LO MORAL EN ASUNTOS CIENTÍFICOS Y TECNOLÓGICOS

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Walter David Rubiano M
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LO MORAL EN ASUNTOS CIENTÍFICOS Y TECNOLÓGICOS

Mensaje por Walter David Rubiano M » Mar Jun 12, 2012 2:41 pm

Existe una avalancha tecnológica en el horizonte, que eventualmente modifica el paisaje observable frente a los ojos del ser humano. Es una realidad que cada vez más, se trazan conexiones entre lo tecnológico y lo inmodificable para muchos, como nuestro cuerpo. A pesar de que no es un tema tan nuevo, y que dé él se ha hablado en numerosas ocasiones, considero que apenas se comienzan a dar los primeros pasos en el replanteamiento de la línea divisoria, entre lo que en este panorama un poco futurista, es considerado humano o lo que no. También se abre una discusión acerca de lo que estaría moralmente aceptado, o en caso contrario, rechazado por trasgredir las reglas establecidas.


Al mismo tiempo encuentro sugestivo el observar cómo se abren brechas entre un posible desarrollo tecnológico de características plausibles, y uno que incluso actualmente, se ve subordinado y criticado por la comunidad científica, por su aparente asalto a las normas morales que recaen sobre nuestro cuerpo. En ocasiones artistas como Sterlac (un poco extravagantes para la opinión de la mayoría), pareciera que arremeten contra las barreras de la moral, inmiscuyéndose en terrenos que hasta ahora, estaban delimitados por una tela de tabú en su estructura.


Estas experiencias donde nuestro cuerpo interactúa con instrumentos tecnológicos, he incluso se modifica a partir de estos, nos hacen redefinir el concepto de cuerpo humano y su supuesta incapacidad para desenvolverse con diligencia en este entorno artificial, creado en su mayoría por una sociedad adoradora de la tecnología y su matrimonio con la ciencia. Me resulta interesante pensar que nuevas formas de autodefinirnos como seres humanos, emanaran de semejante auge tecnológico.

Ahora bien, podríamos no limitarnos a modificaciones en la estructura del cuerpo humano, sufridas por la incorporación de algún dispositivo tecnológico en el, también es posible con ánimo de avivar el debate, tocar temas relacionados como las modificaciones genéticas. En años recientes una de las investigaciones biológicas más notorias ha sido el descifra miento del genoma, el código genético que estructura y da forma a la vida. En esta última década los avances han sido realmente insospechados, pues de partir del desciframiento de genomas de organismos más o menos simples, se llegó al polémico desciframiento del genoma humano, con el cual, se dejaron las puertas abiertas para posibles desarrollos en este campo, que incluso conllevarían a reescribir la vida como la conocemos.

Tomando como referente la problemática suscitada, Y si unimos a esto el debate no muy lejano de la orientación sexual de los individuos, y las diferentes estructuras familiares que se han formado en la actualidad, que difieren tanto del modelo clásico de núcleo familiar, dejaríamos en evidencia que la sociedad actual se enfrenta a múltiples encrucijadas morales producto de sus mismos inventos.


Considero que las viejas directrices que rigen la moralidad y que en ultimas, determinan lo que esta aceptado masivamente como bueno o malo, están cada vez más en entre dicho, y progresivamente se hacen obsoletas frente a los acelerados cambios de nuestra visión de nosotros mismos; obsoletas en el sentido de que en muchos casos estas reglas morales, afrontan una realidad social muy distinta de la que en un principio se tomó como base para su desarrollo .Esto me hace pensar que la forma en que nosotros como sociedad nos acercamos a esa realidad, con nuestros juicios de valor previamente condicionados por dicha moralidad, se presta para que etiquetemos como malo o al menos incorrecto, algunos procederes tan comunes hoy en día, como el conformar una familia con una persona del mismo sexo.


Esta segregación salta a la vista no solo en este caso en particular, sino también en innumerables ocasiones en que un individuo o un grupo de personas, sobrepasan lo moralmente aceptado. En este punto cabe resaltar, que cada vez más, grupos sociales en su mayoría conformados por jóvenes, expresan su rechazo a esta segregación de individuos diferentes por parte del grueso de la sociedad. Seria satisfactorio encontrar un escenario en el que la mayoría y no la minoría (como sucede actualmente), rechazaran al unísono cualquier tipo de discriminación.

Pero bien, para esto creo que se hace necesario revisar las normas que gobiernan el actuar de las personas, pues como dije anteriormente, dudo que muchas de estas reglas morales realmente apunten a exaltar la diversidad y el pensamiento diferente. No podemos obviar algo, y es que vivimos en una realidad compleja, en la que existen múltiples actores que condicionan el comportamiento humano, y lo que percibimos como aceptable o no. El gobierno, los medios masivos de comunicación, los tentáculos del capitalismo que penetran las fibras más íntimas de nuestro proceder, la educación que recibimos desde la escuela. Todos estos, son factores que acotan sistemáticamente nuestros actuar, lo que percibimos y como lo interpretamos.


En realidad observo que se nos hace muy difícil desligarnos completamente de nuestros juicios de valor, acerca de cualquier cosa que se nos presente ante nosotros. Por ejemplo si viéramos un individuo cruzando por la calle con un implante de oreja en su brazo, ¿podríamos no arrojar ningún juicio de valor sobre este? ¿O lo etiquetaríamos inmediatamente como loco, o subnormal?, Ahora bien, sin forzar tanto la imaginación, podríamos observar una pareja de hombres besándose en el parque, disfrutando de una tarde de sol junto a su hijo o hija, ¿sin emitir ningún juicio negativo al respecto?, Casi puedo ver la señora de edad pidiendo que le den aire, porque no puede creer semejante barbaridad según ella, o al señor murmurándole a oído a su esposa, vociferando con cierta arrogancia como si tuviera la verdad absoluta bajo sus palabras: “¿hasta dónde ha llegado esta juventud?” deberían detenerlos... o algo así. En fin, a la larga no los culparía tampoco, seguramente por las mentes de personas como estas, nunca ha pasado (ni pasara tampoco) un curso de antropología, las normas morales que aprendieron y aceptaron como verdaderas son las que los convencen de que ellos están en lo correcto, y los equivocados son los demás que no se comportan como ellos. Y en últimas les da el aval según su sistema de creencias, para juzgar a diestra y siniestra lo que no se asemeja a su modelo de lo normal, panorama no muy alejado de la cotidianidad.

Ahora, pasando este comportamiento marginador a una perspectiva tecnológica, posiblemente este sea una de las mayores dificultades en un avance de este campo que involucre la modificación del cuerpo humano. De hecho este rechazo se ha visto reflejado en algunos experimentos donde ha convergido la técnica y la ciencia, para hacer cosas que para los más conservadores se podría denominar “jugar a ser Dios”. Al parecer, no es para muchos aceptado el hecho de que por ejemplo se clone a un ser humano, cosa que en la actualidad no pertenece a una instancia futurista tan alejada. Si bien ahora no se me ocurre una utilidad práctica para clonar un humano (aunque seguramente sería algo bastante interesante), no logro entender por medios lógicos y coherentes que implicación negativa tendría en lo practico hacerlo, y más bien le atribuyo este rechazo general a un plano netamente moral.

Como este, son abundantes los casos en que esa barrera de lo moral, ha impedido acercarse de alguna forma, a objetos o situaciones sobre las que recae esta limitante. No en vano, muchas de las primeras investigaciones científicas hechas por los que hoy se consideran hombres sabios he ilustres, fueron hechas de manera muy circunspecta, donde la información obtenida era celosamente guardada por años, he incluso décadas, por temor a sanciones por parte de la institución dominante de la época, como la iglesia por ejemplo. Leonardo Da vinci estudio la anatomía humana participando en la disección de cadáveres, acto que para sus contemporáneos era no menos que aberrante y vulgar. Así mismo, grandes avances en disciplinas como la medicina, la física y la química, por nombrar algunas, se han alcanzado en prácticas reprimidas y rechazadas por la opinión pública de ese momento, y que curiosamente siglos después fueron vistas como “normales”. Pareciera ser que los avances en ciencia y tecnología van más rápido que el desarrollo de una nueva moral que los cobije.


Así las cosas, y teniendo en cuenta que sin lugar a dudas atravesamos la época más acelerada frente a los avances en materia tecnológica y científica, es importante comenzar a reflexionar sobre que moral realmente se hace necesaria para legitimar esta superposición entre el hombre y las maquinas. Porque de no hacer esto, podríamos revivir épocas en las que las mentes más brillantes debían ocultarse, o incluso retractarse de lo que para su entendimiento era lo más congruente y racional. Digamos que en este aspecto hemos logrado un avance significativo entendiendo que al menos, hoy en día no se ejecutan públicamente personas por esto, pero también es cierto que aún nos falta un camino largo para despertar la conciencia colectiva apuntando hacia una sociedad en la que se acepte el cambio, y además se celebren las diferencias en sus diferentes dimensiones.


Estamos siendo testigos de cambios estructurales en el modelo de procedimiento de la ciencia misma, donde dentro de esta, se comienzan a aceptar múltiples respuestas (incluso algunas contraponiéndose a otras), como posible solución a problemáticas esencialmente objetivas y que poco dan cabida al relativismo de lo subjetivo. Esto es una clara muestra de que incluso en los procedimientos más metodológicos y estrictos, se comienza a dar espacio, a diferentes perspectivas y soluciones. Esto no es más que el creciente abatimiento de la vieja idea de que solo existe una verdad absoluta, que describe una parte de la realidad por completo, si no que más bien es posible aceptar un conjunto de teorías que a partir de sus estructuras lógicas, describen esa misma realidad desde puntos de vista diferentes. Ahora, si esto ocurre en asuntos tan metódicos y objetivos como lo es la ciencia, ¿por qué pensar que poseemos la verdad absoluta y definitiva en temas tan subjetivos como la moral? Muchas veces eliminando tajantemente puntos de vista que difieren del nuestro.

En esta atmosfera de profundos y constantes cambios, creo que la moralidad no debe quedarse rezagada, y debe adaptarse con prontitud a esta nueva realidad. En la sociedad se deben proliferar ideas basadas en la libertad del ser y la conciencia, y no en la opresión o el juicio de los mismos. Es necesario vencer el profundo temor al cambio y la paranoia a lo diferente, donde la premisa sea la diversidad y la aceptación de esta. Abanderado de estos principios, creo que si son implementados a cabalidad, por lo menos serán caldo de cultivo para que futuras generaciones retomen con más éxito, la tan desvencijada misión de tener una sociedad más justa y evolucionada.

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