-- Sensualidad --

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El Brujo de Letziaga
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-- Sensualidad --

Mensaje por El Brujo de Letziaga » Mié Abr 11, 2018 1:32 pm

Zapatos de aguja
Sobre cenizas de música
Oprimiendo la tierra que os codicia.

Miradas calientes de apetencia...
Que vislumbran a esos juncos que te calzan
Con su alborozada belleza.

Dos líneas erectas..., bajo el talón
tacto y resguardo
en duplicado escalofrío y a la vez torbellino.

¡Qué marcialidad por la acera!
Aquí no hay coba en su equivalencia
Hay freno y espuela.

Detrás de cada impulso
Se ajustan los pasos a la geometría
Con esa suela femenina.

Zapatos que descoyuntáis cuellos
De los individuos que relinchan lascivos
En su calavera urbanita.

Turbio destino cuando os llega el invierno
En la expresión opaca de un armario
Hasta el siguiente verano.



Comentario de autor:

La sensualidad es un atributo humano utilizado en muy pocas ocasiones y considero que es un error porque deberíamos usarlo más a menudo, lo cual nos permitiría disponer con el corazón y actuar con el alma viviendo de ese modo la espontaneidad que nos confiere una caricia, la dulzura de otorgar un beso y la bondad que rezuma un abrazo, o sorprender por ejemplo con una mirada seductora y vestir con una imagen sugerente.

No debiera ser repelente ni censurable. Lo sensual siempre debería ser bello, tierno, sano, hermoso, grato, lúcido, sensato...Es conferirse en positivo, es suministrar a los demás la energía que nos hace crecer. La sensualidad debería ser la magia de la vida...

Es por ello, que este poema nace un buen día que estaba fumándome un buen habano a la puerta de la taberna donde lo hago habitualmente con otros colegas, cuando vimos pasar una bella dama que caminaba con gran desparpajo y soltura sobre unos zapatos de aguja, que hacían que su figura se estilizase extrapolando a su periferia unas bonitas piernas pareciendo además que a cada paso que daba se iban a descoyuntar sus caderas. Todos torcimos el cuello como alma que nos lleva el diablo. La belleza y sensualidad de esa imagen sobre unos zapatos de aguja quedo grabada de forma imperecedera en mi mente y de esa situación ingenié este poema, plasmándolo de un modo algo sui-generis y espontáneo como también lo era el caminar de aquella dama.

¡Qué sensualidad y magia desprendía a su paso!

Saludos y perdón por la chapa.

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