DESESPERANZA EN LA VENTANA DE LA ESPERANZA

Ensayos, opiniones y debate general sobre todo tipo de temas que merezclan reflexiones...

Moderador: alegsa

Responder
Miguel A. Belagardi
Colaborador Estrella
Colaborador Estrella
Mensajes: 226
Registrado: Sab Ago 15, 2009 6:31 pm
Ubicación: Villa Carlos Paz. Cba. Argentina

DESESPERANZA EN LA VENTANA DE LA ESPERANZA

Mensaje por Miguel A. Belagardi » Dom Nov 08, 2009 3:21 pm

DESESPERANZA EN LA VENTANA DE LA ESPERANZA
(Pequeña historia de algún barrio)

Doña Coca vivía frente a mi casa en un barrio sin calles y nos separaba un pequeño parque con una vereda en mi puerta y otra vereda en su puerta.
Ella era de baja estatura y bastante excedida de peso, tenia cuatro hijos en edad adolescentes cuando la conocí y su esposo, un policía, la había abandonado para formar una nueva pareja. A mis veintitantos años me parecía una mujer vieja, aunque supongo que no tendría más de cuarenta y cinco años.
A pesar que ya ha pasado mucho tiempo puedo recordar el tono chillón de su voz saludándome amablemente cuando salía de mi casa -“Buen día Miguelito”
Nunca mantuve con ella una charla significativa, no puedo decir si era una mujer inteligente o no, lo que si puedo decir que me trataba con amabilidad y respeto, no creo que esto se debiera a que yo pudiera ser su hijo, me gusta mas imaginarme que me respetaba por la clase de vida que yo llevaba, de trabajo y cuidado de mi familia recién formada a diferencia de su soledad.
Según yo estimaba, doña Coca, vivía una vida de soledad.
Aunque parezca una exageración ella se pasaba desde las primeras horas de la mañana hasta el anochecer apoyada con sus dos codos en el marco de la ventana, con la mitad del cuerpo hacia afuera y la cortina de la ventana detrás de ella, solo se ausentaba de esa posición, legítimamente suya, por escasos minutos, por ejemplo al mediodía, suponiendo que estaba almorzando y en otras ocasiones por periodos muy breves. Cuando debía atender otras responsabilidades, cuando eso sucedía nos parecía que faltaba algo en el vecindario.
Suponemos que esa porción de su hogar era suya exclusiva porque no recuerdo que ninguno de sus hijos se posesionara del lugar cuando ella lo dejaba.
Algunas veces escuche criticas de algunos vecinos a su habito relacionándolo con un ávido interés de observar todo lo que sucedía en el vecindario, “es una chusma” decían algunas, otros, entre los que me cuento, no alcanzaban a discernir la costumbre sino relacionándolo con algo en su psiquis, tal vez una tristeza que la ahogaba en el interior de la casa.
No importaba si era verano, que en ocasiones llegaba a ser insoportable, o invierno con sus gélidas tardes, eso si en esas oportunidades casi siempre detrás del vidrio y entonces el saludo se limitada a un movimiento con las manos.
Su hijo mayor, solía excederse con las bebidas alcohólicas, esto originaba algunas discusiones con el resto de sus hermanos, momento en el que doña Coca giraba su cabeza hacia el interior y participaba de la discusión con algunos gritos de su voz que ya mencionamos chillona y que intentaban poner fin a la discusión.
Un día, le pidió a mi madre que por favor cortara los plátanos bananeros del parque que se habían vuelto muy grandes y de noche podía ser un lugar propicio para cualquier delincuente que buscara ocultarse, especialmente en mi barrio del gran Buenos Aires. Mi madre como era una mujer muy pacificadora accedió a cortarlos aunque les guardaba un profundo afecto a las plantas, el parque parecía arrasado sin los plátanos. La petición parecía lógica, pero dentro de mí siempre pensé que estos arbustos no le permitían a la ventana de Doña Coca una vista amplia del parque y sus alrededores. Me dio mucho gusto que ahora ella pudiera esperar sin obstáculos.
¿Estaba esperando doña Coca?
No me equivoco al asegurar que ella estaba en la ventana esperando, tal vez, el propósito de su vida, algo que le diera esperanza, que le asegurara que ella era valiosa para alguien, que era apreciada y se mantuvo alerta, seguro no quería que pasara por delante de su casa y ella no lo viera. Creo que ella misma no sabía como llegaría ni que esperaba, pero si que algún día pasaría.
Ya no esta doña Coca en la ventana, no tenia íntimos amigos, solo conocidos que la saludaban al pasar pero sin duda muchos estarán extrañando esa escena conocida, yo la extraño cuando paso frente a su ventana, pero no creo que halla encontrado nada antes de irse.
………¡Pobre doña Coca, nunca entendió que la esperanza no pasa por la ventana, llega desde adentro y sin pedir permiso se instala en el corazón!............
Miguel Ángel Belagardi
Última edición por Miguel A. Belagardi el Mar Dic 01, 2009 7:06 pm, editado 1 vez en total.

Avatar de Usuario
TAIA
Super colaborador
Super colaborador
Mensajes: 1351
Registrado: Mar Jun 09, 2009 11:26 pm
Ubicación: Argentina Bs .As

saludos

Mensaje por TAIA » Mié Nov 11, 2009 12:24 pm

!!!que bueno Miguel!!!! cuantas historias hay como esa!!! cuántas soledades esperando con esperanza ,sin darce cuenta que en verdad está en uno y si te encierras detrás de una ventana para solo mirar ,tambien solo serás mirada . me encantó un abrazo Miguel (taia)

Responder