¿Bailamos?

Publicá aquí tus cuentos cortos de terror, suspenso, amor, ciencia ficción, realismo mágico... Los mejores serán elegidos para entrar en la sección de Literatura

Moderador: alegsa

Responder
Vientoo
Mensajes: 1
Registrado: Lun Jun 18, 2012 1:12 am

¿Bailamos?

Mensaje por Vientoo » Lun Jun 18, 2012 1:14 am

¿Bailamos?

Entramos en el local. Dos lobos solitarios en una noche densa, llena de vestidos entallados, brillitos en los labios y peinados para la ocasión. Antonio, tocó en mi hombro y me lo indicó:
-Ahí tienes a tu amiga.
Te vi en medio de la sala. Alguna vez nos habían presentado y llegamos a hablar de cosas triviales. Pero realmente, éramos dos completos desconocidos.
Aquella noche algo extraño había ocurrido: Tenías el pelo en cascada y una sonrisa de niña que te pintaba el rostro con aires perfumados. Me acerqué a ti un tanto sorprendido, y como se acercan los desnudos, con las manos vacías. Mientras me aproximaba pude escuchar con nitidez, a pesar del sonido de la música, mis pasos. No sabía porque, ni hacia dónde me dirigía en aquel lugar tumultuoso tan lleno de soledad.
Al llegar a tu altura observé como bailabas: eras diferente, extraña, libre… Durante un largo minuto, te contemplé despacio. Luego, sonreímos al unísono. Como si fuésemos “de toda la vida” Pero… se me escapó de la boca algo que, te susurré al oído:
-Carmen hoy… hoy tienes alma de gitana – Tú no respondiste, sólo sonreíste arqueando las comisuras un poquito; me miraste con ternura. Yo… me sentí chiquitito.
Las palmas de mis manos, como en una rendición previa, se presentaron ante ti. Tú, me mostraste las tuyas cual pacto antes de una guerra: desnudas, abiertas de par en par; blancas y vivas… Las mías se aproximaron milímetro a milímetro y….casi pudieron palpar tu calor. Sonreíste colmada de sensualidad y miel... Alzaste una de ellas; apartaste tu pelo infinito, ondulado, salvaje… Me mostraste el solitario lóbulo de una oreja. Achinaste tus ojos y... sentí… que…una flecha invisible me destrozaba.
Me acerqué hasta tu oído otra vez y te lo susurré:
-Carmen. Ahora sé, por qué tu nombre tiene tanto drama a las espaldas.
Tu nariz se arrugó levemente. Me preguntaste:
-¿Y eso?
- Me siento como virutas de hierro ante todo tu imán – Volviste a sonreír…
La música siguió sonando suave y cómplice. Mientras danzábamos rozándonos las manos, pude respirar en tu cuello; sentir la caricia de tu pelo; notar en mi pecho, los volúmenes de tus senos; percibir el palpitar de tu corazón, descubrir que había curvas, llenas de vida en tu piel… Me sorprendí con sensaciones de adolescente: más tímido que osado; más niño que hombre. Pero extrañamente vivo.
Me aparté un poco más. Te contemplé.
-¿Qué? – me preguntaste mientras me observabas risueña.
-Hoy… hoy me estás embrujando– De nuevo sonreíste diciéndome algo con un gesto lleno de emociones.
No pude escucharte por el bullicio.
De nuevo te abracé y bailamos. Mis manos sin apretar, se acomodaron en tu espalda. Sentí que tocaba una nube, que podía a través de tu piel llegar hasta ti. Mi mejilla al acercarse percibió la delicadeza de la tuya, el calor, tu vida. Rodeados de gente en otro mundo, envueltos en vibraciones cómplices… Te pregunté al oído:
-¿Qué… qué estamos haciendo? – Pero tú, no te detuviste. Seguiste apegada a mí durante aquellos segundos horas en que tu boca, se arrimó lentamente a mi cuello. Al lado, todos los demás sencillamente no existían. Acá, sentía tu aliento campando a sus anchas por mí yugular. Con toda rotundidad me lo susurraste al oído:
-Nos estamos dando cariño…
Me quedé mudo, paralizado por dentro y avergonzado de la erección en mis entrepiernas. Por un instante fuiste esa niña que de su mano, me mostraba el camino. Yo, me sentí como un viejo cargado de lujurias y excesos. Me aparté. Mis manos… siguieron tocando a las tuyas. Sabía que… tú… aquella noche, sólo tú… eras esa gitana que tras el fuego, me hechizaba sin tocarme.
¿Cuántas veces, una y otra vez; una y otra vez entre susurros, en tu cuello… pronuncié tu nombre?
-Carmen… Carmen…
Me sonreíste. Te acercaste; me rozaste tan lento la mejilla con el dorso de tu mano, que me sentí libre y frágil como el polen… y frágil, porque cualquiera de tus vientos me podría haber llevado donde le viniese en gana. No pude retenérmelo y…te susurré aquello al oído:
-Necesito un abrazo…” si seré idiota” – Me respondiste entre mimos:
-cariño
Al otro lado de la pista, mientras bailábamos, descubrí que aún existía Antonio, mi muy mejor amigo, aquel con el que vine a este lugar. Nos había observado mientras bailábamos. Sonrió al apercibirse de que le buscaba. Me hizo un gesto obsceno moviendo su pelvis. Contrariado pensé negando con la cabeza:
“Tío, no… no entiendes nada de nada”
Observando la vida, descubriendo..

Responder