relato corto;testimonio de un asesino(falso)

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justinboote666
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Registrado: Lun Feb 22, 2016 1:52 pm

relato corto;testimonio de un asesino(falso)

Mensaje por justinboote666 » Lun Feb 22, 2016 2:16 pm

PROMESAS ROTAS


La inocencia de la juventud. Un concept romántico maravilloso. Promesas hechas. Algunas mantenidas, la mayoría pérdidas. Ese primer gran amor que prometemos va a durar para siempre. Alguno si, muchos no. ¿Pero qué pasaría si un joven enamorado hace esa promesa y pretenda mantenerla sea como sea? ¿Incluso después de la muerte?

Kate se juntaba más a Steve y le dio otro beso. El la abrazaba y se lo devolvió, suspirando mientras lo hacía. Que había dos personas más felices en el mundo era cuestionable. Después de mucho tiempo, finalmente habían encontrado el coraje para llevarlo a cabo.
–Si supiera lo bueno que es, lo habría hecho antes. Muchas antes—dijo Kate riéndose.
— Ya lo sé. Me lo he pasado tan bien que ya estoy listo para repetir—contestó, guiñando y sonriendo también.
— Me encantaría pero me tengo que ir. Ya voy tarde. Pero quiero que sepas una cosa. Por un lado, me alegro no haberlo hecho antes, porque significa que he perdido mi virginidad contigo y no algún idiota que acabo de conocer. Por esa razón mereció la espera. Te quiero Steven y te querré siempre. Quiero que lo sepas. Quiero está contigo para siempre, incluso cuando eres un viejo mal-humorado. Te prometo que nunca, nunca ti voy a dejar pero si algún día decides que no quieres está conmigo, es posible que tendré que cortar cierta parte íntima de tu cuerpo y hacerte comérsela—dijo con cara seria.
La mirada en la cara de Steve provocó otra risita de parte de Kate mientras insinuaba las consecuencias de abandonarla. Su rostro serio y preocupado decia que se la creía hasta que, de repente una sonrisa se formaba y la dio un gran beso en los labios.
—Solo por esa razón no te dejaré. Ahora que he descubierto otro uso para esta cosa, sería una lástima perdérmela. Yo también te quiero Kate y así será siempre. Incluso cuando TU eres una vieja quejita—replicó.
—Yo NO seré una quejita. Seré una vieja feliz cuidando nuestros nietos procedentes de nuestros cinco hijos, y a los 80 estaré en condiciones de tener más. TU, no estoy tan seguro—
— Tú no te preocupes por mí. Planeo morir a los cien años haciendo lo mismo que acabo de hacer—
Los dos enamorados adolescentes se dieron otro beso, riendose mientras se imaginaban hacer el amor siendo viejos. Su promesa, la misma hecha por miles de jóvenes en el mundo al más o menos el mismo tiempo, se lo habrían jurado si fuera necesaria y creyeron al completo en el uno y otro. No simples palabras dichos en el calor del momento, sino con toda sinceridad. Desafortunadamente para esta pareja, sería un compromiso que no podrían mantener.


Durante los seis meses siguientes, los dos continuaron siendo la pareja más feliz del mundo. Su primer relación sexual se convertió en un acto habitual, aprovechando cualquier momento o lugar que podían. Teniendo 18 años legalmente cumplían para llevar a cabo su nuevo juego aunque seguían sufriendo las típicas vergüenzas de parte de los padres y sus sermones sobre los grandes avances en el mundo del sexo seguro. Aunque Kate había insinuado medio en broma, medio en serio sobre tener cinco hijos, eso no significaba que los quería ahora, por lo tanto tenían cuidado para asegurar que seguía así, al menos hasta que tuvieron sus careras arregladas. Steve también estaba profundamente enamorado de ella y la idea de casarse y tener al menos mil hijos juntos aun le llenaba de alegría. Había presumido a sus amigos de los varios e interesantes posiciones que habían practicado juntos y sus ideas para el futuro y todos estaban envidiosos de su felicidad. En navidad se habían gastado los ahorros de sus trabajos parciales en regalos para cada uno; para ella un collar de oro con los iniciales K.D., y para él un reloj Viceroy. Mas promesas de amor eterno se repitió y también amor de una manera más práctica, y se estaban inmensamente felices. Hasta que Steve recibió una noticia que cambiaría su vida para siempre.


—Steven, quiero que te sientas, tengo malas noticias—dijo su madre con los ojos llorosos. Inmediatamente algo empezó a revolver en su estómago, la piel de gallina recorrió su cuerpo y los pelos en todo el cuerpo pulsaban con estatic. Mientras retumbaba en una silla, su mente volaba en búsqueda de posibles causas. Algo ha pasado a alguien, ¿pero quién? ¿Un amigo; cual? ¿Mi padre? No, ya está muerto. ¿El perro? Negativo, se está dormido junto a la estufa. ¿Tía, tío, primo? Se hizo un recuento de toda la familia a ver si había alguna que había estado mala o con un edad que invitaba a pensar que se había llegado su fin. Repentinamente se sopló, hondo y fuerte. Todo aire en sus pulmones pareció haber evaporado y su corazón desapareció con ello.
— ¿Quién es mama? ¿Qué ha pasado? No me digas que algo se ha pasado a Kate, por favor no mi digas eso— se suplicó mientras las lágrimas empezaron a formar en sus ojos.
—Steven lo siento. Ha estado en un accidente de coche. Por lo visto un conductor borracho chocó frontalmente con la suya. El medico dice que no podían hacer nada para salvarla. Está muerta. Lo siento muchísimo Steven—dijo, llorando también. Se arrodilló ante él, abrazándole mientras que intentaba asimilar la noticia, y vio que no podía. Miraba a su madre, ojos como platos y vidriosos y la boca colgando que parecía una estatua.
—No, estas equivocada. Hablé con ella esta mañana por el teléfono. Dijo que vendría luego. ¿Por qué iba a mentir? Esto no tiene gracia mama. No hagas bromas así, no me gusta. Esta noche nos vamos al cine. No, no hagas eso—contestó. Steve siguió hablando sin-sentido hasta que su madre le agarró con un poco más fuerza y le miraba a la cara.
—No es broma. Está muerta Steven—.



Tres meses habían pasado desde la muerte de Kate y Steve aún conservaba lágrimas suficientes para llorar cada vez que miraba la foto de ellos juntos o incluso cuando miraba su reloj. En el funeral lloraba sin parar en los brazos de su madre, lloraba sin parar en los brazos de su suegra, incluso lloraba en la cara, con sus ojos vidriosos y penosos, de su perro. Toda esperanza e ilusión por el futuro, planes concebidos en el calor e intimidad de la cama juntos ahora rendidos nulos. Al principio tenía un deseo, una necesidad, de encontrar el conductor del coche y demostrarle todo la furia y angustia que sintió en la manera que consideraba adecuada, pero después de un tiempo, el odio se vio reemplazado por puro dolor y un interés nulo en el futuro. Y Steve también descubrió refugio de sus pesadillas en ese analgésico numero uno; alcohol. Cada dia cuando despertaba, el imagen de Kate seria lo primero que vio en su cabeza y no había nada que lo eliminara hasta que un dia pasando delante de un bar, decidio entrar a tomar algo potente en un intento de borrar los recuerdos mas penosos de su mente, y funcionó. A partir de ese momento un botella de vodka o una caja de cerveza siempre estaba cerca suyo, y le daba igual.
El collar se lo tenía colgando de la pared. Se le habían dado como un recuerdo físico de ella después del funeral, cosa que no hacía falta, pero que se agradeció. Cada vez que lo miraba, un nudo formaba en su garganta y tenía que resistir como podía deslizarse al suelo, temblando con dolor y desear estar muerte y acompañarla allí donde se encontraba. Durante los tres primeros meses, Steve era una caricatura de sí mismo, sin ganas de hablar con nadie, pero como suele ocurrir, sobre todo con jóvenes, el tiempo se empieza a verter su magia y ciertas sensaciones en su cuerpo despertaron en búsqueda de alivio.
Steve era un chico bastante guapo y por esa razón en muchas ocasiones había tenido que repelar los avances e insinuaciones de muchas chicas con algo más insistencia que habría gustado. Algunas sugerencias habían sido sutiles, otras bastante más directas, pero todas coincidían en que Kate era una chica con mucha suerte. Steve también se consideraba un chico con suerte, la quería mucho y no tenía interés en compartir su amor con otra persona, ni reemplazándola ni tampoco en secreto. Pero ahora ya no estaba y cierta parte de su anatomía se había despertado de nuevo.
Durante los últimos tres meses, tanto amigos como chicas le habían respetado su intimidad y estado de luto, y si alguna vez estaba en un bar (cada vez más frecuente) con amigos y alguna chica se sintió con posibilidades, estos se la sugeriría con delicadez que le dejara en paz. Pero eso era entonces.
Mientras se sentó en un bar una noche tomando su cuarta cerveza, los demonios en su cabeza se habían disminuido bastante. Nunca se olvido la promesa que hizo con ella y consideraba que sería algo como traición acostarse con otra. Sería un traidor y si consiguió intentarlo, seguramente fracasaría, imaginaba viendo la cara de Kate en la de la nueva y eso se cortaría todo rollo. Pero por otro lado sintió que no podía mantenerse célibe para siempre. ¿Kate ya me habrá perdonada, no? ¿No esperará que me quedo solo hasta que me muere también? En fin, no era culpa mio que murió. Me volveré loco antes, y aparte que si no hago nada mis huevos se van a explotar, ella está muerta. No es que alguien se la va a decir precisamente. Así que con ese dilema resuelto, decidió que era hora de averiguar.
—Hola soy Steve. ¿Estás aquí sola?—preguntó a la rubia sentada al otro lado de la barra, su camiseta casi transparente por fin provocando suficientemente su anotomía como para acercarse.
—Sí, me temo que si—contestó Jane y regalándole una sonrisa de las que muchos solo puedan imaginar.
—Pues eso es realmente trágico—dijo, su corazón palpitando por la primera vez en mucho tiempo.
—¿Cómo podía ocurrir tal tragedia? Debería está prohibido dejar alguien como tu aquí a solas—contestó. La respuesta de Jane era lo que había esperado; se reía y le ofrecíó un asiento. Un par de horas y varios cocteles después, le ofreció también otra cosa que esperaba. Y después de deliberar un poco, su principal preocupación siendo si vería la cara de Kate en la suya, pero con la confianza que provenía del alcohol, dijo que sí. Y todo funcionaba a la perfección. Tanto, que después se acordaron volver a verse de nuevo. De hecho, al día siguiente en que repitieron el espectáculo y varios veces más en los próximos días. De nuevo, Steve estaba enamorado y la sonrisa volvió a su cara.
Durante los próximos días, Steve se había comentado todo lo ocurrido y sus temores sobre lo que podría pasar si acostaba con otra; viendo la cara de Kate en la de otra chica y sus sensaciones de traición y se estaba felizmente sorprendido cuando ella reaccionaba con auténtica lastima, incluso llorando un poco cuando explicaba cómo murió. Jane le contestó que entendía perfectamente su predicamento y que bajo ningún concepto pretendía sustituirla ni hacerle olvidarla.
Steve no podía creer su suerte. Hace solo unos tres meses, el único que quería era morir y está con ella de nuevo y ahora, aquí estaba con la primera después y tenía todo lo que podía esperar; sincera, comprensiva y activa en la cama que consideraba un bonos adicional (en secreto, mejor que Kate, aunque sintió un poco culpable por pensarlo).
Era por esa razón que sonreía cuando llegaba a casa una noche después de esta con Jane y repentinamente se paró a la entrada de su dormitorio, la sonrisa reemplazada por un fruncido. El collar de Kate yacía en el suelo. Después de su muerte, se lo había colgado de la pared encima de la foto de ellos juntos que yacía encima del escritorio, para qué así era la última cosa que vería antes de dormir. Y ahora yacía en el suelo al otro lado de la habitación.
—¿Pero qué coño?—exclamó mientras agachaba para recogerlo. Era imposible haber caído tan lejos. La única posibilidad era que alguien se lo había tirado. ¿Pero quién y porque haría tal cosa?, pensó. Su madre nunca entraba sin permiso y no había nadie más en la casa. Steve se lo recogió y lo devolvió al enganche, intentando encontrar respuesta y fracasando. Habrá sido un puto terremoto o algo, concluyó metiéndose en la cama e intentando conciliar el sueño.
Cuando despertaba al día siguiente, el tema del collar caído ya se había quedado en el olvido mientras contemplaba el día delante que tenía planeado con Jane. Después del desayuno, se sacó el móvil y la llamaba, feliz e ilusionado con la idea de escuchar su voz, así que era con una sorpresa desagradable cuando escuchaba la voz de su suegra…que estaba llorando. Un escalofrió recorrió su cuerpo de nuevo cuando por fin consiguió averiguar entre sollozos y llantos el problema. Anoche había caído por las escaleras rompiéndose el cuello. Estaba muerta. La historia se había repetido otra vez.
El móvil de Steve se cayó al suelo igual que el después, agarrando su cabeza con las manos y llorando desconsolémente. Su cuerpo entero temblaba con la noticia mientras se puso en position fetos, chillando su nombre una y otra vez en un estado de desesperación total. Que su primer amor se había muerto, por terrorífica la idea, entraba en los posibilidades; en fin a algún pobre le pasaba todos los días, pero que pasaba dos veces era algo que ningún ser humano podría aguantar y mantenerse en su sano juicio.
—¿Por qué, por que, por que?—gritó una y otra vez.
—¿Qué he hecho para merecer esto?—. Su cuerpo era una mezcla de desolación y furia. Sus manos se convertieron en puños, tenia ganas de destrozar su cuarto, romper todo lo que quedaba como recuerdo de sus dos amores perdidos para siempre, pero para otro lado, deseaba que la tierra le tragaba, llevarle a otro sitio que no fuera este infierno cruel y sin empatía alguna.
Mientras se sento en el sofá en estado zombi algún tiempo mas tarde, consolado de nuevo por su también destrozada madre, intentaba razonar los motivos por su estatus de soltero otra vez. Por lo visto, ella llegó a su casa después de estar con él, pero, según su madre, un poco más tarde salió del cuarto de baño preguntándola que por que la llamaba, e inexplicablemente se tropezó con el gato y se cayó por las escaleras. Pero según ella, no la había llamado, estaba viendo la tele abajo y no había dicho nada.
Anoche. La había dejado a la puerta de su casa sobre las diez y se marchó. Dijo que estaba cansada, entonces tiene que haber ocurrido cuando él llegaba a la suyo. Él se había retirado a su cuarto y… el collar. Mientras recordaba el incidente con el collar, miraba con indiferencia a su reloj. Se había parado. A las diez y catorce.
Steve miraba al reloj como se fuera algo alienígeno. Un escalofrió recorrió su espalda mientras contemplaba el extraño coincidencia. Sin piel de gallina, ni estatic por los pelos de su cuerpo, pareció que las neuronas en su cerebro se habían estancado como su reloj. Por un lado aún estaba en estado de shock por la muerte de Jane, pero por otro su cabeza recordaba una y otra vez la promesa que se había hecho juntos él y Kate. No, es una coincidencia. Seguramente golpeaba el reloj cuando encontré el collar en el suelo. Tuvo un idea y reponía bien la hora. Funcionaba perfectamente. Ves, una coincidencia. Creo que estoy simplemente jodido con todo lo que ha pasado. Y no me extraña. ¿Cuantos personas pierden dos novias en un año?
Por la segundo vez en seis meses, Steve se encontró solo de nuevo, deprimido y desolado. En el funeral, se había llorado sin parar sintiendo pena y triste por sí mismo y su mala suerte, y, igual que antes, no quería saber nada de chicas ni nada. La idea que los dos muertes podrían estar relacionados se evaporó el día que descubrió que su reloj se había parado, así que se pasó los próximos meses evitando contacto con chicas y gente en general y considerando los posibilidades de convertirse en cura o ermitaño en Tíbet por ejemplo. Sin embargo, una vez más, el tiempo hizo su magia y Steve empezó a pensar en cómo aliviar la tortura que sintió abajo.
Aunque la memoria de Kate y Jane nunca le abandonaba y la conexión entre los dos estaba olvidado, ya no sintió con la confianza suficiente para cazar alguna novia nueva. Aunque varios meses ya se habían pasado, no creía está en condiciones para tener otra relación serio, pero los palpitaciones incesantes en su anatomía no cesaban, así que decidió en un cambio de plan.
Su fetiche personal era rubias. Si no quedaba remedio, no tuvo problema en acostarse con otra raza, pero dado la opción, siempre escogia a rubias. Por eso, después de dar unas vueltas por la zona, por fin se encontró una que reunía el perfil. Con una dosis importante de vodka en su sistema para calmar los nervios, se acercaba a la chica con la mini-falda y sugirió que fueron a un sitio más privado. La chica, cuyo trabajo consistía en decir si a cualquiera con treinta euros en el bolsillo le llevaba a su piso para llevar a cabo la segunda parte de sus obligaciones laborales.
Steve estaba satisfecha que el fuego ya se había extinguido y volvió a casa con una sonrisa en su rostro. La dosis de vodka en su cuerpo había sido repuesto con más después para celebrar y por esa razón llegaba a su casa tambaleando y se dirigió a su cuarto y directamente a la cama sin siquiera quitarse la ropa… ni tampoco darse cuenta que había en el suelo un collar con los iniciales K.D. o el olor de un perfume que habría reconocido al instante.
La mejor cura para la resaca era seguir consumiendo ya había descubierto, así que al día siguiente, se tomó una ducha rápida y volvió al bar y por la tanto no se dio cuenta de lo que había en el suelo de su cuarto. Una vez más cargado de alcohol, tuvo otra idea.
Por lo visto la chica tenía un horario flexible porque estaba en el mismo sitio que ayer, así que Steve se la llevaba otra vez por una nueva ‘entrevista’.
Más tarde volvió a casa, cargaba energías gastadas con lo que encontró en la nevera y subió a su cuarto…donde de repente se paró. Un sollozo largo y hondo se escapó de su boca y la lata de cerveza en su mano se cayó al suelo. Su cuarto pareció una escena de una película de guerra. El contenido de su estantería; libros, ornamentos, yacían rotos y tirados por todas partes en el suelo. El espejo encima de su escritorio estaba roto y los cristales también cubrían el suelo al igual que el contenido de los cajones y su ropa, y había un olor que reconoció en seguida. Sin embargo lo que puso Steve de rodillas y lágrimas en los ojos era la foto preciado de él y Kate juntos en trozos. Y entonces algo brillando le llamaba la atención. Se arrastraba hacia el objeto y fue entonces cuando empezaron a caer las lágrimas y emitió un chillido largo y profundo. El collar había sido completamente destrozado, hasta el punto en que las letras eran incomprensibles. Steve se lo agarraba en sus manos temblantes por lo que pareció una eternidad, incapaz de comprender el porqué de tal brutalidad, hasta que se le ocurrió una cosa. Miraba el reloj. Se había parado de nuevo. A las 2.46. La hora exacta en que había estado con la rubia.
—.Estoy buscando la rubia que trabajaba por aquí—preguntaba Steve a la chica inquisitiva que reconoció de antes.
—Pues te has quedado sin suerte—contestó. –Ya no la veras más por aquí—. El estómago de Steve se cayó 10 centímetros y la piel de gallina recorrió su cuerpo. Sabía que venía.
—Sobre las 3 vino una ambulancia. Dicen que se cayó por las escaleras y se rompió el cuello. ¿Si preferías pasar un ratito conmigo?—dijo. Steve no se la contestaba. Se giraba y salió pitando hacia casa, su cabeza en una nube.
Prometo que nunca te dejare, pasa lo que pasa. Pero si alguna vez decides…
Un escalofrió subió desde la cadera hasta la nuca mientras sus intestinas empezaron a realizar acrobacias por dentro, lo suficiente para enviarle corriendo hacia el lavabo para vaciarlo.
¡Mierda! ¡Pero si está muerta! ¡Es imposible, estas cosas solo ocurren en las pelis!
Vale, pues aquí tienes una pregunta. ¿Si no es ella, que otra explicación hay? Te has acostado con dos chicas después y las dos también se han muerto de ‘accidente’ y su cuarto ha sido destrozado. ¿Qué vas a hacer?
¡Mierda!
Steve no sabía qué hacer. La idea de que Kate se había vuelto del mas allá para castigarle por haber incumplido su promesa le pareció completamente ilógico, pero como dijo su alter-ego; ¿qué otra posibilidad había? La cruda realidad era que ninguna.
— ¡¿QUE COÑO QUIERES KATE!?—chillaba al cuarto vacío. – ¿QUE ESPERABAS? ¿QUE ME QUEDARA SOLTERO PARA SIEMPRE? ¡SOLO TENGO 19 PUTOS AÑOS! ¡CONTESTAME CABRONA!—. Steve cayó al suelo, llorando profusamente, incapaz de asumir lo que le estaba pasando.
— ¡NO ES CULPA MIO QUE MURISTE! YO TAMBIEN TE HECHO DE MENOS KATE, ¿PERO QUE QUIERES QUE HAGA? ¿SUICIDARME? ¡ESO NO ES JUSTO! Steve no recibió respuesta alguna, pero ya no necesitaba. A medida que la frustración, cabreo e incredulidad rebajaba por dentro, empezó a considerar sus opciones.
¿Realmente planea matar cada chica con quien me acuesta? ¡La egoísta de mierda! ¿Entonces qué hago? ¿Suicidarme? ¿Convertirme en budista y mudarme a Tíbet? ¿Me hago homosexual? ¿Matará a él también? ¿Existen los exorcistas, porque no pienso suicidarme?
Como respuesta, un sonido emanaba de debajo de la cama. Steve se retiró las manos de su rostro lloroso y miraba incrédulo a la fuente del ruido. Otro foto suyo de los dos juntos se estaba rompiéndose por la mitad, como si unas manos invisibles lo agarraba, separando los dos hasta que, repentinamente, en un ataque de furia etérea, se volaron en dirección opuestos chocando violentamente contra las paredes.
Durante unos segundos Steve se quedó atónito por lo que acababa de ver, hasta que las neuronas en su cerebro empezaron a circular de nuevo produciendo un arranque de furia que irrumpió como un volcán.
— ¡HIJA DE PUTA! ¡PUES QUE TE DEN TAMBIEN! ¿SABES LO QUE VOY A HACER? VOY A IR A TU TUMBA Y MEAR ENCIMA. ¡DESPUES VOY A IR CON TODAS LAS PUTAS EN EL BARRIO Y ENCONTRAR UN EXORCISTA PARA DEVOLVERTE AL PUTO INFIERNO! ¡A VER COMO TE GUSTA ESO!—chilló, temblando con la adrenalina y la injusticia que sintió.
Luego en el bar Steve ya se había calmado lo suficiente para decidir que mear en su tumba podría ser contra-productivo y acostarse con todas las prostitutas en el barrio le convertiría en el mayor asesino en serie en la historia, aunque indirectamente. ¿Y cuándo todas están muertas, después que? ¿Empezar en otra ciudad y luego otro y otro? Podría acabar con la población femenina en toda la ciudad. Evidentemente con Jane y la rubia no sabía, pero la idea de acostarse con otras chicas sabiendo que iban a morir no era una sensación que le apetecía comprobar, sería el anti-afrodisiaca perfecto, aunque en secreto había algunas chicas que conocía que no le importaría a que pasara. Pero no puedo mantenerme célibe para siempre, pensó y entonces se acordó lo el exorcista.
Desafortunadamente para Steve, no había exorcistas en la zona, por lo menos en Internet, así que era volver a empezar. ¡Mierda!
Mientras el consumo de alcohol en el bar al día siguiente se aumentaba, también su angustia y cabreo a la situación en que se encontraba. Brevemente había considerado suicidándose pero simplemente no tenía el coraje suficiente. ¿Cómo podría hacerme esto? ¿Por qué no persigue el cabron que la mató? ¡Puta! ¡Pues que la den y a todas!
Steve salió del bar y tambaleaba hacia la zona de prostitutas. Había recordado antes como una le había burlado, preguntándole que por que no estaba en el cole, así que se dirigió a ella. Con un colacon alto alimentado por adrenalina y alcohol corriendo por sus venas y un enfado monumental, se la encontró y, sin ningún sensación de culpabilidad, se la llevaba.
¡A ver cómo te ríes luego cuando estas muerta idiota!, pensó mientras dirigía a casa borracho y riéndose.


Dos semanas habían pasado y la premonición de Steve se demostró correcta. Volvió unos días después para esta informado que a la chica se la había atropellado un bus. No sintió nada de culpa, consideraba que la merecía por haber burlado de él y ahora las sensaciones familiares en su anatomía se habían vuelto. En las pocas ocasiones cuando estaba razonablemente sobrio, sintió un poco de pena por lo que había hecho, e incluso una vez se puso a llorar, aunque fuera poco, resolviendo el problema bebiendo más alcohol. Sus amigos y madre habían intentado obligarle a visitar un psicólogo para tratar sus problemas con alcohol y su estado anímico, pero se negó rotundamente, alegando que no tenía problema alguno con alcohol, que era una mentira. Lo que no sabían evidentemente era la maldición que sufría y que no podía contar. Lo que tampoco sabían es que había preparado una lista de todas las chicas que le habían causado mal-estar de alguna manera. Compañeras de clase que le habían rechazado antes de Kate, chicas envidiosas que habían intentado separarle de Kate y algunas prostitutas que habían reído de el también. Steve ya tenía su propia lista negra e influido por sus altos niveles de testarrona, ya estaba listo para ponerlo en práctica.

Steve siempre había tenido éxito con las chicas, era guapo y divertido y la antítesis de violencia. Había tenido ideas de convertirse en médico, estaba enamorado de la chica con había perdido su virginidad y estaba optimista respeto al futuro. Habían sido sin duda la pareja más felices del planeta.
Hasta que un día desgraciado y una promesa juvenil le había dejado un hombre roto, sin alma, maldecido por el alcohol y la única chica con quien realmente había amado. Un hombre joven cuyos sueños y esperanzas se habían convertido en odio y un deseo de destrozar todo lo que ella representaba, sin futuro sino la de un recluso, condenado a pasar el resto de lo que le quedaba solo.
Prometo que nunca, nunca te voy a dejar, aunque si decides…
Steve cogió su móvil y llamaba el número que tenía delante.
—Hola Sarah. ¿Qué tal? Hace tiempo que no te veo. Pensaba que nos podíamos quedar a tomar algo y vernos—…

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