La posmodernidad y los recurrentes vértigos del ser

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Miguel Ángel Guerrero
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La posmodernidad y los recurrentes vértigos del ser

Mensaje por Miguel Ángel Guerrero » Dom Mar 11, 2012 12:00 pm

Los tiempos posmodernos como una adaptación a los recurrentes vértigos del ser

Por: Miguel Ángel Guerrero

Desde la década de los años sesenta en el siglo XX, cuando se comenzó a hablar de una época posmoderna, de la mano de autores como Jean Francois Lyotard, muchas personas se han preguntado si en verdad estábamos abandonando o no la época moderna. Ahora bien, el propósito del presente ensayo no es el de preguntarnos si en verdad estamos acariciando o no los contornos tiernos, o quién sabe hasta qué punto convulsos, de una nueva era, pues al respecto existe una gran variedad de artículos y ensayos publicados en distintos medios y desde una amplia variedad de disciplinas. El propósito del presente ensayo es un breve experimento. Un experimento que consiste en que hagamos de cuenta que sí, que desde hace algunos cuantos años la civilización humana ha atravesado una incierta y desdibujada línea de ruptura y que ahora, luego de la primera década del siglo XXl, nos encontramos, al menos en gran parte del mundo, en medio de una época posmoderna. Ahora bien, la segunda fase de este experimento consiste en que supongamos que nos hemos acostumbrado tanto a la posmodernidad, y a sus vicisitudes y a la pérdida de los grandes metarrelatos y de las ansias de verdad, que ahora, el alma humana tiembla profundamente ante la idea de poder tropezarse con alguna verdad o con algún sentido; o dicho de otra forma, el alma humana tiembla actualmente y como nunca antes ante la idea de poder encontrar algún orden entre tanto caos.

De lo anterior podemos inferir lo siguiente: el hecho de que si antes teníamos cierto miedo de perder los clásicos valores que sostenían la modernidad, tales como el orden, la familia y el progreso, hoy por hoy, lo cierto, es que, sin darnos cuenta, podemos tener interiorizado un miedo profundo y visceral que surge ante la idea, no de perder dichos valores modernos o de seguirlos perdiendo, sino de regresar a ellos.

Ahora bien, para hablar un poco de la posmodernidad y centrar de esa forma un poco más este ensayo, de acuerdo con Jean Francois Lyotard, la posmodernidad tiene algunos puntos esenciales. Se dice (de acuerdo con el autor citado) que esta se basa en una nueva capacidad de las personas para soportar lo inconmensurable, en un cambio de status del conocimiento por el cual el saber científico pasa a ser un discurso más de la sociedad, y en una férrea incredulidad con respecto a los grandes metarrelatos de la modernidad entre otros aspectos más (de acuerdo con Lyotard, los metarrelatos son grandes teorías o constructos epistemológicos que pretenden explicar o abarcar toda la civilización humana, tales como el socialismo o el cristianismo).

Por otra parte, autores posmodernos como Jacques Derrida, han llegado a hablar acerca de una crisis de sentido o de significado. Para Derrida, por ejemplo, el signo y la escritura en general pueden volverse independientes del contexto en el cual se crearon, lo cual quiere decir, para poner un caso, que una novela puede tener tantas versiones como lectores haya de ella, y que, en ese sentido, el signo no es absoluto ni inmutable. De ahí que se considere que el texto científico y el texto filosófico sean tratados por la posmodernidad como construcciones literarias, o, en otras palabras, como construcciones ficcionales.

Pero lo posmoderno, por si fuera poco, también tiene mucho que ver con una incredulidad con respecto a la historia y cualquier idea de finalidad que ella pueda tener en algún sistema filosófico. Eso, sin profundizar los suficiente en el hecho de que para autores como Vattimo, que ven la posmodernidad desde un punto de vista negativo, la época posmoderna no sea más que una trampa de la globalización que hace que las personas sean incapaces de ofrecer resistencia ante las fuerzas del mercado y el consumo.

Sea cual sea entonces el punto de vista desde el cual se aprecie la posmodernidad, lo cierto es que en ella las certezas y las instituciones modernas se desdibujan, y los discursos que las mantienen en pie comienzan a ser meras construcciones ficcionales. No obstante, como se ha anotado al inicio de este ensayo, la preocupación ya no es la de si la sociedad, tal y como hoy en día la conocemos, puede entrar o no en peligro de desquebrajarse ante la pérdida de las certezas que la mantenían en pie. La pregunta ahora es si hoy por hoy, que nos hemos habituado en gran medida a la perdida de sentido de la posmodernidad, puede llegar la sociedad a desquebrajarse y las personas a desorientarse si por los contingentes azares del destino aparece de repente alguna que otra verdad esencial.

Al respecto, no olvidemos el concepto de seguridad ontológica de Anthony Giddens, que dice que todas las personas tenemos ciertos supuestos básicos que nos permiten confiar en la sociedad y que permite que nuestros valores y nosotros mismos no nos desorientemos en la misma. Pues bien, en el presente ensayo se presenta la idea de que las seguridades ontológicas de la posmodernidad, son básicamente las seguridades de que todo es en buena medida una ficción y que los límites de muchas cosas, como nuestra presencia, por ejemplo, se han desdibujado. Respecto a lo que atañe a nuestra presencia, tal y como nos sugiere Harré R. en su texto The necessity of personhood as emodied being, con aparatos como el BlackBerry (o una Table), nuestro yo puede estar presente en muchos sitios diferentes y tomar parte en diferentes episodios a la vez.

Si partimos de todo lo que se ha dicho hasta ahora, bien podríamos llegar a afirmar que los supuestos sobre los que se asienta la posmodernidad se asientan bajo una forma que bien podríamos arriesgarnos a llamar: seguridad ontológica de la cotidianidad posmoderna. Una seguridad, tan cotidiana como posmoderna, que se ha formado gracias a una reciente capacidad de los seres humanos para adaptase a sistemas complejos y no del todo comprensibles. De ahí que la pregunta del presente ensayo sea la de, ¿qué pasa si perdemos nuestra capacidad de adaptarnos a verdades que se presentan de forma metafísica, esencial e inmutable, y solo nos quedamos con una adaptación compleja en donde las fronteras de muchas instituciones se hallan desdibujadas?

Es más, qué pasaría si cierto día no podemos llegar a estar en varios sitios a la vez en caso de que se presente la oscura situación de que fallen, por ejemplo, todos los Blackberrys del planeta. Qué podría pasar si de repente la sociedad deja de ser tan convulsa como lo es hoy en día y nos encontramos súbitamente ante un espacio de tranquilidad inesperada. Y, en un caso así, ¿cómo hacer entonces que los recurrentes vértigos del ser comprendan en qué consisten, así sea un poco, los seguros filamentos de la tranquilidad y la identidad?

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