Cisne Rojo: El enemigo vino del Oriente

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Superheroinas
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Cisne Rojo: El enemigo vino del Oriente

Mensaje por Superheroinas » Vie Jun 30, 2017 6:25 pm

El barrio de Nuñez se presentaba como cualquier otro día de la semana: monótono, con cierta tranquilidad a pesar de la vorágine urbana. Magalí regresaba de sus clases de Danza Clásica, siendo martillada por las mismas ideas y pensamientos que la asaltaron desde hacía unos meses.



Magalí era una joven de tomar iniciativas, los planes surgían y la ansiedad era tal que necesitaba realizarlos. Y a pesar de que el día sólo tenga 24 horas, ella se las arreglaba para hacer todo lo que quisiera: trabaja, ha estudiado, toma clases de Ballet, Defensa Personal y ha acudido al gimnasio. Por supuesto, también reserva su tiempo al afortunado novio, pues Magalí posee una personalidad decidida, particular, y una belleza notoria.



Todo lo hace con pasión, con muchas ganas: desde una fiesta hasta una competencia de Paintball, todo lo realiza con fuerza y decisión. Conociéndola bastante, podría decir que no le teme a casi nada, y enfrenta lo que sea.



Y si hablamos de belleza, Magui tiene mucho de eso: su pelo negro lacio cae en cascadas y el largo de esos cabellos lisos supera los hombros. Una mirada expresiva y luminosa, que encaja perfectamente con su personalidad, y una sonrisa blanca y espectacular, en la que sobresalen los tan anhelados hoyuelos a cada lado de sus mejillas. Su cuerpo es esbelto, delgado y en buena forma, de esas siluetas que se ajustan a todo tipo de prendas, como el de una modelo: panza chata, piernas bien formadas por el baile, brazos delgados y muy linda cola. Otra cosa que enamora de ella: su interés por la cultura japonesa, el Manga, el Animé, los comics, los deportes de combate y la buena música.



Tiempo atrás, la morocha de pelo largo tropezó accidentalmente con sitios de Internet referidos a superheroínas: series Web y videos que mostraban sus aventuras. La curiosidad picó en ella y se abstrajo leyendo comics sobre diversas heroínas y continuó viendo esos videos en la web que mostraban a mujeres sexies con mallas ajustadas luchando contra el crimen, y si bien existía en dichas producciones una gran cantidad de escenas gratuitamente eróticas o picantes para el público masculino, en conjunto era un interesante producto, y ella se centraba más en la acción misma y en la coreografía de la actriz que interpretaba a la heroína que en los detalles dedicados a hombres con intereses particulares.



"¿Y si pruebo hacer algo con lo que pasa alrededor mío?" Se preguntaba, sentada en el cómodo sillón y viendo las noticias. Casi automáticamente, comenzó a dedicar fragmentos del día a confeccionar un uniforme de superheroína. De todas las ocurrencias, locuras y actividades extravagantes que había hecho o se le habían ocurrido, esta era la peor. Y las novedades que recibió al abrir su Facebook las tomó como una señal inequívoca.



Días atrás se había realizado en Buenos Aires el Fiestanimé, lógicamente, una convención de Manga y Animé, que reunió a muchos Otakus. Por cuestiones de trabajo, ella no pudo asistir, pero la alarmó ver los comentarios en el evento: los encargados de los stands dedicados a vender revistas, remeras, todo lo referido al Animé y la cultura pop, habían sido estafados. Fiestanimé recaudó muchísima plata y a las personas de los stands no les retribuyeron un sólo centavo. Sus ojos atentos leían cada muestra de indignación dedicada al organizador, Akira Okada. Un modesto empresario japonés que vino al país a arrebatar unos pesos de esta forma, estafando.



Con la excusa de encontrarse con amigas, salió de su casa con un bolso, y dentro de él, su uniforme.



Se metió en el auto de su novio y comenzó a vestirse. Se quitó la ropa y rápidamente se colocó una malla enteriza sin mangas bien cavada, de color rojo, que acentuaba sus curvas. Dicha prenda se le ajustaba perfectamente como una segunda piel, dejando gran parte de sus suaves nalgas al desnudo. Cubrió sus pies y parte de sus piernas con un par de botas bucaneras negras con tachas en la parte que recubría sus rodillas. Acomodó una capa roja que hacía juego con su malla, se ajustó un cinturón alrededor de su fina cintura, y agregó unos guantes sin dedos en sus delgadas manos. Salió del auto y se miró a través de la ventanilla: sus hermosas piernas quedaban al desnudo con esa prenda tan pequeña, así como también su lindo culo bien formado. Se arregló el largo pelo y volvió a mirarse con su capa roja encima de su espalda: era la perfecta combinación entre sexy y valerosa.



El plan era sencillo: esperar a que Akira Okada saliera del hotel donde se hospedaba, interceptarlo y darle un buen susto. Según las personas con las que contactó, el empresario japonés partiría al Aeropuerto pasadas las 24 horas, y ella esperaba impaciente en las afueras, notando que había pasado media hora de las 22. Posiblemente salga antes a organizar su salida.



"¡Ahí está!" Susurró. Un hombre de unos sesenta y cinco años salía del oscuro y sencillo hotel a paso ligero. Sus rasgos orientales eran inconfundibles.



Los tacos gruesos de sus botas bucaneras negras resonaron sobre el asfalto. Magui corrió hacia él y lo interceptó. "Señor Akira Okada, es usted, ¿verdad?"



"¿Quién...sos?" El hombre de traje y corbata se sobresaltó y por un breve segundo se aferró al maletín que llevaba, creyendo que era un robo. Mayor fue su sorpresa al ver a una atractiva morocha de capa y malla roja súper ajustada al cuerpo. El nombre le vino a la mente,y lo soltó casi por instinto.



"Soy Cisne Rojo". Quizás haya sido su amor por el Ballet lo que le sugirió el nombre, y su inevitable nexo con El Lago de los Cisnes.



"¿Cisne Rojo?" El hombre hablaba bien el español, pero conservaba cierta tosquedad al pronunciarlo. "¿Sos una del evento, una cosplayer?"



Magui, apodada Cisne Rojo, negó lentamente con la cabeza, cruzándose de brazos. "Amo la cultura japonesa, y usted no es digno representante de ella. Vine a recuperar lo que usted robó a los miembros de los stands de ese evento fraudulento".



El japonés de mirada severa la observó de pies a cabeza: sus muslos torneados y desnudos, su vientre plano, sus pechos turgentes y su rostro desafiante, con sus característicos hoyuelos. "¿Y qué sabés vos de mi cultura japonesa, mujer idiota?"



"No es correcto robar sus cosas para devolverlas a los damnificados, porque estaría robando de todas maneras. Lo que sí voy a hacer es obligarlo a que pida perdón". Pensó Magalí, y alzó la voz. "Señor Akira, quiero escuchar una disculpa a las personas que usted estafó."



"Estoy apurado y no sabés con quién te estás metiendo, Hazte a un lado o voy a darte una lección".



Cisne Rojo no tenía nada que temer. Ella iba a obligarlo a pedir perdón a golpes, por estafador, de modo que no se movió del lugar, por el contrario, dio un grito y le conectó una patada en el maletín.



"¡Kuso!" Exclamó el japonés, viendo su maletín rodando por el suelo. La morocha superheroína de pelo largo no pudo evitar sonreír ante ese primer golpe dado con estilo.



"¡Última oportunidad!" Exclamó, tomándolo de la corbata tirante y levantando su puño cerrado. Antes de que pudiera efectuar esa merecida trompada, Akira demostró tener un vasto conocimiento de Karate, posiblemente superior a la técnica de la novata Cisne Rojo. El estafador movió ligeramente la mano para alejar la trompada de mi heroína, y con un movimiento fugaz, cerró el puño y extendiendo el brazo en forma recta, la golpeó fuertemente en el estómago.



Sus ojos se cerraron de puro dolor y se inclinó tomándose el suave y firme abdomen. A pesar de ser mucho mayor que ella, demostraba tener mucha fuerza y, sobre todo, gran conocedor del Karate. Hinchó sus mejillas para exhalar, mientras Akira la tomaba del pelo y tiraba de él. "¡A-a-a-hh!" Su cuero cabelludo dio un puntazo de dolor en su cabeza por los tirones, y miraba el rostro inexpugnable de su enemigo con sus ojos entrecerrados.



"¿Acaso creen que la cultura japonesa son dibujitos kawaii? Ignorante!" Akira descargó otro golpe mortífero, esta vez con el canto de la mano sobre el lateral del delgado cuello de la sorprendida Magalí.



¡ZAC!



Con un grito, Cisne Rojo cayó al piso. Ofendida, dolorida e iracunda por estar recibiendo una paliza en su primer misión a manos de ese hombre con la edad para ser su padre, se esforzó para poder recuperarse, haciendo fuerza con las manos apoyadas en el asfalto, y su hermoso culo con esos glúteos tostados al desnudo, a la vista del villano japonés, que miraba con curiosidad que la parte inferior de la malla prácticamente desaparecía entre esas nalgas jóvenes y paradas. Giró su cuerpo y vio a su adversario lo suficientemente cerca como para intentarlo: con un gesto de furia, extendió su pierna y le dio una fuerte patada en los testículos, con la gruesa suela y el taco impactando directamente.



"¡UOG!" El japonés se echó hacia atrás tomándose la dolorida entrepierna. Cisne Rojo se levantó entusiasmada y le dio otra patada en las costillas que lo arrojó contra la puerta de su propio coche. "Tengo que tener MUCHO cuidado" pensaba, mientras el fragor de la batalla aumentaba. Y como olvidando esa reflexión cautelosa, se lanzó contra él con un puñetazo, y justo como la vez anterior, el experimentado Akira Okada bloqueó el ataque con una mano, le dio una corta pero efectiva patada al costado de su pierna que la dejó de rodillas delante de él. La cara de Magui ilustraba toda la escena: sus ojos abiertos de preocupación, mirando al hombre que la ha superado durante gran parte de la pelea.



"No sabés nada de cultura japonesa..." Gruñó, y con ambas manos usó el golpe con el canto, a ambos lados de su cuello, y la liquidó. Magui cayó rendida al piso, su malla metida dentro de su preciosa cola, suave, de piel perfecta. Su largo pelo caía desordenado sobre su cara y sus ojos cerrados. Una estereotipada carcajada salió de la boca del japonés de traje y corbata, alzó el cuerpo de Cisne Rojo, lo llevó sobre su hombro y entró al hotel con ella. "Ahora vas a aprender a no meterte conmigo", dijo, palmeando la nalga desnuda de mi superheroína. Sólo en un hotel de mala muerte como ese no le exigen explicaciones a una persona que regresa con una mujer sobre su hombro.



Se despertó un rato después, oyendo a su captor hablando por teléfono en japonés, y caminando de lado a lado, con la mano en los bolsillos. Ella se encontraba atada a la cama del cuarto, boca arriba y con cadenas amarrando sus brazos y piernas. Se sentía vulnerable en esa posición: las cadenas estaban atadas de modo que sus piernas permanezcan abiertas, y los brazos sobre la cabeza. Se sacudió inútilmente. "¿Dónde estoy?"



"En mi cuarto de hotel. Necesitaba un lugar más íntimo para demostrarte modales". Akira Okada se acercó con una botella de Sake en la mano. "Te invito un trago", le dijo, y comenzó a derramar la bebida alcohólica sobre su cara.



Magalí movía la cabeza de lado a lado mientras el sake inundaba su cara y se metía en su garganta, ahogándola. Comenzó a toser cuando sintió que el japonés dirigía la boca de la botella hacia su cuerpo, y el alcohol caía abundante sobre sus pechos. Continuó bajando en línea recta, y la botella vació el contenido derramándolo sobre su entrepierna.



"¡Caghh! ¡Cough!" Su hermoso pelo que olía tan bien se hallaba mojado al igual que su cara. La malla roja estaba húmeda y pegada a su cuerpo, transparentándose como si fuese una segunda piel.



"Soy reservado, no me gusta que una muchachita me persiga para creerse una justiciera. El mundo no funciona así. Yo soy un hombre de negocios, vos sos una chica linda que, en vez de estar con sus amigas, con su novio o estudiando, anda metiéndose en problemas y usando esa ropa tan descarada". Le dijo, su mano pasaba por la fina cintura de Cisne Rojo, sintiendo la suave tela de su malla húmeda y apretada contra su cuerpo.



"Hombre de negocios que estafa..." Magui crujió sus blancos dientes. El japonés la miró y sonrió avivado.



"Desafiante hasta el final. Me gusta eso, aunque no va a servirte de mucho, nena. Como tampoco te ha servido seguirme y tratar de detenerme."



"¡Ladrón, mentiroso!" La morocha de pelo largo estaba enfurecida, pero como dijo Akira, sentimientos de furia o actitudes desafiantes no modificaban el hecho de que se encontraba indefensa, encadenada y expuesta a cualquier tipo de trato por parte del inescrupuloso hombre de negocios, y eso se lo iba a demostrar con una violenta acción: al grito de "¡Urusai!", Akira cerró su puño y balanceando su cuerpo le conectó un recto golpe directo a su entrepierna.



Experimentando un incesante dolor entre sus muslos que se expandía hasta su estómago, la vigilante Magui quedó con una mueca paralizada, sus ojos negros fuertemente cerrados y su boca en forma de "O", exhalando un largo y entrecortado gemido de dolor. Sus torneadas piernas se torcieron, tratando de juntar sus rodillas para -acaso- paliar el dolor, pero las cadenas no le permitían ni siquiera ese virtual alivio.



Akira se paseaba de punta a punta tranquilamente, lanzando una carcajada al ver a su inesperada enemiga sufriendo y quedando sin aire por el golpe. "Así es como aprenden algunas mujeres. Sobre todo las que tienen este aire de independientes, que se creen capaces de enfrentarme, que juegan a las superheroínas."



Al parecer, ese brutal golpe en la zona más delicada de Cisne Rojo no ha sido suficiente para el implacable Akira Okada; lentamente, se acercó y la miró con sus ojos rasgados y severos, y alzó la mano frente a ella. "Te aseguro que no soy un mal anfitrión, si hubieras venido con otra predisposición, te hubiera tratado mejor, pero al parecer, lo quisiste así...¿verdad, Cisne Rojo?" La fuerte mano del japonés descendió bruscamente y el plano y suave vientre de Magalí experimentó uno de los golpes más duros ejecutados por el canto de la mano.



Su cuerpo se tensó y se dobló hasta donde las cadenas se lo permitían. Sus quejidos emanaban dificultosos, el golpe la había vaciado de oxígeno.



Akira la miraba con la mano en los bolsillos. La atractiva y aguerrida heroína de cabello negro y piel tostada tosía sin cesar. "No sé qué hacer. Soy una persona justa y honesta, pero no puedo dejarte ir después de haberme agredido. Los Okada no toleramos el insulto de pedantes occidentales. Pero como dije, soy una persona justa y honesta, así que voy a eliminarte, pero de la forma menos dolorosa posible. Voy a pedir en la recepción un suero que te ponga a dormir, y le pondré fin a esto."



Cisne Rojo tomó aire. El hombre se dirigió a llamar a la recepción. Jaló sus brazos sujetos a las cadenas firmemente, aunque los eslabones anudados al cabezal de la cama se desplazaban irregularmente por la madera; era un nudo perfectible, no todo estaba perdido. Apelando a su ira por la injusticia y a su inconfundible bravura dio una estruendosa exclamación.



"¡Sería una completa verguenza morir a manos de un miserable delincuente como usted!"



La cara de Akira se desfiguró. Dio una sonora onomatopeya y golpeó la mesita de luz. "¡Veo que no aprendés!" Hurgó en su ropero, y sacó de ahí un largo sable de bambú. "¡Antes de enviarte al otro mundo, voy a dejarte marcas por todo tu cuerpo!" El japonés estaba herido en su orgullo, odiaba a Cisne Rojo y su tenacidad a pesar de la tortura. Para demostrar el daño que esa arma haría en su joven y esbelto cuerpo, Akira cortó el aire con un veloz movimiento.



"¡No, no!" Magalí comenzó a enroscarse en la cama, anticipando el violento castigo que le esperaba. En su cara se dibujó una mueca de pavor que se unía a una expresión retadora, como pensando: "carajo, esto va a matarme...¡pero adelante!" Jugando con su mente y disfrutando el dominio que le proveía la situación, el maduro japonés apoyó el bambú sobre la panza de Cisne Rojo, para que sienta y reconozca el tacto de aquel arma. La morocha de Nuñez cerró los ojos y se estremeció.



¡¡¡Wok!!!



"¡¡¡Aaaaaaaaaa!!!"



Era como si el golpe la hubiera cortado en dos. El sable de bambú atravesó su vientre como un rayo. Otro golpe fue directo a sus pechos, haciéndola gritar desaforada y retorcerse sobre la cama. Con su cuerpo flagelado, por momentos alzaba la vista para ver si los eslabones de la cadena seguían corriendo gracias a los jalones que daba con sus delgados pero fuertes brazos.



Al grito de "¡Baka!", Akira descargó otro golpe que impactó en la ingle y en los desnudos muslos de la vigilante de malla y capa roja. Magui dio un interminable quejido como el mugido de una vaca. "Duele, ¿no?"



No hacía falta que le responda. El esbelto cuerpo de Magalí temblaba, sus gritos eran débiles quejidos y sus fatigados ojos negros se entrecerraban, invitándola a perder el conocimiento. "No te desmayes..." Se decía, luchando contra ella misma.



"Creo que ahora sí fue suficiente". Dijo el hombre mayor de ojos rasgados. "Qué pena," le acarició suavemente la mejilla con el dorso de la mano, "tan bonita y tan problemática".



Súbitamente, la mirada de Cisne Rojo cambió: ya no tenía los ojos cansados, sino que se enfocaban fijos a un único objetivo, Akira. Él fue el más sorprendido al ver que con el movimiento de su brazo (finalmente libre), la joven y tenaz morocha dirigía la cadena que la aprisionó durante -según lo que ella sintió- una eternidad, y esos duros eslabones fueron directos a su cara. "Ojjk!"



Rápidamente, Magalí enroscó esa cadena en su cuello y lo envió contra ella. El japonés comenzó a luchar y a resistirse contra la chica que lo tenía asegurado detrás suyo, aferrándose de las cadenas y ahogándose en el intento.



Cisne Rojo continuaba su ataque con la espalda del japonés contra su pecho, asegurando la arremetida y sosteniendo los bordes de la cadena con todas sus fuerzas. Ambos jadeando, ambos sudando, pero lógicamente, era Magui quien tenía la ventaja y poco a poco, Akira empezó a claudicar.



"¡Quiero que lo diga! Pida disculpas por haber estafado a tantas personas". Ordenó Cisne Rojo.



"Qqq...perdón..." Akira se desvaneció contra el agitado pecho de la valiente, sexy y fuerte vigilante de largo cabello negro.



"Lo hice...lo hice..." Reflexionó ella, alejando el inerte cuerpo del japonés con un empujón. Se desató las cadenas de sus piernas y su cuerpo tronó de dolor. "Mierda...esto va a doler mañana". Dijo en voz alta. Trastabillando, optó por salir por la ventana sin ser vista. Estaba mareada, apaleada, herida, castigada como nunca antes en su vida, pero satisfecha de algún modo, pues estaba haciendo lo que quería y lo que debía. Esa noche durmió más de la cuenta y luego explicó lo ocurrido a los damnificados, enviándoles la foto del japonés estafador fuera de combate.



El encuentro con Akira le demostró que la vida superheroica es muy peligrosa, y debe estar dispuesta a enfrentarse a duros retos...por supuesto, ella estaba dispuesta a afrontarlos.

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