de clima subtropical, pero Platón se divierte intercalando dos acertijos no resueltos por ningún comentarista hasta ahora: el fruto leñoso que da bebidas, perfumes y alimentos, y el otro escamoso de poca duración, hecho únicamente para solaz y deleite. En la flora conocida por Platón en el Mediterráneo europeo el acertijo no tiene solución. Pero si nos referimos al cocotero, el cacao, la banana y el ananá, resolvemos el acertijo. Pero se nos aparece el problema de cómo Platón conocía tan bien estos frutos exóticos y centroamericanos.


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Ars Longa Vita Brevis

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