Hospitalización

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malvadoduku
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Hospitalización

Mensaje por malvadoduku » Sab Jul 07, 2012 3:37 pm

Desperté en la cama de un hospital. Cuando me dormí estaba sobre la cama de mi casa. Al principio pensé que seguía durmiendo, que estaba soñando todavía. De todas formas, algo no encajaba. Nunca se es consciente de estar soñando, solamente se sabe de los sueños cuando se despierta. Quise gritar, mas no pude, sólo parecía abrir la boca, pero es que además el silencio era absoluto en aquella habitación blanca del todo. Moví los ojos. No había nada más en dicha habitación, ni si quiera una ventana, ni si quiera una bombilla, nada que hiciese posible la iluminación de la sala. Noté cómo me palpitaba el corazón, a cada instante con mayor velocidad. Entonces pensé que estaba muerto, en espera de ir al cielo o al infierno. Pensé en lo primero, pues sin egoísmos algunos, había llevado una vida correcta en todo momento, nunca había hecho maldades a otros seres humanos. Pero si estaba en tránsito hacia el otro mundo, ¿cómo me podía palpitar el corazón, respirar? dado que percibía también el oxigeno en los pulmones entrando y saliendo de los mismos. Intenté tranquilizarme, y lo logré, aunque no del todo. Tras dos minutos sin mover un músculo, sentí unas huecas explosiones en los oídos, como cuando tras llenarte los oídos de agua, ésta se va y luego vuelves a oír con normalidad; y efectivamente, volví a poder oír, muchas voces a mi izquierda, como tras una invisible puerta, pero no entendían lo que decían, porque eran muy rápidas, cuales ráfagas de metralletas. Instintivamente quise llevarme las manos a las orejas, pero no me respondieron … ¡Sólo podía mover los ojos! También podía cerrar los párpados, pero al verme en la mayor de las oscuridades como si estuviese bajo tierra y encerrado en un féretro a varios metros de profundidad, los abrí de inmediato. Nada había cambiado a excepción de que las voces habían desaparecido. De inmediato noté unas cosas que se movían por todo mi cuerpo, y muy pequeñas, y me imaginé que eran gusanos reptantes. Entonces recordé una frase muy típica: no es bueno vivir solo. Yo era una persona solitaria, y no tenía amigos, siendo lo peor de todo, que no me quedaba familia alguna. ¡Nadie se iba a preocupar por mí! ¡Estaba abandonado a mi destino! ¿Qué crueldad era aquella? Encima me iban a despedir del trabajo si tardaba mucho en escapar de allí. ¿O jamás regresaría? Me enfurecí como jamás me había enojado en toda mi vida. Quise levantarme, una y otra vez, pero no despegué de la cama ni una micra. Ya en la locura que me embargaba, intenté lanzar los ojos como misiles para que salieran de allí, una parte de cuerpo al menos. Entonces sentí resbalar gotas de sudor por las sienes. ¡Y todo se quedó en tinieblas con lo ojos abiertos como platos para ensalada!
-¿Se encuentra bien, caballero? - me preguntó una voz rasposa y muy alta.
-¿Qué ocurre aquí? ¿Dónde estoy? -pregunté con el corazón acelerado.
-Se encuentra usted en un hospital como debería saber.
-No me engañe. ¿Por qué quieren torturarme?
-¿Torturarle? ¡Por favor! Nada más lejos de la realidad. Tan solamente queremos ayudarle para que se recupere lo … mejor posible -dejó caer pesadamente como la losa de una tumba.
-¿Qué quiere decir? - el corazón me palpitaba tanto que creí se iba a mover al lado derecho del pecho.
-Ha tenido un grave accidente de automóvil. Tiene la columna vertebral hecha cachitos, como los cristales de un vaso que se a estampado contra el suelo. Prefiero decirle la verdad, a mentirle miserablemente. No volverá a moverse nunca jamás.
-No me haga reír, por favor- me envalentoné sin quererlo, si así puede decirse -. Eso es imposible. Hasta hace bien poco, posiblemente unos minutos, estaba durmiendo en la cama de mi casa. No tengo coche, ni jamás he conducido uno. Y más aún, nunca he ido en taxi, ni si quiera tengo amigos ni conocidos que me pudieran llevar en sus coches. Y todavía le digo más: veo perfectamente y esto no es un hospital.
-¿Qué ve usted perfectamente? Eso es imposible, porque ni siquiera tiene ojos, sólo las cuencas vacías. Además de paralítico, se ha quedado usted enteramente ciego.
-No me engañe, usted apagó la luz. ¡Y repito que jamás he ido en un coche, ni de copiloto!
-Está claro que incluso padece una alteración muy palpable de la realidad. En cuanto a la luz … ¿acaso me vio? No, ni mucho menos que le diera a un supuesto interruptor. Posiblemente le ayude escuchar la voz de su esposa, la cual se encuentra a mi lado.
-¡Seguro que no es mi esposa! ¡Nunca la he tenido! - aullé a punto de desmoronarme de nuevo.
-Todo lo que te ha dicho el doctor es verdad, cariño -dijo mi supuesta esposa con voz entrecortada, como si estuviese apunto de ponerse a llorar.
-¡Cállate! ¡No eres mi mujer! ¡Impostora del demonio! - grité enloquecido.
Percibí unos tacones de zapatos muy rápidos, alejándose a gran velocidad. Luego no recuerdo nada más hasta despertar otra vez en aquella sala vacía con la blanca luz iluminándola. Otra vez se apagó y recibí la vista de la que dijo ser una enfermera para ponerme una inyección en un brazo. Cuando se marchó regresó la luz. Así cientos de veces, siempre la oscuridad cuando venía alguien, y la luz cuando se marchaba. Ya he perdido la razón del tiempo si así puede decirse. Usted se preguntará cómo es posible que haya podido escribir esta historia, que afortunada o desgraciadamente todavía no a terminado. En realidad lo he escrito con la mente. Muy posiblemente el médico tenga razón, y si así es o no, ahora tengo un extraordinario poder que nadie tiene, meterme entre las páginas de cualquier libro, y manifestarme como un relato. También puedo meterme en las páginas de cualquier periódico o revista, o en donde simplemente haya palabras. Como pienso tan aprisa, ahora pienso meterme en cualquier escrito que tenga en su manos el médico, y tal vez después lo haga con mi supuesta esposa. Esto se va a poner mucho más divertido, ¿no cree? Las posibilidades son infinitas. Puedo incluso contar cosas que no tienen nada que ver con lo que me ha sucedido, o simplemente mentir por gusto. Desde que estoy aquí soy una persona nueva, y sin duda distinta a la que era. ¿Pero qué sucede? ¡No puede ser verdad! ¡Estoy escuchando voces de lamento! ¡Una voz es la de mi supuesta mujer! ¡Hay otras como de niños pequeños! ¡La del médico también está presente! ¡Todo está a oscuras! Supuestamente he muerto. ¡Va! Me río yo. Les perseguiré aunque sea desde el Infierno. Si usted me disculpa … pues mi entierro es sólo para los más allegados.

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